EL HIELO DE LA REINA - Capítulo 74
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74: 73.
Capturar la bandera 74: 73.
Capturar la bandera —Aunque hayas sido protegido y recomendado por la reina, no quita el hecho de que vienes con retraso.
Aquí no tendrás privilegios —agregó el que se encontraba al lado de Lord Uxío en tono altivo y molesto.
Seguido de esto, también se marchó hacia otro lugar del campo.
—No te preocupes por él.
Es el capitán de los caballeros, Sir Neilos.
Es muy estricto y difícil de tratar, pero se preocupa por sus caballeros y los hombres bajo su mando.
Has faltado, pero era para recuperarte y veo que ahora estás mejor.
—Sí, señor.
Ya estoy listo para realizar cualquier tarea que me coloquen.
—Esa es una buena actitud.
Entonces te diré que hoy tendremos una lucha por equipos.
Puedes hacer lo que quieras y disponer de las armas que tenemos.
Y por lo que veo, ya no necesitas de una armadura.
Así pasaron varios minutos antes de que Lord Uxío los llamara.
Había terminado de hacer todos los ejercicios y sus calentamientos.
En total había treinta candidatos a la marcha sangrienta.
No sabía cuántos serían los escogidos, pero para una misión como esa no era prudente que fueran más de veinte personas, aunque eso lo decidía la reina Melania.
Varios caballeros empezaron a clavar unas banderas en posiciones contrarias, una de color rojo y otra de color azul, como instrumentos para el entrenamiento que se estaba por realizar.
—Ahora formaremos grupos de igual cantidad y jugaremos a capturar la bandera del equipo contrario —dijo Lord Uxío, mientras sostenía una espada en sus manos—.
Y lo haremos con armas de madera.
No queremos que nadie muera, ni que maten a otros y para hacerlo más interesante, ustedes también llevarán una pequeña bandera sujetada a su cinturón y quedarán eliminados si logran quitársela.
Por supuesto, habrá premios para el equipo ganador.
Hercus había estado practicando toda su vida, ahora se convertía en un ejercicio para ver sus capacidades.
Las últimas palabras de Lord Uxío motivaron a todos los presentes.
Después de haber formado los grupos y que cada uno hubiera tomado sus armas y escudos de madera, se encontraban listos para iniciar.
Quince guerreros de cada lado esperaban la señal para lograr obtener la posesión del equipo rival.
Los únicos que reconocía eran Godos y Arcier, que habían quedado en el lado contrario.
La expresión de todos era poco amistosa; más que guerreros, eran criminales que usaban sus habilidades para poder sobrevivir en este mundo dominado por la nobleza y la realeza.
—No se metan en su camino —mencionó uno de los que estaba a su lado.
Un hombre con barba y dientes amarillos —.
Nosotros tomaremos esa bandera.
—El extraño soltó rugidos como si fuera un animal rabioso y otros se le unieron en su bullicio.
—¡Comiencen!
—exclamó Lord Uxío, dando la señal para iniciar el combate y solo se vieron las feroces pisadas en la nieve de los que salieron corriendo como animales salvajes sin ningún control.
Eran como osos pardos en el norte.
—Esos tipos son muy tontos —le dijo el único que quedó con Hercus y no salió a combatir —.
No dejaron a nadie custodiando la bandera, si no fuera por nosotros entonces…
El hombre dio un paso hacia delante y chocó su lanza con la de un miembro del otro equipo.
Lo tumbó y le quitó su banderín, descalificando al atacante.
—Si no fuera por nosotros, ya hubiéramos perdido porque ese sujeto ya habría tomado nuestra bandera.
—Él desconocido se acercó a Hercus y extendió su mano en forma de saludo—.
Mucho gusto, mi nombre es Warren, ¿cuál es el tuyo, apuesto guerrero?
—preguntó de forma divertida y alegre.
Llevaba unos pantalones marrones más claros y una armadura ligera de igual color, parecida a la suya, y su cabello era de un ligero tono rubio.
—Hercus.
—Vaya, parece que no eres muy hablador.
No te preocupes, estamos del mismo equipo.
—Cerró uno de sus ojos mientras el otro lo dejaba abierto y señaló su gallardete rojo—.
Pero mira, no somos los únicos que quedamos atrás.
Warren extendió su mano y apuntó con el dedo hacia la dirección de la bandera azul, en la cual había dos encapuchados que la protegían.
—Esos sujetos me dan mala espina, durante los días que hemos estado practicando no se han quitado esas capuchas…
Deben ser muy feos y ocultan su rostro para que no veamos su horrible cara.
Warren echó a reír y le dio un pequeño golpe en el hombro a Hercus.
Pasaron varios minutos de lucha, pero al final solo quedaron Arcier, Godos y los dos encapuchados del equipo contrario.
A los demás les habían quitado su banderín.
El rubio se acercó y se plantó frente a ellos, in tener ninguna arma, solo sus manos.
—Bueno, ya solo quedamos nosotros.
Es hora de mostrar nuestras habilidades, Hercus.
La expresión de Warren cambió en un instante y se tornó seria.
Empezó a correr, por un lado de Godos, y se colocó detrás de él.
A la hora de luchar era muy estratégico, por lo que ahora tenía que defender por ambos lados.
El robusto hombre se colocó a medio lado para tener mejor visión de ellos.
Warren arremetió contra Godos, pero en cuestión de fuerza se vio obligado a retroceder.
Arcier se acercó a Hercus para tomar su gallardete o arrancar la vadera grande, que estaba clavada en suelo.
Hercus sabía que era muy ágil y rápido dada su contextura delgada.
Sin embargo, logró someterlo y le quitó su testigo.
Se aprestó para ir a ayudar a Warren, que no podía contra el gigante Godos.
—Caíste —dijo Warren al ver como al momento en que él atacó, Hercus también lo hizo y estuvo a punto de quitarle la grímpola.
Pero la enorme mano de Godos la cubrió con rapidez, impidiendo que Hercus lograra arrancársela del cinturón y le lanzó un golpe con su mano libre, la cual bloqueó con el escudo y fue impulsado hacia atrás.
—Eso estuvo cerca, ya casi es nuestra.
No contábamos con sus reflejos —comentó Warren a la espalda de Godos —.
Bien, ¿qué haremos ahora?
¿Cuál sería la mejor forma de acabar con un rival de este estilo?
Pensó Hercus.
Era más grande y fuerte ellos.
Tan solo un golpe directo podría dejarlos bastante lastimados.
—Hay que evitar recibir cualquier golpe directo.
Usaremos tu agilidad y mi fuerza —dijo Hercus, liderando a Warren, quien se dispuso a atacar.
Ambos atacaron y lograron darle golpes a Godos, quien se vio obligado a tomar posición defensiva.
Hercus anticipaba los movimientos del fornido guerrero y se enfrentó cuerpo a cuerpo, haciendo uso de sus atributos físicos.
—Ahora —dijo Warren en medio de la pelea y golpeó a Godos con tanta fuerza que su arma se rompió.
Así, para defenderse del feroz ataque, Godos descuidó a Hercus unos instantes y le lanzó un golpe tardío, que esquivó haciendo un giro.
Se impulsó dando un salto y le dio un fuerte ataque con el codo en la parte trasera de la cabeza, provocando que cayera sobre sus rodillas y luego su cuerpo completo hasta el suelo.
Por último, le quitaron su gallardete.
—Eso fue increíble, somos un gran equipo, Hercus —dijo Warren, emocionado.
Hercus asintió con la cabeza.
Había resultado más fácil derrotarlo con la ayuda de Warren, ya que se habían coordinado bastante bien.
En medio de la pelea, percibió una punzada dolorosa en su corazón.
Pero que se pasó al instante.
—Bueno, solo restan los dos encapuchados…
Veamos qué son capaces de hacer, y por si alguna razón me logra vencer.
Al menos, me llevaré a uno de ellos, así que te encargo al otro —dijo Warren, mientras empezaba a caminar hacia donde estaba la otra bandera.
—Espera…
—Hercus le arrojó una lanza y Warren la sostuvo con una de sus manos—.
Llévate esa.
Hercus vio como Warren afirmaba y salió corriendo.
Al llegar donde estaban los dos últimos miembros del equipo azul, los atacó sin mediar palabra.
Los encapuchados se movieron con destreza y esquivaron todos los ataques de Warren, quien se vio obligado a retroceder por la presión que le generaban.
Se vieron envueltos en un combate de gran nivel de ida y vuelta.
Los encapuchados resultaron ser bastante buenos, sus movimientos y técnicas eran de alguien experimentado.
Después de varios minutos de lucha, lograron derribar a Warren y le quitaron su banderín.
Pese a esto, él solo se echó a reír y levantó su mano derecha con una grímpola azul.
También había descalificado a uno de ellos, que no se había percatado de que el intrépido rubio logró robársela antes de caer vencido.
—¡Te lo dije, Hercus, uno de ellos caería conmigo!
—exclamó Warren con emoción.
Tal como lo había dicho, logró dejarlo en combate con uno de los encapuchados que habían mostrado una increíble habilidad en batalla.
Hercus y su rival se acercaron a la mitad del campo y cuando estuvieron cerca, el encapuchado extendió su espada y la dejó caer al suelo.
Entendió lo que quería; le estaba invitando a una pelea sin armas, solo con los puños.
Como buen guerrero, no pudo negarse al desafío y dejó caer la espada y el escudo de madera mientras caminaba.
Estando frente a frente, vio como el puño del extraño se acercaba a su rostro, el cual esquivó y devolvió un golpe que también fue esquivado, por el contrario.
Así continuaron por varios minutos donde ninguno lograba asestar un ataque.
Y ahora, no solo lanzaban golpes con las manos, sino también con los pies.
Sin duda, el encapuchado era alguien que sabía utilizar cada extensión de su cuerpo.
Mas, logró agarrar el brazo izquierdo con su mano derecha y con la que tenía libre golpeó el abdomen, provocando que se escuchara un pequeño quejido.
Habiendo logrado agitarlo, ya que estaba en fase de terminar su recuperación, debía acabar con este enfrentamiento lo antes posible, si no quería estar en desventaja.
Hercus se acercó, pero el encapuchado saltó hacia atrás, se apoyó con las manos en el suelo y dirigió su pierna hacia su rostro.
Pudo amortiguar el golpe uniendo sus dos brazos de forma entrecruzada.
Si no lo hubiera hecho, habría terminado en mal estado.
Esa había sido una gran maniobra que había realizado.
Arremetió contra el encapuchado en un nuevo intento de terminar el combate y con su cuerpo derribó al adversario, golpeándolo contra el suelo.
Colocó su mano izquierda encima del torso del encapuchado, evitando que se moviera.
Al hacerlo, percibió algo suave que se hundía a medida que ejercía fuerza.
Sin prestarle atención a esto último, levantó su otro brazo listo para golpear el rostro del guerrero, pero el viento movió un poco el gorro y la cara de uno de los tapados quedó al descubierto frente a él.
Sus oscuras pupilas se dilataron al verlo.
—Tú…
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