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El Harén NTR del MC Malvado - Capítulo 179

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179: Capítulo 179: Secreto oculto 179: Capítulo 179: Secreto oculto Sobraban las palabras mientras Ross exploraba cada centímetro del cuerpo de Althea, con un tacto a la vez posesivo y reverente.

Con su 1,70 m de estatura, era solo cinco centímetros más alta que April, la más baja de su harén; sin embargo, tenía un porte tan elegante que la hacía parecer más alta, casi intocable…

como una diosa descendida del cielo.

Cada curva de su cuerpo era una obra maestra, esculpida por las mismísimas manos del destino.

Su rostro era angelical e irradiaba una inocencia que la hacía parecer pura e inmaculada; sin embargo, en sus ojos titilaba algo mucho más profundo: un fuego indómito que solo él podía encender.

Su cuerpo era una tentadora contradicción: suave pero firme, delicado pero fuerte; cada línea y contorno, diseñado para tentar y seducir.

Era la perfección encarnada, el tipo de mujer que podría despertar hasta el sueño más profundo con solo una mirada o un susurro.

Su sola presencia era embriagadora; su belleza, una bendición y a la vez una maldición para cualquiera que posara sus ojos en ella.

Ross sintió cómo su deseo se intensificaba con cada toque, con cada caricia.

Podía devorarla por completo, saboreando su embriagador encanto sin dejar ni un solo rastro.

Era absoluta e irresistiblemente deliciosa y, en ese momento, era solo suya.

Levantó la mano derecha e inclinó suavemente el rostro de Althea hacia arriba; sus dedos rozaron la suavidad de su piel mientras sus miradas se entrelazaban en una conexión tácita.

En ese instante no hacían falta palabras, solo el lenguaje de sus miradas, profundas e intensas, cargadas de emociones que ninguno se atrevía a expresar en voz alta.

El tiempo pareció detenerse mientras se comunicaban en silencio, con sus alientos mezclándose en el aire cargado que los separaba.

Una docena de latidos después, Ross se inclinó y sus labios encontraron los de Althea con un fervor implacable.

El beso no fue suave ni vacilante; estalló con la fuerza de una pasión contenida, arrollador y total.

—Ahhh…

—jadeó Althea en su boca.

Su sorpresa se disolvió en rendición mientras Ross la reclamaba por completo.

—Mmm…

—gimió ella suavemente.

Su voz sonaba ahogada por el beso y su cuerpo se inclinó instintivamente hacia él.

No había delicadeza en el proceder de Ross; era pura hambre desenfrenada.

Sus labios se movieron contra los de ella con un dominio autoritario, succionando, mordiendo y provocando de una forma que la dejó sin aliento.

Su lengua se adentró más, explorando la boca de ella como si estuviera decidido a aprender cada detalle, cada secreto oculto.

Era implacable; su fervor, un fuego consumidor que la dejó temblando en sus brazos.

Mientras el beso se intensificaba, las manos de Ross se deslizaron hasta la cintura de ella con practicada facilidad; la sujetó con firmeza pero con cuidado y la levantó sin esfuerzo.

Althea se sintió ingrávida en sus brazos, como si ese fuera su lugar, acunada contra él.

Él la presionó contra la pared, y la fría superficie envió un escalofrío a través de su acalorado cuerpo, intensificando la conexión entre ellos.

Atrapada entre el cuerpo de él y la pared, Althea se sintió completamente a su merced; sin embargo, no sintió miedo, solo una embriagadora emoción que le aceleró el pulso.

Los labios de Ross no se apartaron de los de ella y continuaron su asalto como si no pudiera saciarse, mientras sus manos recorrían posesivamente sus curvas.

Su deseo era crudo, casi primario, y encendió algo en lo profundo de su ser: una necesidad que igualaba la de él, arrastrándola a la tormenta de su pasión.

Sus movimientos eran firmes pero deliberados, asegurando su comodidad incluso cuando su mano sostenía su peso como si estuviera hecha de aire.

El firme agarre de su brazo alrededor de la cintura de ella la anclaba a él, mientras que su tacto hablaba tanto de fuerza como de contención.

Ross se inclinó una vez más y sus labios volvieron a la piel de ella, pero esta vez con una nueva ternura que contrastaba con el fervor anterior.

Comenzó a dejar un rastro de besos suaves y fugaces por el hermoso rostro de Althea.

Cada beso era deliberado y depositado con reverencia: la curva de su nariz, el delicado arco de sus pómulos, la suavidad de su barbilla, la tersa extensión de su frente.

Era como si la estuviera memorizando, adorándola a su manera silenciosa, antes de volver a sus labios, donde se demoró con un beso profundo, lento y lleno de promesas tácitas.

Los brazos de Althea se apretaron a su alrededor e, instintivamente, sus piernas se enroscaron en la cintura de él, atrayéndolo más.

La íntima presión de sus cuerpos le provocó un escalofrío, e incluso a través de la gruesa tela vaquera de sus pantalones, pudo sentir el bulto duro e insistente contra ella.

Al darse cuenta, el calor le inundó las mejillas, se le entrecortó la respiración y el corazón le retumbó en el pecho.

Se aferró a él, con los dedos clavados en su camisa, mientras su cuerpo respondía al de él de formas que no podía controlar.

Sus muslos se apretaron a su alrededor y su cuerpo se pegó más a él en una súplica inconsciente por más.

La sensación era embriagadora, abrumadora, y sintió como si se estuviera fundiendo en él por completo.

Si se hubiera atrevido a mirar hacia abajo, habría visto la prueba innegable de su deseo: su erección, que presionaba audazmente contra la tela de sus vaqueros, luchando por liberarse.

La gran cabeza de su polla ya asomaba hacia arriba, en dirección a su ombligo.

El calor entre ellos crecía a cada instante, la tensión era densa y eléctrica, como si el propio aire soportara el peso de su anhelo.

Los labios de Ross encontraron de nuevo los de ella, el beso se profundizó y, en ese instante, fue como si no existiera nada más en el mundo salvo ellos dos.

El gemido de Althea se hizo más profundo, un «Ohhhhhh…» que resonaba con el placer en estado puro que recorría su cuerpo.

Durante cinco minutos de pura dicha, Ross se tomó su tiempo, deleitándose en unos preliminares lentos pero meticulosos; su tacto y atención estaban tan centrados que la dejaron temblando de anticipación.

Sus manos recorrieron con esmero las curvas de su cuerpo, memorizando las líneas de su figura, tal y como había hecho con los contornos de su rostro.

Sus labios se movieron con precisión, provocando y tentando mientras pintaba senderos de calor sobre la sensible piel de ella.

Cuando los labios de Ross llegaron a las orejas de ella, depositó suaves besos a lo largo de su delicada curva antes de que su lengua saliera disparada para juguetear con el lóbulo.

—Mi amor…

ohhhhh…

—gimió Althea.

La sensación le envió descargas de placer por la espina dorsal, arrancando de sus labios gemidos más fuertes y entrecortados.

Se detuvo allí un momento, con su cálido aliento rozándole la piel, antes de descender y encontrar su cuello con la boca.

***
¡Un enorme saludo y agradecimiento a ddecoen, Danny_Back y Hatchet666 por los regalos!

¡Son increíbles!

¡Gracias!

^_^

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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