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El Harén NTR del MC Malvado - Capítulo 192

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192: Capítulo 192: Confrontación 192: Capítulo 192: Confrontación De lo que Althea no se daba cuenta era de que su transformación ya había comenzado.

La corrida anterior de Ross había hecho más que saciar sus deseos; la había alterado fundamentalmente.

Como las otras mujeres del harén de Ross, ahora era prácticamente inmortal, con su cuerpo potenciado para resistir el paso del tiempo y obtener superfuerza, invulnerabilidad y más.

La incomodidad y el dolor que una vez pudo haber sentido se habían desvanecido, reemplazados por una interminable ola de euforia.

La sensación era indescriptible.

Cada nervio de su cuerpo ardía de placer y cada movimiento la sumergía más en una dichosa bruma.

Empezó a cabalgarlo, con un ritmo lento y deliberado al principio, moviendo las caderas con una soltura experta mientras se adaptaba al tamaño de él.

«Ohhhhhhhhh…».

Los gemidos de Althea llenaron la habitación, sensuales y desenfrenados, y resonaron en las paredes como música.

Mantenía los pies firmemente plantados en el suelo, lo que le daba impulso mientras se movía arriba y abajo a lo largo del miembro de él, con las manos aferradas a sus fuertes muslos para mantener el equilibrio.

Estaba completamente perdida en el momento, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos entrecerrados por el éxtasis.

Alzó la mirada y la clavó en Robin y los demás, que permanecían inmóviles, con los ojos fijos en cada uno de sus movimientos.

Sus expresiones iban desde el asombro hasta una excitación apenas contenida, y sus cuerpos delataban sus pensamientos a pesar del agotamiento que habían sentido antes.

Althea sonrió con superioridad entre jadeos, con una mezcla de satisfacción y picardía danzando en sus ojos.

—¿Disfrutando de las vistas, chicos?

—bromeó, con la voz rebosante de una sensual confianza.

Sus movimientos se aceleraron y los sonidos húmedos de su unión llenaron el aire, interrumpidos por los gemidos ocasionales de aprobación de Ross.

Las manos de él se posaron en las caderas de ella y la sujetaron con firmeza mientras comenzaba a guiar su ritmo, con sus cuerpos moviéndose en perfecta armonía.

Ross se reclinó ligeramente, con sus oscuros ojos fijos en ella con una intensidad que le aceleró el corazón.

Había orgullo en su mirada, de ese que nace al saber que ella era suya, total y absolutamente.

Pero también había un desafío en ella, un reto tácito para que fuera aún más lejos, para que superara sus propios límites.

Althea no era de las que se echan para atrás.

Su ritmo aumentó, y sus caderas se disparaban hacia delante mientras lo cabalgaba con más fervor, con los pechos rebotando a cada movimiento.

El sudor relucía en su piel, capturando la tenue luz y haciéndola parecer una diosa en pleno arrebato de pasión.

Robin y los demás solo podían observar, con la respiración entrecortada y los cuerpos en tensión.

La actuación de Althea era sencillamente fascinante, una clase magistral de seducción y dominio.

Su mirada se desvió de nuevo hacia Ross y su voz se convirtió en un susurro ahogado.

—Das tanto gustito, Ross… No creo que me canse nunca.

Los labios de Ross se curvaron en una sonrisa de superioridad y respondió con un gruñido grave: —Entonces no pares, amor.

Demuéstrales por qué eres mía.

Sus movimientos se volvieron aún más desesperados y su cuerpo temblaba por el esfuerzo mientras perseguía su orgasmo, con la pura intensidad del momento consumiéndola por completo.

Ya no se limitaba a montar un espectáculo; aquello era pasión pura, sin filtros, y quería que todos lo supieran.

Y lo supieron.

Todos en la sala estaban cautivados, incapaces de apartar la vista del espectáculo de Althea, que reclamaba su placer con un fervor descarado que los dejaba atónitos.

«Ohhhhh…».

«Ohhhhh…».

«Ohhhhh…».

Los gemidos de Althea llenaban la habitación y reverberaban en las paredes mientras seguía cabalgando a Ross con un fervor implacable.

Su cuerpo relucía de sudor y cada uno de sus movimientos era una fascinante muestra de sensualidad.

Se echó un poco hacia atrás y paseó las manos por sus pechos, amasando y jugueteando con sus sensibles pezones, mientras sus labios se entreabrían en una sonrisa seductora.

Su mirada se dirigió fugazmente a Robin y a los cámaras, cuyos rostros estaban sonrojados por una renovada excitación a pesar de su anterior agotamiento.

Mordisqueándose el labio inferior de forma juguetona, Althea se aseguró de montar un buen espectáculo.

Sabía exactamente cómo cautivar a su público; cada movimiento era deliberado y provocador.

Sus caderas se movían en una danza perfecta, restregándose contra Ross y arrancándole unos gruñidos guturales que no hacían más que incitarla.

El calor en la habitación era palpable y la tensión llegó a un punto de ebullición cuando la voz de Althea se abrió paso entre los ruidosos y dulces sonidos de gemidos y jadeos.

—¡Ross!

¡Me estoy corriendo otra vez!

—exclamó, con la voz temblorosa por la expectación.

—¡Y va a ser uno de los buenos!

Su declaración provocó una oleada en la habitación, aumentando la intensidad del momento.

Ross le agarró las caderas con firmeza, y su sonrisa de superioridad se convirtió en un gruñido de satisfacción mientras embestía hacia arriba, yendo al encuentro del descenso de ella.

Chof.

Chof.

Chof.

«¡Ahhhhhhrrrrrgggggffffff!».

El clímax fue simultáneo y explosivo.

Althea echó la cabeza hacia atrás y todo su cuerpo tembló mientras una oleada de placer tras otra la recorría.

Ross se corrió en lo más profundo de ella, apretándola con más fuerza mientras gemía su nombre.

Ni siquiera Robin y los cámaras pudieron resistirse a la pura energía erótica.

Robin llegó al clímax sin ni siquiera tocarse, traicionado por su propio cuerpo, mientras que los cámaras hicieron lo propio, con la respiración entrecortada mientras se esforzaban por comprender lo que acababa de ocurrir.

Por un momento, la habitación quedó en silencio; los únicos sonidos eran sus pesadas respiraciones y el leve zumbido de la cámara, que seguía grabando.

Althea se desplomó contra el pecho de Ross, con el cuerpo tembloroso y exhausto, pero ella aún no había terminado… y él tampoco.

Ross la levantó sin esfuerzo, con su fuerza aparentemente ilimitada, y la giró.

La guio hacia la pared, apretando las palmas de sus manos contra ella.

Althea jadeó y su cuerpo se arqueó instintivamente mientras él se colocaba detrás de ella.

—Manos arriba, amor —ordenó Ross, con voz grave y ronca, provocándole un escalofrío por la espalda.

Ella obedeció sin dudar, abriendo las piernas mientras su cuerpo pedía más a gritos.

Ross la penetró de una sola y potente embestida, y Althea gritó, con su voz resonando aún más fuerte que antes.

Su ritmo era despiadado; cada embestida la empujaba contra la pared y sus pechos se apretaban contra la fría superficie mientras su cuerpo se rendía a él.

Se perdió por completo en las abrumadoras sensaciones, con la mente en blanco a excepción del placer que la recorría.

Los minutos se convirtieron en media hora mientras Ross la tomaba de esa manera, y sus gemidos y gritos se intensificaban con cada momento que pasaba.

Le temblaban las piernas y amenazaban con fallarle, pero el firme agarre de Ross en sus caderas la mantenía en pie.

—Ross… No puedo… ¡Oh, dios, me estoy corriendo otra vez!

—¡Rooooossssssssssss!

—gritó Althea, mientras su cuerpo se convulsionaba y otro orgasmo demoledor se apoderaba de ella.

Pero la noche estaba lejos de terminar.

***
¡Un enorme reconocimiento y agradecimiento a ddecoen y Danny_Back por los regalos!

¡Son increíbles!

¡Gracias!

^_^

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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