El Hombre Olvidado por el - Capítulo 24
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Capítulo 24: La decisión del caído
La batalla comenzó y podían escucharse los golpes del príncipe de los elfos y el jefe de la prueba por toda la zona. Estos estaban dando todo de sí en la batalla. Podía oírse la carne partirse y los huesos crujir al compás de la batalla. Los edificios eran destruidos con cada movimiento y estallido de fuerza que generaba la batalla, pero Vaelthar no tenía tiempo para jugar contra el jefe, él debía derrotarlo rápidamente para que sus compañeros y él mismo pasen esta prueba, así sacando su espada para empezar a atacarle con magia élfica imbuida en la espada, dejando notar a los espectadores y participantes que él era un espadachín mágico y un guerrero de combate, podía usar magia, armas y sus puños, un guerrero perfecto casi sin debilidades. Usando Alucard la sangre de sus monstruos caídos para generar una espada flotante, la cual lanzaba contra Vaelthar a gran velocidad, deteniéndola este en el aire con el filo de su espada, pero el arma de Alucard traspasó el arma de Vaelthar al ser líquido, podía solidificarse y volver a ser líquido con la voluntad de Alucard, teniendo que esquivar lo más rápido posible el corte de la sangre afilada de Alucard, terminando con una herida en su pecho bastante profunda, pero aprovechando que el arma salió volando en dirección opuesta, se lanzó contra Alucard, el cual ya lo esperaba, golpeando su rostro con un puñetazo al confiado Vaelthar, que sin dudar se lanzó contra Alucard pensando que estaría en desventaja sin su arma.
Alucard: —Eres muy confiado y descuidas tu cuerpo, a este paso tú y tus compañeros van a morir.
Vaelthar en ese momento le dio una parada en el estómago a Alucard, levantándolo en el aire para así dar un golpe al suelo, levantándose de golpe en el aire para girar y darle una patada en la nuca, mandándolo a estrellarse contra un edificio, no notando que Alucard mandó la cuchilla de sangre nuevamente contra él, cortando su espalda violentamente mientras este se reía de él y giraba la cuchilla para dividirla en pedazos más pequeños, lanzándolos contra Vaelthar, el cual apenas podía cubrirse, siendo cortado por todos lados mientras su padre miraba frustrado y su madre no podía mirar esto, al igual que su raza, estaban mirando impotentes esta escena, pero se sorprendieron ante la llegada de un ataque empleado con magia por sus compañeros, los cuales salieron a ayudar a su líder, atacando a Alucard con todas sus fuerzas, lastimándolo al usar las estrategias que él mismo empleó en las otras pruebas, a su vez que era curado por los druidas, empezando a derrotar así a Alucard, siendo los enanos y dragones los primeros en la vanguardia, recibiendo golpes y devolviéndolos de igual manera, mientras las hadas van a toda velocidad para cortar y lastimar a Alucard, dañándose en el proceso al ser Alucard tan resistente, empezando a caer lentamente en la batalla, sonriendo Vaelthar al creer que esta batalla estaba ganada y disculpándose con sus compañeros por ir solo a luchar sin pensar en ellos.
Vaelthar: —Perdón por ser un mal líder… por mi casi perdemos todos…
Druida: —No culpes a un árbol doblado solo por querer alcanzar el sol, solo ve y ayúdalo a enderezar su camino hacia el mismo.
Vaelthar: —Chicos…
Dragón joven: —Tienes honor al enfrentar a un enemigo solo en pos de proteger a tus compañeros y eso lo respetamos los dragones.
Enano novato: —Por ello tenemos que demostrar que podemos pelear o quedaremos en vergüenza frente a nuestras razas.
Luego de estas palabras, todos empezaron a pelear contra Alucard mientras Vaelthar los guiaba, no como un simple guerrero, sino como su líder y estratega, estando a nada de ganar, solo necesitaban un golpe más, lanzándose así Vaelthar a cortar la cabeza de un mal herido Alucard, pero este simplemente sonrió, tomando la espada de Vaelthar fácilmente y mirándole con frialdad.
Alucard: —El juego se acabó, niño, es hora de pelear en serio…
Con estas palabras, este lanzó a Vaelthar violentamente contra un edificio mientras Alucard dio un rugido gutural que sacudió la realidad cuando la entidad oscura comenzó su transformación. La sangre del firmamento se condensó en remolinos de sombras vivientes que se enredaron en su cuerpo, moldeándolo en algo aún más aterrador. Su silueta se expandió y distorsionó, como si el abismo mismo estuviera reclamando su forma.
Sus brazos se multiplicaron en un frenesí caótico, emergiendo de su espalda como extremidades de un dios olvidado, cada una afilada como guadañas y vibrando con un poder indescriptible. Sus dedos, largos y retorcidos, despedían un fulgor necrótico, dejando un rastro de distorsión en el aire.
Su cabello, antes solo una maraña de sombras, se transformó en un torbellino de tentáculos negros que latían con vida propia, como si su propia existencia estuviera en constante agonía.
Su torso se alargó y sus músculos adquirieron una consistencia oscura, casi líquida, como si la carne no pudiera contener la abrumadora energía que ardía en su interior. Un manto de negrura lo cubría, y en su pecho un orbe carmesí palpitaba con el ritmo de una estrella moribunda, iluminando su figura con un resplandor maligno.
La realidad se rompía a su alrededor con cada movimiento. Cada pisada deshacía la tierra bajo sus pies, y el aire mismo se convertía en un eco de lamentos. Con cada nuevo par de ojos que se abrían en su rostro deforme, se sentía como si el universo entero estuviera siendo observado por una entidad que nunca debió existir.
La transformación culminó con un grito desgarrador que se extendió por el vacío, como el último susurro de un mundo condenado. Ahora, frente al guerrero dorado, se alzaba un titán de oscuridad, una aberración divina cuya sola presencia hacía temblar la realidad.
Vaelthar quedó temblando en el suelo de la impotencia ante un ser de semejante poder, el cual, luego de transformarse, ascendió de nivel barrial alto a nivel Terrenal medio, usando su gran y poderosa aura para generar un terror inconmensurable, haciendo creer a todos que este se ha convertido en un dios que los podría matar de un chasquido, empezando a derrotar y golpear violentamente a todos los compañeros de Vaelthar mientras este solo podía ver este resultado, agonizando en el suelo, queriendo hacer algo, pero no es algo que sepa lograr, es un poder que los elfos despiertan, pero cuesta controlar, él lo tiene debido a su linaje, pero no sabe usarlo, pero aun así:
Vaelthar: —Quiero pelear… quiero ayudar… por favor quien sea… dame fuerzas…
Fue así como la espada que él portaba empezó a brillar en un resplandor dorado, lanzándose contra Vaelthar mientras este la tomaba en sus manos, brillando de forma resplandeciente y sin igual, haciendo que todos vieran lo impensable, un nuevo guerrero élfico nació, el príncipe a una edad temprana logró alcanzar el estado de Guerrero Élfico, despertando así el alma de su propia arma.
El aire vibraba con una tensión insoportable mientras las sombras se alzaban en el horizonte, retorciéndose como un océano de tinieblas. En el centro del campo de batalla, su silueta ardía con un resplandor dorado que rasgaba la penumbra. La armadura, una obra maestra celestial, irradiaba luz como si contuviera el mismo fuego de los dioses. Placas esculpidas con detalles intrincados cubrían su cuerpo con una majestuosidad inquebrantable, reflejando la esencia de la guerra y la divinidad en una sola forma. Su capa flotaba como si desafiara la gravedad, arrastrando consigo chispas doradas que se desvanecían en el aire.
En su mano, una espada de energía pura emanaba calor y poder, vibrando con una fuerza primigenia. Cada centímetro de la hoja estaba envuelto en fuego sagrado, sus llamas retorciéndose en un fulgor iridiscente que amenazaba con devorar todo a su paso. La luz se curvaba a su alrededor, danzando en espirales de oro que trazaban su presencia en la realidad misma. Su cabello, antes de un tono pálido, brillaba con la intensidad de una estrella recién nacida, y su mirada, oculta tras la penumbra de su casco divino, era un abismo insondable de determinación.
Frente a él, la bestia infernal rugió, su voz un eco distorsionado de la mismísima condenación. El suelo bajo sus pies se resquebrajó cuando el coloso oscuro avanzó, su piel cubierta de espinas y placas de obsidiana, sus ojos dos brasas incandescentes que supuraban odio. Las sombras se retorcieron a su alrededor, devorando la luz, intentando ahogar la incandescencia del guerrero celestial. Pero su fulgor no se apagó.
El aire tembló cuando elevó su espada. La luz que lo rodeaba se expandió, cada partícula de energía respondiendo a su voluntad. La misma realidad pareció doblegarse ante su presencia. El enemigo, titánico e imponente, vaciló un instante. Era la pausa entre el trueno y el relámpago. Luego, el mundo estalló en un resplandor cegador.
Vaelthar: —Esta vez te derrotaré, no solo por el honor de mi raza… sino por el honor de mis camaradas en armas…
Con esas palabras, Alucard sonrió y abrió los brazos, cargando sus puños con energía oscura para así lanzarse contra Vaelthar, el cual tomó con firmeza su espada y de un gran grito de guerra cargó la misma con la magia y la energía de su propia aura élfica, lanzando Vaelthar una estocada directa contra Alucard y Alucard lanzó cientos de puños de energía contra el príncipe, chocando ambos ataques por un momento, generando una gran onda expansiva de energía, mirándose firmemente Alucard y Vaelthar, así cargando más energía en su espada, lleno de determinación, atravesando uno de los ataques de Alucard, llegando rápidamente hasta él mientras Alucard lanzó un último golpe de energía, generándose un impacto inmenso junto a una gran explosión de energía en el momento en que ambos ataques impactaron, quedando en duda quién ganó el encuentro por unos minutos hasta que la pantalla se aclaró y podía verse a Alucard con un agujero en donde alguna vez estuvo su corazón y a Vaelthar casi destruido y sin la mitad de su armadura, sangrando sin parar, pero manteniéndose en pie.
Alucard: —Oye chico, peleaste bien… con esto te has ganado el derecho de entrar en mi mazmorra… y una sorpresa te espera luego de irte… cuídate muchacho…
Vaelthar: —Fue divertido… maldito monstruo…
Ambos con una sonrisa cayeron, siendo Vaelthar el único en mantenerse despierto de rodillas en el suelo mientras Alucard se desvanecía como polvo en el viento, siendo el grupo A el ganador de la prueba de nivel normal, pasando a ser alumnos de la academia White Sword.
Así, todos salieron de la mazmorra, siendo llevados a curarse en otro lugar mientras todos eran ovacionados por el público ante sus resultados, siendo Vaelthar felicitado por el presentador al ganarse el respeto de un jefe de mazmorra, lo que le hizo ganarse un objeto especial, una habilidad del mismo jefe llamada “Brazos del berserker”, cosa que hizo sonreír a Vaelthar antes de desmayarse por completo mientras era llevado por sus compañeros a ser curado, siendo el turno del grupo D liderado por la princesa demoníaca, la cual escogió la dificultad difícil, sonriéndole a su grupo, el cual solo pudo suspirar, ya que luego de ver cómo les fue a los de la dificultad normal, no querían saber lo que les deparaba en la misión difícil, entrando así en esta mazmorra, la cual era una calle gigante al aire libre junto a un cielo rojo carmesí, a lo cual el sistema avisó de que se trataban las pruebas, anunciando que solo habría una prueba que contaba por las cuatro en esta mazmorra.
Prueba única: Detén la invasión del ejército del rey monstruo nivel provincial y elimina al rey monstruo antes de que se acabe el tiempo.
Tiempo de preparación: 10 minutos.
Tiempo para derrotar al ejército y su rey: 1 hora.
Luego de ver la dificultad de su misión, entraron en pánico, ya que a lo lejos se podía ver cómo un ejército de miles de monstruos se acercaba, solo tenían 10 minutos para prepararse para el combate, estando discutiendo qué hacer mientras Deus solo miraba al ejército que se acercaba, gritándoles a sus compañeros.
Deus: —¡¡¡SILENCIO!!! ¡Dejen de discutir! ¡Somos fuertes! ¡No vamos a perder! ¡Solo pónganse en posición y peleen hasta el último en pie!
Deus no era una mujer que pensara en estrategias, ella solo tenía en mente una cosa: pelear y ganar. Ella pelearía hasta el final, derramando sangre, sudor y lágrimas, sacrificando todo de sí misma para lograr una gran derrota contra el enemigo que tenga en frente. Era una luchadora natural, la cual usaba todo a su disposición para cumplir su objetivo, poniendo a los dragones y lizardmans en el frente con ella, mientras las hadas servirían como sanadoras tras de ellos, pasando así los 10 minutos e iniciando el combate.
Las hordas de monstruos empezaron a llegar, siendo estos trolls, bestias mutadas e insectoides escorpión, todos veloces y difíciles de derrotar, peleando así ferozmente contra todos los monstruos. Los dragones se encargaban de los insectoides, incendiándolos usando sus llamas más fuertes y su magia para potenciar las mismas llamas que salían de sus bocas, mientras que los lizardmans se encargaban de las bestias mutadas, al ser casi de la misma raza, sabían cómo lidiar con estos, golpeando puntos vitales y rompiendo extremidades con suma dificultad al venir en grupos, mientras Deus dejó abrir sus alas para elevarse en el aire y enfrentar a los trolls, bestias grandes y corpulentas, las cuales podrían derribar edificios con sus manos desnudas, por lo cual usó toda su fuerza en un impulso aéreo, golpeando la cara de un troll, mandándolo a volar para aplastar a todo monstruo que viniera tras de él, así también con los otros trolls que venían peleando sin parar, usando sus puños, rompiendo órganos y huesos en el proceso, arrancando las extremidades de sus oponentes con frialdad y peleando como si su vida dependiera de ello. Por mucho tiempo, casi 20 minutos de lucha, y ya habían eliminado a la mitad del gran ejército de casi 10 mil monstruos, haciendo que el jefe mayor venga a presentarse.
Deus: —Por fin el jefe viene a saludar, ¿eh? Ya estaba pensando que no vendrías.
Las palabras de Deus hicieron molestar al rey monstruo, el cual luego de ser visto por los lizardman, no pudieron creerlo, el ser que tenían ante ellos era un ser de leyendas en su raza, un hombre que antes fue un gran rey y había caído en desgracia al obtener un poder que lo corrompió desde lo profundo de su alma, el antiguo rey mutante Darksoul.
Darksoul: —Eres bastante insolente para ser solo un vil demonio…
Estas palabras molestaron a la princesa demoníaca, la cual se sintió ofendida al ser menospreciada por ser un demonio, así mostrando su gran aura demoníaca, demostrándole que era una princesa del reino demoníaco, heredera al trono del demonio regente del señor de las tinieblas y más fiel creyente del Lord Lucifer, el antiguo padre del reino demoníaco. Al ver esto, Darksoul simplemente suspiraría, ya que ella había caído tan fácil en un simple comentario como ese, pero lo entendía, es solo una niña insolente que no conoce su lugar, así que él mismo se encargaría de enseñárselo, así tronando sus puños para lanzarse contra…
Deus solo le esperó mientras este aparecía de frente, soltando un violento puñetazo, el cual era detenido violentamente por el antebrazo de la princesa, la cual usó toda su fuerza para detener en seco el ataque de Dark, empezando la lucha frenéticamente, retrocediendo ante la onda de choque para luego dar un salto a gran velocidad, pudiéndose ver y escuchar los choques entre sus puños violentamente. En uno de esos impactos, Dark falló a propósito para girar sobre sí mismo y dar una patada en el estómago a Deus, la cual salió volando estrellándose contra una gran roca, rebotando en esta para luego girar en el aire y generar una onda de choque con sus piernas para así volver a gran velocidad como si de una bala se tratase, golpeando el rostro de Dark sin parar hasta poner toda su fuerza en uno de los puñetazos, golpeando el rostro del mismo para enterrar su cabeza en el suelo, así Dark tomó el brazo de Deus para doblarlo y tirarla al suelo con mucha fuerza, levantándose este al golpear el suelo con su otro brazo, tomando impulso para así automáticamente luego de levantarse dar una gran patada en los pechos de Deus, haciéndola arrastrarse varios metros a lo largo de la calle asfaltada, quedando ambos bastante lastimados en el combate, mientras todos los demás, tanto monstruos como compañeros de Deus, luchaban frenéticamente para pasar la prueba.
Este enfrentamiento, a pesar de parecer largo, solo había durado 5 minutos y ya estaban casi exhaustos por usar toda su fuerza frenéticamente en el combate, por lo que ambos decidieron poner fin al combate usando sus máximos poderes.
Deus: —Bueno, toca sacar los juguetes afilados.
Darksoul: —Es hora de darte una lección, niña…
El aire se torna denso, vibrando con una energía oscura y arcaica. Una sombra titánica se alza en el horizonte, su silueta envuelta en una negrura que se retuerce como un mar de almas atrapadas. La metamorfosis se despliega con violencia, con el crujido de la realidad fracturándose a su alrededor. Su piel, si es que aún puede llamarse así, se desgarra en una danza macabra, dando paso a una armadura viviente, esculpida en el abismo mismo. Grietas incandescentes recorren su torso, emanando un fulgor carmesí que palpita como un corazón condenado.
De su espalda emergen fragmentos de un manto espectral, desgarrado y flotante, como los jirones de una pesadilla que se rehúsa a desvanecerse. Sus extremidades se alargan, con garras afiladas que parecieran devorar la luz. Su rostro queda oculto bajo un yelmo siniestro, donde dos ojos, apenas visibles, centellean como brasas en la penumbra. Un halo sangriento se forma tras su cabeza, un símbolo profano que tiembla con su mero existir.
Cada paso que da es un eco de muerte, una promesa de ruina. Ya no es una entidad, sino la personificación de la fatalidad misma, un vestigio de ira y sombras que arrastra consigo la condena de todo lo que se atreva a cruzarse en su camino, Darksoul había despertado todo su poder.
Deus solo sonrió y no se quedó atrás, así cortando su rostro de forma violenta como una ofrenda de sangre para su raza, desprendiendo un aura oscura, la cual emergería de su cuerpo mostrando una figura femenina envuelta en una oscura y siniestra armadura negra con detalles afilados y resplandecientes tonos rojos. Su expresión es macabra, con una sonrisa amplia y alegre que revela colmillos afilados, y ojos parcialmente ocultos tras su cabello largo y desordenado de un tono rubio casi plateado.
Empuña una espada imponente, oscura con un filo incandescente de color rojo sangre que parece vibrar con energía. La armadura está decorada con espinas y segmentos afilados que se asemejan a una exoestructura demoníaca. La imagen transmite una sensación de poder, locura y destrucción, con un aura caótica reflejada en los destellos rojos que surgen alrededor de la guerrera.
Darksoul y Deus se miraron fijamente mientras sus imponentes auras se desbordaban en el campo de batalla para en un gran parpadeo desaparecer de la vista de todos, chocando el puño de Dark con la espada afilada de Deus, así generando una gran explosión que no dejaría que se viera el combate, rompiendo la visión en el coliseo, no pudiendo ver lo que sucede dentro de la dimensión, intentando así traer nuevamente a la pantalla una visión de lo que ocurre en esta, pasando casi 30 minutos intentándolo, logrando al fin conseguir una vista de la mazmorra, viendo a Deus sin un brazo y a Darksoul ya derrotado, lo que significaba que habían pasado la prueba con éxito, a lo que esta solo salió de la mazmorra con sus compañeros y al salir su brazo se regeneró, siendo una habilidad de la raza demoníaca, aunque eso no significaba que fuera eterna, ya que si no hubiera tenido la energía suficiente al salir, no habría podido regenerarse y tendría que esperar hasta que se recupere para lograrlo, así mirando a las gradas donde estaban su raza, sonriéndoles, mientras la madre de Deus observaba todo desde la transmisión del sistema, orgullosa de su hija. A su vez, Deus miró al grupo que quedaba, no viendo a nadie destacable excepto a uno que siempre estaba alejado del grupo, ese era Dean, quien ya había convencido a todos de la modalidad en la que irían, por lo cual prefería mantenerse alejado y descansar hasta llegar su turno para ella, eso era aburrido, ya que lo veía como un amargado solitario, eso no le agradaba, por lo que solo fue con sus compañeros a las gradas, compañeros los cuales la acompañaron y se quedaron con ella junto a su raza demoníaca, al igual que el príncipe elfo regresó recuperado, pero todo vendado y algo cansado, yendo con sus compañeros al lugar donde están sentados la raza élfica, así observando al grupo que falta.
Presentador: —Bueno, ya parece que quedan ustedes, díganme, ¿qué modalidad han elegido?
Todos se miraron entre ellos y sin vacilación eligieron ir individualmente. Esto sorprendió al príncipe elfo y a la princesa demoníaca, ya que pensaban que serían más inteligentes e irían en grupo, pero prefieren arriesgarse a ir individualmente sin conocimiento alguno de lo que les espera, pero lo que estos dos jóvenes príncipes no saben es cómo se actúa en la modalidad individual.
Presentador: —¡Oh, gracias a Dios! Pensé que nadie lo haría, por fin veremos un buen espectáculo en vivo y en directo.
Muchos de los espectadores quedaron confundidos, ya que hasta ahora nadie ha entrado a la modalidad individual, así que estaban curiosos de cómo sería la diferencia entre el modo grupal y el individual.
Presentador: —En el modo grupal tenían que ir a la dimensión en cuestión y pasar las cuatro pruebas directamente, por lo cual no podíamos estar mientras esto sucedía, pero aquí, una vez elegida la dificultad, se aparecerán cuatro seres que te desafiarán, estos pueden darte una prueba distinta y no todos pelean, por lo cual todo depende de tu suerte y de qué ser sea el que salga del portal para desafiarte.
Esto sorprendió a todos y molestó a los príncipes, pero mayormente a Deus, que si hubiera sabido esto, no hubiera ido grupalmente, sino que habría elegido la modalidad individual, no porque no agradezca que sus compañeros pasaran, sino porque así habría tenido más diversión en combate (lo siento, es algo tonta), mientras el príncipe piensa que quizás así sus compañeros podrían haberla tenido más fácil, mientras él podía elegir una dificultad sin miedo a los daños colaterales, pero ya lo hecho, hecho estaba, ahora tocaba ver qué dificultades elegían los del grupo, por lo que el presentador les pidió que hicieran una fila dependiendo de la dificultad que seleccionarían, así en el modo fácil estaban las hadas y humanos, en el modo normal estaban los enanos y en el difícil los druidas y no muertos, pero Dean no eligió su dificultad.
Presentador: —Joven participante, em… Dean, ¿cierto? ¿Por qué no has elegido tu dificultad?
Dean: —Quiero ver que todos pasen antes de intentarlo yo, porque no quiero que se pierdan de mi propio combate.
Estas palabras hicieron sonreír a los reyes que miraban la transmisión, al verlo tan seguro de sus palabras, además de que pensaba primero en su gente y después en sí mismo, como si él ya fuera un rey, mientras que el príncipe élfico y sus compañeros lo veían agradable, ya que quería esperar a que sus compañeros aprobaran y poder despedirlos apropiadamente, mientras que Deus solo miró sin decir nada, pero no dejaba de mirarlo interesada por sus razones y su actitud, ya que ella no especulaba, ella se aseguraría de saber la razón de ese deseo después de las pruebas, por lo que el presentador solo sonrió y entendió, mientras los compañeros de Dean lo miraban amablemente, agradeciendo el gesto, iniciando el presentador los combates, iniciando desde el modo fácil, pidiéndole a los demás participantes que se queden alejados mientras las pruebas dan inicio.
Al iniciar las pruebas, todos notaban que lo que salía de los portales era algo al azar, podía ser un monstruo, quizás un ser de otra raza que pregunte algo, o incluso un jefe de mazmorra que desee probar el valor del participante, por lo cual los cinco humanos pasaron a duras penas, teniendo que enfrentarse a monstruos en sus pruebas individuales, las hadas tuvieron problemas porque les salieron de golpe personas de otras razas con preguntas complicadas, casi no pasan de no ser por su vasto conocimiento heredado en generaciones.
Luego, en la dificultad normal, era más común que salieran más de un monstruo o incluso que las preguntas fueran muy específicas, siendo casi metáforas o algo vinculado al participante, por lo que los enanos, que eran muy sabios y estudiosos en todos los ámbitos, la tuvieron fácil con las pruebas de los seres de otras razas, mientras que en combates con monstruos fueron bastante toscos y demasiado descuidados, lanzándose precipitadamente ante ataques que podían matarlos, pero logrando pasar las pruebas, mientras en el modo difícil era muy común que aparezcan jefes de mazmorras, esto tomó a los druidas por sorpresa, así que cada druida hizo lo que pudo para lograr pasar las pruebas, pero solo dos de ellos lograron pasarlas, estando algo tristes por esto, mientras los no muertos pasaron las pruebas fácilmente al tener fuerza sobrehumana y ningún limitante en sus cuerpos, ya que ellos ya estaban muertos.
Así, por fin terminaron todas las pruebas del equipo, solo faltaba Dean, el cual los despidió y esperó verlos en las gradas, parándose frente al presentador mientras por fin abría su inventario, sacando su nueva armadura, esta fue dada por el jefe del barrio antes de irse como regalo especial de él mismo, lanzándola a su espalda, abriéndose completamente, fusionándose con la armadura que ya tiene puesta, cambiando su forma tan tosca a una más sigilosa, adaptándose a la ropa de Dean y mejorándola para que tenga la misma defensa que la armadura mientras deja escapar su aura llameante.
Él ahora es un guerrero envuelto en llamas, su silueta oscurecida por el resplandor infernal que lo rodea. Sus ojos reflejan una determinación inquebrantable, una presencia indomable que desafía la destrucción a su alrededor.
Su chaqueta de cuero negro con remaches metálicos resplandece con el brillo del fuego, mientras su mano firme empuña la empuñadura de una katana oscura, la cual fue dada por el instructor que lo inscribió, listo para desatar su furia.
Su otra mano sostiene con fuerza otra hoja, un arma melliza que promete una danza letal en el campo de batalla, una daga blanca y brillante la cual fue entregada por su padre, el hombre que lo salvo, para que se defendiera de los monstruos de la zona exterior, así mirando al instructor, diciéndole de forma seria y decidida su decisión.
Dean: —Elijo la última dificultad, voy a pasar estas pruebas en la dificultad Purgatorio.
El coliseo estaba en silencio, las gradas apagadas por los eventos que sucedían frente a sus ojos. Todos estaban impresionados por la decisión que había tomado el joven. Alguien que nadie conocía, no tenía un nombre marcado en la sociedad, era alguien que había llegado apenas hacía unos días, no saben su origen, no saben quién lo entrenó, ni siquiera saben realmente por qué pelea, pero para las razas guerreras como los elfos, demonios, dragones, lizardman, y los enanos, esto era algo que podrían comprender. Mientras él peleaba, para otras razas, el solo ver su convicción les dejaba notar que luchaba por un propósito mayor, el cual no había sido revelado. Todos querían conocer a este joven, todos querían entender por qué decidía llevarse al límite, eligiendo el desafío desconocido, el llamado más difícil que tenía el nombre del lugar que se considera incluso peor que el infierno: el Purgatorio.
Presentador: —¿Entiendes que una vez elijas no hay vuelta atrás, verdad?
Estas palabras estaban llenas de preocupación, pero también de molestia, ya que creía que el niño solo estaba queriendo llamar la atención, tratando de pasar una prueba más difícil que sus compañeros, pero Marcos y los fundadores que observaban desde las gradas del coliseo, junto a las reinas que estas observaban desde lo más alto en una sala especial hecha para ellas, sabían que no era así y podían saberlo por solo mirar esa aura que sostiene, un aura llameante llena de valor y deseo de superación, por lo que Dean respondió:
Dean: —Yo hago esto para demostrarle a mi pueblo que no me mandaron aquí en vano, lo hago para demostrar que un humano puede superar incluso el reto más difícil, estoy aquí para superar al que me salvó y llamó padre, pero más importante…
Este miró fijamente a los ojos del presentador, apretando sus puños y con una mirada llena de determinación, alzó su aura a los cielos como la luz de una gran estrella, la cual algún día brillará con incluso mayor intensidad, para así alzar su voz, la cual llegará hasta el más pequeño rincón del coliseo.
Dean: —¡Que nada! ¡Estoy aquí porque yo quiero ser el salvador del mundo, aquel que traiga esperanza a las personas con su poder y para ello necesito superar aún más desafíos que nadie en el planeta entero! ¡Mi nombre es Dean Reavenfield y ahora mismo voy a ganar!
Estas palabras hicieron que el presentador quedara sorprendido, ya que un joven, alguien que ni siquiera pasaba de los 16 años, lo hacía recordar a los días donde aún era un simple adulto en un trabajo común de oficina, soñando con ser algo mejor en la sociedad, soñando con lograr grandes hazañas, pensando así en los tiempos donde todo era paz y no había monstruos que lastimaran a sus familias, un tiempo donde no tenías que tener la duda de si volverías con tu familia. Mientras pensaba esto, él hizo desaparecer los otros portales, dejando tras él el portal del nivel purgatorio, explicando su funcionamiento.
Presentador: —Aquí solo debes tocar el portal… una vez lo toques, este reaccionará a tu alma y cuando eso pase, de este portal emergerá tu primera prueba, uno de los cuatro reyes hará su veredicto y si pasas aunque sea una de las pruebas, eres digno de entrar en la academia y si pasas las cuatro pruebas, aparecerá una quinta prueba, esta es difícil de explicar.
Dean quedó intrigado por esto, ya que se supone que solo hay cuatro pruebas, pero con solo pasar una puede entrar en la academia, esto lo hacía comprender lo difícil que sería llegar hasta el final como él deseaba y que muy probablemente no podría lograrlo porque aún era demasiado débil, pero aun así quería intentarlo y no rendirse bajo ninguna circunstancia, escuchando así atentamente lo que decía el presentador.
Presentador: —La quinta prueba está vinculada a una persona, esta persona es de origen desconocido, pero se dice que es igual o más poderoso que el salvador y que no te matará, solo probará tu fuerza para ver si realmente eres digno de lo que buscas alcanzar, nadie sabe quién es o qué es, solo se sabe que es muy poderoso, así que sin más que decir, que empiecen las pruebas.
El presentador saltó de la arena del coliseo y fue a las gradas, porque esto no sería algo que podría mantener a raya estando cerca, además no sabía si Dean sobreviviría al combate, ya que los reyes no tienen una regla que les impida lastimar o matar a los estudiantes. Mientras tanto, la princesa demoníaca observaba interesada en el chico, el cual mostró ser muy varonil y tener las pelotas de enfrentarse a un verdadero reto él solo, aunque le interesaba conocer más sobre el joven, ya que si no, no podría hacer lo que quería, luego llamando así a uno de sus súbditos.
Deus: —Hazme un favor, ve y busca de dónde salió ese chico, además de cómo llegó aquí y si es posible, quiero conocer a los que lo criaron, hazlo lo más rápido que puedas.
Estos escucharon la petición de la princesa y aunque no entendieron la razón de esto, simplemente desaparecieron, quedando la mayoría de demonios para que no fuera sospechoso, pero uno de ellos fue en realidad a informar a su majestad la reina, ya que no podían obtener tanta información fácilmente sin su permiso, llegando uno de los súbditos al palacio donde la reina observaba el torneo, no interesada aún en ir por el portal, ya que no quería lastimar al bonito joven que veía en pantalla.
Subdito: —Mi reina, tengo noticias que requieren su atención.
La reina, la cual siempre se ocultaba en las sombras, solo dejando ver sus ojos, observó al súbdito, preguntándose qué querrá ahora mismo como para interrumpirla en su entretenimiento.
Subdito: —La princesa nos ha solicitado investigar al candidato de la academia, pero no tenemos las habilidades para ello, por esto quería solicitar permiso para usar las artes demoníacas en esta tarea.
La reina solo lo miró y sonrió, levantándose de su trono, estando notoriamente desnuda al completo sin importarle quién la mire, buscando sus ropas más elegantes para cambiarse, dándole una respuesta a su súbdito.
Reina demoníaca: —Hazlo, después de todo yo también iba a pedirlo, pero se me han adelantado, así que tengo que adelantarme aún más, por lo visto, jsjsjs.
El súbdito solo asintió y desapareció, mientras la reina se quedó sola, terminando de vestirse para chasquear los dedos, llamando a alguien, el cual apareció con unas ropas negras rasgadas y antiguas junto a muchas vendas que cubrían su cabeza, notando a la reina vestida y preparada para moverse a algún lugar, llevándole esta a un portal, el cual estaba brillando para ella, sonriendo ya que estaba impaciente por conocer a un joven tan interesante.
Mientras tanto, Dean se acercaba al portal, pensando en qué hacer, porque no sabía qué saldría de este, tocando sin querer el portal debido a que tropezó con un pedazo del escenario que estaba levantado, agarrándose del portal disimulada y épicamente para no quedar como tonto, algo que varios notaron, queriendo reír, pero no dijeron nada, mientras el portal parecía temblar debido a un conflicto dentro de este, parecía que varios seres querían pasar por este portal, así que el mismo portal decidió abrirse más y crecer, obteniendo un color negro profundo. Saliendo de este portal, cuatro grandes reyes: El primero fue el rey élfico, padre de Vaelthar, el rey Naefilhein.
luego a su lado salió otro imponente rey, este era más alto que el rey élfico, medía casi 2 metros de alto, tenía un aura muy intimidante y sombría, la cual podía sentirse en el ambiente, era el rey dragón Sarlteros, junto a alguien más joven que llevaba una capucha, pero era notoriamente perteneciente a la raza draconiana, puesto que podía notarse la cola de dragón saliendo de debajo de la capucha que tapaba su rostro.
Mientras tanto, salió un rey de una raza la cual no había venido a la competencia, pero estaba observándolo todo, un ser tan grande que era digno de su nombre, medía casi 7 metros de alto y estaba muy entrenado, cada uno de sus músculos parecían parte de una obra de arte tallada a mano, este era el rey más imponente, el rey de la raza desconocida, la raza de los gigantes, el rey Traunhir, junto a un semi-humano, el cual era su hijo mestizo, este medía 4 metros de alto y no era tan musculoso, pero estaba a pocos años de alcanzar a su padre, incluso tenía un semblante más amable que su padre, mientras que por último llegaba la reina demonio, pero esta no se conformó con solo aparecer y prefirió hacer una vistosa entrada para aparecer con elegancia, cosa que avergonzó a su hija, ya que su madre vino con ropas muy provocativas, caminando como si de una pasarela se tratase, dejando ver la piel de sus muslos y caderas mientras reía de manera seductora, guiñándole un ojo a Dean, el cual no sabía cómo responder, así que solo se inclinó respetuosamente ante los reyes, estando los tres primeros reyes algo avergonzados, ya que entraron de forma épica y poderosa, mientras la reina casi parecía que quería coquetear con el joven, pero luego, detrás de la reina, otro joven apareció con vendas que ocultaban su rostro y sus ojos, estando Dean curioso de la identidad de esta persona.
Este suceso impresionante dejó a todos los espectadores boquiabiertos. No podían creer que veían a seres que solo eran nombrados en historias por aquellos que estuvieron en las batallas de pacificación con los reinos y las demás razas, que siempre mencionaban detalles al azar de sus hogares. Pero, por un lado, el príncipe élfico estaba de pie en las gradas, sonriendo al ver a su padre, el cual miró de reojo y con una sonrisa levantó su pulgar en aprobación a su hijo, el cual no dejaba de llorar de alegría al saber que no deshonró a su familia. Esto era visto por Dean, el cual solo dio una sonrisa de satisfacción al ver al joven elfo tan feliz, ¿pero también sentía algo de envidia? Una sensación punzante en su pecho como si… le molestara ver feliz al joven elfo con su padre. Por otro lado, la princesa demonio estaba molesta, ya que sabía a qué había venido su madre, por lo que la miró fijamente para que esta le devolviera la mirada, cosa que ella misma hizo, haciéndole la princesa una seña a su madre para que entienda que la está vigilando, pero la gran reina solo le sacó la lengua en forma de burla, algo que hizo que la princesa rompiera un poco el asiento donde estaba. Esto también fue observado por Dean, el cual se sentía aún peor.
¿Pero por qué? ¿Por qué tendría que molestarle algo así? Desde siempre ha vivido solo, sin padres ni familiares, solo amigos y compañeros de su barrio que son como una familia, mas no son más que eso, fieles amigos y grandes compañeros los cuales harían todo por él, pero ninguno de esas personas era realmente su padre o su madre, así que él no conocía lo que era realmente tener una familia. Incluso aquel que pudo llamar padre tuvo que irse para jamás regresar.
Estos pensamientos tenían a Dean muy molesto, ya que se sentía frustrado, lastimado, abandonado, completamente vulnerable ante sus emociones, pero aun así apretó su pecho, bajó la mirada y con solo un gesto en su rostro que denotaba su dolor, se cerró en sí mismo, lanzando todo pensamiento, emoción o deseo negativo a lo profundo de su mente, negando el dolor, negando sus deseos y emociones, cosa que los cuatro reyes notaron, ya que entendían este sentimiento, pero ellos lo superaron, saben que eso que está haciendo está mal y aunque quizás sean crueles, deben ayudar a crecer al joven que tienen delante para las futuras generaciones, pero en el momento en que iban a decidir quién sería el primero en pasar, sintieron algo que no pudieron creer de un simple joven, el cambio completamente, esa expresión del chico cambió completamente, esta expresión solo tenía un solo objetivo: matarlos.
El aire se tornó pesado. Como si el mundo mismo contuviera el aliento, como si la realidad dudara en permitir la existencia de lo que estaba a punto de manifestarse. Una grieta en el tejido del espacio, se desgarró con un sonido gutural, antinatural, y palpitante de una malicia insondable.
Lo primero que se distinguió fueron sus ojos: dos carbones encendidos en un fuego carmesí, destilando un odio tan absoluto que incluso los reyes de las razas míticas, aquellos que habían reinado por eones, sintieron una presión desconocida en el pecho. La oscuridad que se derramaba de su cuerpo parecía succionar la luz misma, deformando el entorno, rompiendo las reglas de la existencia.
Dean iba en serio.
Su figura, alargada y envuelta en llamas espectrales, parecía la manifestación misma de la calamidad. Su silueta era humana solo en apariencia, pues cada paso que daba hacía que la tierra crujiera, como si su mera presencia fuera suficiente para aplastar la realidad misma. La energía oscura que lo rodeaba se retorcía y desgarraba el aire, creando silbidos lastimeros que perforaban los tímpanos.
Los monarcas de la guerra, aquellos que nunca habían retrocedido ante nada, sonrieron llenos de felicidad. El instinto más primitivo de su ser, el de supervivencia, les gritaba que huir era la única opción. Pero no podían. No debían huir. Porque Dean no solo iba a pelear con todo su ser… Los cielos se oscurecieron con su sola presencia. Muchos de los que observaban esto, quedaron asombrados, otros asustados, los príncipes estaban ansiosos de batirse en duelo con Dean, pero especialmente los fundadores que veían todo escondidos entre el público.
Con cada paso que Dean daba, lograba mantener un silencio sepulcral, haciendo que una certeza se grabe en las mentes de todos los presentes, algo que todos verían y no olvidarían, esto sería escrito en los libros de historia, para que jamás sea olvidado por el mundo, el día en que un humano, tuvo la voluntad caminar en contra de los seres más poderosos, Con solo un pensamiento, uno que siempre está con él:
“Voy a ganar y me convertiré en el héroe que el mundo necesita”
La gran reina demonio podía leer los deseos y pensamientos de las personas, solo necesitaba mirarlas y saber poco de ellas, pero eso era suficiente, ella sabía que este niño aunque tiene buenas intenciones es solo un hipócrita que ha creado un deseo falso para no aceptar que tiene una intención egoísta detrás de sus delirios de heroísmo, por lo cual ella dio un paso al frente, decidiendo ser la primera en participar y aunque los otros reyes iban a objetar, la mirada seria de la reina los hizo entender que esto era algo que no se tomará a la ligera, así que estos tres reyes fueron a las gradas para observar y no estorbar en el escenario del coliseo.
María, la Reina Demonio, es una presencia hipnótica y letal envuelta en una oscura elegancia. Su cabello negro como la medianoche cae en ondas desordenadas, enmarcando un rostro de belleza etérea, donde sus ojos carmesí centellean con un peligroso fulgor. La piel, pálida como la porcelana, resalta el contraste con la seda negra de su atuendo, el cual se desliza con gracia sobre su figura, revelando más de lo que oculta.
Cada detalle en ella exuda poder y seducción: las delicadas cadenas de su joyería tintinean suavemente con cada movimiento, y el rubí de su collar parece palpitar con un brillo siniestro. Sus labios curvados en una leve sonrisa ocultan intenciones inciertas, mientras sus manos, adornadas con anillos de gemas sangrientas, sostienen con desinterés una cuchara de plata, como si estuviera a punto de decidir el destino de un mortal con un solo gesto.
A su alrededor, la atmósfera se vuelve pesada, impregnada de un dulce aroma embriagador que oculta la amenaza latente en su mera existencia. No es solo una reina, sino una fuerza primigenia envuelta en seda y sombras, cuya presencia desata tanto deseo como terror en aquellos que osan contemplarla.
Dean, aunque la miraba intrigado, no sentía deseo por la reina, no porque no fuera una mujer hermosa ni porque él no sintiera deseos impuros, la razón era simple: la reina no había venido a coquetear con él, sino a probar si era digno, siempre exudando un aura asesina tan fuerte que haría arrodillar a cualquiera que no estuviera acostumbrado al peligro que asecha este mundo. Incluso él ya estaba preparado para pelear contra ella, apretando sus puños y mirándola seriamente, sintiendo la tensión que había en el ambiente. El silencio se mantenía, el aire apenas se asomaba en el coliseo, pero cuando él estaba a punto de lanzarse contra ella, la reina solo rió un poco al verlo tan nervioso, lo que lo hizo confundirse y preguntarse: “¿Acaso ella no piensa pelear?”.
María: —Pequeño humano, aún eres joven. ¿Creíste por un momento que una reina como yo, capaz de derrotar a seres de todo el continente, monarca de los demonios, se rebajaría a lastimar a un joven que apenas está pasando la pubertad?
Él entendió y escuchó todo, al inicio todos entendieron y asintieron, sabiendo que la reina era muy sabia con sus palabras, pero lo último fue algo que a muchos les dolió, incluso al joven príncipe de los elfos lo hizo mirar a otro lado, ya que este aún no había tenido relación con alguna fémina de su especie, lo que hizo que su padre riese por la reacción de su hijo, mientras que Dean estaba avergonzado y muy molesto ante ese comentario, ya que habían herido su orgullo, él quería decirle algo para refutar, pero él sabía que tenía razón y eso le molestaba más.
María: —Por lo tanto, te enviaré a otro jovenzuelo igual que tú, solo que más imprudente, pero no por ello le diré que se contenga, si no te lo tomas en serio, morirás…
Estas palabras hicieron estremecer a Dean, ya que podría morir, aunque los otros tenían posibilidad de ser salvados, ellos eran reyes, si los decepcionaba o no quedaban satisfechos, podían aniquilarlo y nada podría detenerlos, debido a que eran las reglas, el que hace la prueba tiene control absoluto sobre el sujeto al que prueban.
María: —Pero si logras ganar, quizás y te dé un premio especial solo para ti, ya que alguna recompensa debo darle al ganador, ¿no es así?
Esto lo dijo de forma coqueta y maliciosa, pero Dean solo pensaba en pedir alguna arma o herramienta, lo que molestó a la reina, porque leía su mente y sabía lo que estaba deseando, a lo que esta se dio la vuelta, creando un trono con su magia oscura para sentarse, mientras le pedía a su pequeño compañero que no se contuviera, sentándose así la gran reina, mientras cruzaba sus piernas en el trono y se ponía a fumar un poco de hierbas infernales, a lo que el joven se empezó a acercar, presentándose ante Dean.
Mamoneth: —Mi nombre es Mamoneth Di Nostradamus, antes fui un humano como tú, el cual sufrió en las calles del exterior de la ciudad, pero un hombre salvó a mi barrio de la destrucción… y me ofreció fortaleza… yo acepté, a cambio me llevó por un camino donde me enfrenté a muchos desafíos.
Él decía estas palabras mientras se quitaba las vendas de su rostro, su tono era frío y parecía tener un gran rencor contra alguien mientras contaba su historia, aunque para Dean esta historia tenía algo de similitud con la suya, pero había una gran diferencia, a Dean solo le dijeron que se hiciera fuerte, él lo hizo bajo sus propios medios y logró llegar hasta aquí con su propio esfuerzo, pero esta historia que cuenta parece más la de un tonto intentando mejorar bajo la sombra de alguien más.
Mamoneth: —Pero un día, ese hombre, al no ver resultados, decidió llevarme ante la reina demonio… y sus palabras antes de irse fueron: “Mi hijo nunca me hubiera decepcionado como lo has hecho tú, has sido mi único fracaso”. Aunque eso me dolió… no me rendí, quería demostrarle a ese hombre que yo no era un fracaso y entrené duro sin parar hasta que me convertí básicamente en un monstruo, un demonio humano…
Dean lo miraba con algo de pena, pero sobre todo con mucha lástima, ya que él siente que Mamoneth sufrió muchísimo más que él, estando solo por su cuenta con un gran peso sobre sus hombros, sentía que Mamoneth tenía razones para sentirse enojado, pero él también estaba molesto, quería saber quién había sido el miserable que trata así a un pobre chico que solo busca mejorar y estar a la altura de sus expectativas, incluso él desearía volver en el tiempo para poder ayudarlo como un hermano mayor.
Mamoneth: —Y cuando lo volví a ver, buscando su aceptación y que acepte que soy mejor, solo vi desprecio en su mirada, le daba asco quién era y en lo que me había convertido, pero… algo que no perdonaré… es que dijera que tú eras mejor que yo…
Dean: —¿Qué dijiste?…
Mamoneth: —¿Por qué?… ¿Por qué tuviste que ser tú el favorito de esa persona?… ¿QUÉ TIENES TÚ QUE YO NO TENGA YA?…
Mamoneth no aguantó más y arrancó sus vendas, dejando ver la expresión en su rostro, dejando entrever sus ojos carmesí llenos de odio y deseos de venganza, el resentimiento en su mirada era tan grande que podía sentirse en todo el coliseo.
Estas palabras la reina demonio no las conocía, ni tampoco conoció al hombre del que habla, ella solo recuerda que este niño apareció un día en su puerta y pidió ser más fuerte, por lo que lo acogió y entrenó, pero no esperaba que tuviera tal resentimiento, ni mucho menos que fuera hacia el joven que tenían en frente, esto solo le hizo preguntarse quién era ese hombre del que hablaban, pero sobre todo cuál es la historia tras el pasado de Dean y el hombre del que hablan. La reina fue sacada de sus pensamientos debido a un gran estruendo causado por el choque entre las auras de Dean y Mamoneth, uno estaba notablemente furioso y el otro estaba completamente desquiciado, estando así por comenzar la pelea entre los que decidirán el destino de la humanidad, aquel que desea convertirse en la luz de la esperanza, mientras el otro solo busca una venganza desmedida contra él y todo lo que representa.
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