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El Harén NTR del MC Malvado - Capítulo 282

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Capítulo 282: Capítulo 282 Puerta Secreta

—¿Por qué Althea es la única que se quedó embarazada, Ross? Te acuestas con todas nosotras cada noche —preguntó Sophia, con la voz cargada de un deje de curiosidad y confusión mientras se incorporaba en la cama.

Las sábanas apenas cubrían su cuerpo, y su cabello alborotado enmarcaba su rostro mientras miraba a Ross.

La mayoría de las otras mujeres todavía estaban medio dormidas, pero la pregunta de Sophia tuvo un efecto electrizante. Una a una, las demás se removieron, y sus expresiones somnolientas se avivaron con intriga.

La pregunta quedó flotando en el aire, atrayendo la atención como un imán.

Ross, recostado despreocupadamente contra el cabecero, sonrió de lado. Alargó el brazo para acercar a Sophia, rozando su mejilla con los dedos como para disipar la intensidad de su pregunta.

—Ya os lo he dicho antes —dijo él, con voz suave, incluso burlona.

—No voy a dejar embarazada a ninguna de vosotras por accidente. Althea quería un bebé, y por eso ahora está embarazada. Es así de simple.

Sophia entrecerró los ojos, claramente poco convencida.

—Mmm… Eso me sigue sonando raro. ¿Estás tomando algún tipo de droga prohibida o algo así? Porque, seamos realistas, lo que tú haces… no es exactamente normal. Y si es así, no es sano para tu cuerpo, Ross.

—Tiene razón —añadió April, irguiéndose sobre un codo al otro lado de la cama. Su pelo desordenado y sus ojos somnolientos no lograban ocultar su curiosidad—. Nos follas toda la noche, cada noche, y de alguna manera parece que nunca se te acaba la energía. Es casi antinatural.

Ross rio entre dientes, negando con la cabeza.

—¿Drogas prohibidas? ¿En serio? ¿Creéis que necesito eso? —preguntó. Su tono era divertido, pero había un brillo en sus ojos mientras miraba a las mujeres que lo rodeaban.

—Me ofende que siquiera lo sugiráis. Esto es totalmente natural, chicas. Lo que estáis presenciando es el resultado de una técnica que aprendí de un maestro oculto.

La habitación quedó en silencio por un momento mientras las mujeres intercambiaban miradas, con la curiosidad ahora totalmente despierta.

Sophia se inclinó más, con una expresión entre escéptica e intrigada.

—¿Un maestro oculto? ¿Lo dices en serio?

Ross asintió, y su sonrisa de lado se ensanchó mientras se preparaba para adornar su historia con puras mentiras.

—Totalmente. Hace mucho tiempo, cuando estaba de viaje, me encontré con un anciano pidiendo comida en la calle. Parecía que había tocado fondo, pero me dio pena, así que le di algo de comer. Resulta que no era solo un mendigo. Era un maestro oculto que guardaba un conocimiento secreto que esperaba transmitir a alguien digno.

April enarcó una ceja. —¿Y ese alguien eras tú?

Ross se encogió de hombros, fingiendo modestia. —¿Qué puedo decir? Soy un imán para el destino.

Las mujeres a su alrededor parecían divididas entre la incredulidad y la fascinación. Althea, que seguía tumbada a su lado, apoyó la barbilla en las manos, con los ojos chispeantes de diversión.

—Entonces, ¿qué te enseñó exactamente ese «maestro oculto»?

Ross se reclinó, cruzando los brazos por detrás de la cabeza.

—Me transmitió una técnica perdida; algo antiguo, poderoso y prácticamente olvidado. Me permite controlar ciertos… aspectos de mí mismo. Cosas como la resistencia, la precisión y, bueno… si dejo o no pequeñas sorpresitas.

La habitación estalló en carcajadas, aunque la intriga persistía en el aire.

Sophia negó con la cabeza, aunque una sonrisa asomaba a sus labios.

—Vale, claro, eso suena como algo sacado de una película. Pero, sinceramente, explica muchas cosas. Eres el único hombre que he conocido que puede aguantar como tú. Es una locura.

April se rio, lanzándole una almohada a Ross.

—Tienes suerte de que estemos todas coladitas por ti, o probablemente te recriminaríamos lo ridícula que suena esa historia.

Ross atrapó la almohada sin esfuerzo, sonriendo ampliamente mientras miraba al grupo.

—Ridículo o no, es la verdad. Y, sinceramente, ¿acaso importa? Estáis todas aquí, felices y satisfechas, ¿verdad?

Althea extendió la mano para entrelazar sus dedos con los de él.

—«Feliz» se queda corto —dijo ella suavemente, con la voz llena de cariño.

Las otras mujeres asintieron, y sus bromas se desvanecieron para dar paso a la calidez mientras miraban a Ross.

—Está bien, de acuerdo —concedió Sophia, recuperando su tono juguetón—. Nos tragaremos tu historia, por ahora. Pero no creas que no seguiremos haciendo preguntas.

Ross se rio, atrayéndola hacia sus brazos.

—Preguntad todo lo que queráis, pero no creo que os decepcionen las respuestas… ni ninguna otra cosa, para el caso.

La conversación acabó derivando hacia temas más ligeros, pero las mujeres no podían evitar lanzar miradas furtivas a Ross, con una curiosidad y admiración por él que crecían aún más.

Para ellas, él seguía siendo un enigma: un hombre que desafiaba las expectativas y las mantenía continuamente en ascuas de las formas más emocionantes.

El día de clases, un ritmo monótono de lecciones y conversaciones susurradas, finalmente concluyó.

Un mar de guardaespaldas, una silenciosa e imponente ola de protección, fluyó alrededor del grupo mientras salían de los venerables pasillos.

Pasearon por los cuidados jardines, un paisaje meticulosamente mantenido que reflejaba las vidas cuidadosamente construidas que llevaban.

Les esperaba una suntuosa cena, repleta de platos exóticos y vinos finos, cuyos suculentos sabores y el tintineo de la platería reflejaban el opulento entorno.

Mientras el sol descendía, pintando el cielo con tonos de naranja intenso y púrpura profundo, se dirigieron a casa, y un suspiro colectivo de satisfacción se escapó de sus labios.

Eran una fuerza poderosa, una unidad cuidadosamente seleccionada, y la noche prometía más de lo mismo.

Ross, anticipando la lasciva reunión nocturna con su harén, sintió la familiar emoción de la expectación recorrerlo.

¡DING!

Ross recibió un mensaje de texto.

«¿Puedes venir a mi habitación antes de dormir esta noche, por favor? Tengo algo que quiero decirte». El mensaje, simple pero cargado de implicaciones tácitas, era de la única virgen que quedaba en su exclusivo círculo, una chica famosa por su energía desbordante y su espíritu alegre.

La sonrisa de Ross se ensanchó. Tuvo una premonición, una certeza que se instaló en lo más profundo de su ser, de qué se trataba aquello exactamente.

Un calor familiar, una oleada de excitación, se encendió en su interior, y no pudo reprimir el silbido bajo y feliz que se escapó de sus labios mientras componía su respuesta.

«Estoy en camino», tecleó, con palabras que llevaban promesas tácitas y un toque de expectación. El aire crepitaba con una tensión muda, una energía silenciosa que insinuaba que algo importante estaba a punto de desarrollarse.

Sabía que esa noche sería diferente. La rutina cuidadosamente orquestada estaba a punto de interrumpirse, y no podía esperar a ver qué secretos se escondían tras la puerta cerrada de su habitación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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