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El Hombre Olvidado por el - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - Capítulo 25: Aquel que busca la oscuridad
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Capítulo 25: Aquel que busca la oscuridad

El coliseo estaba en silencio, las gradas apagadas por los eventos que sucedían frente a sus ojos. Todos estaban impresionados por la decisión que había tomado el joven. Alguien que nadie conocía, no tenía un nombre marcado en la sociedad, era alguien que había llegado apenas hacía unos días, no saben su origen, no saben quién lo entrenó, ni siquiera saben realmente por qué pelea, pero para las razas guerreras como los elfos, demonios, dragones, lizardman, y los enanos, esto era algo que podrían comprender. Mientras él peleaba, para otras razas, el solo ver su convicción les dejaba notar que luchaba por un propósito mayor, el cual no había sido revelado. Todos querían conocer a este joven, todos querían entender por qué decidía llevarse al límite, eligiendo el desafío desconocido, el llamado más difícil que tenía el nombre del lugar que se considera incluso peor que el infierno: el Purgatorio.

Presentador: —¿Entiendes que una vez elijas no hay vuelta atrás, verdad?

Estas palabras estaban llenas de preocupación, pero también de molestia, ya que creía que el niño solo estaba queriendo llamar la atención, tratando de pasar una prueba más difícil que sus compañeros, pero Marcos y los fundadores que observaban desde las gradas del coliseo, junto a las reinas que estas observaban desde lo más alto en una sala especial hecha para ellas, sabían que no era así y podían saberlo por solo mirar esa aura que sostiene, un aura llameante llena de valor y deseo de superación, por lo que Dean respondió:

Dean: —Yo hago esto para demostrarle a mi pueblo que no me mandaron aquí en vano, lo hago para demostrar que un humano puede superar incluso el reto más difícil, estoy aquí para superar al que me salvó y llamó padre, pero más importante…

Este miró fijamente a los ojos del presentador, apretando sus puños y con una mirada llena de determinación, alzó su aura a los cielos como la luz de una gran estrella, la cual algún día brillará con incluso mayor intensidad, para así alzar su voz, la cual llegará hasta el más pequeño rincón del coliseo.

Dean: —¡Que nada! ¡Estoy aquí porque yo quiero ser el salvador del mundo, aquel que traiga esperanza a las personas con su poder y para ello necesito superar aún más desafíos que nadie en el planeta entero! ¡Mi nombre es Dean Reavenfield y ahora mismo voy a ganar!

Estas palabras hicieron que el presentador quedara sorprendido, ya que un joven, alguien que ni siquiera pasaba de los 16 años, lo hacía recordar a los días donde aún era un simple adulto en un trabajo común de oficina, soñando con ser algo mejor en la sociedad, soñando con lograr grandes hazañas, pensando así en los tiempos donde todo era paz y no había monstruos que lastimaran a sus familias, un tiempo donde no tenías que tener la duda de si volverías con tu familia. Mientras pensaba esto, él hizo desaparecer los otros portales, dejando tras él el portal del nivel purgatorio, explicando su funcionamiento.

Presentador: —Aquí solo debes tocar el portal… una vez lo toques, este reaccionará a tu alma y cuando eso pase, de este portal emergerá tu primera prueba, uno de los cuatro reyes hará su veredicto y si pasas aunque sea una de las pruebas, eres digno de entrar en la academia y si pasas las cuatro pruebas, aparecerá una quinta prueba, esta es difícil de explicar.

Dean quedó intrigado por esto, ya que se supone que solo hay cuatro pruebas, pero con solo pasar una puede entrar en la academia, esto lo hacía comprender lo difícil que sería llegar hasta el final como él deseaba y que muy probablemente no podría lograrlo porque aún era demasiado débil, pero aun así quería intentarlo y no rendirse bajo ninguna circunstancia, escuchando así atentamente lo que decía el presentador.

Presentador: —La quinta prueba está vinculada a una persona, esta persona es de origen desconocido, pero se dice que es igual o más poderoso que el salvador y que no te matará, solo probará tu fuerza para ver si realmente eres digno de lo que buscas alcanzar, nadie sabe quién es o qué es, solo se sabe que es muy poderoso, así que sin más que decir, que empiecen las pruebas.

El presentador saltó de la arena del coliseo y fue a las gradas, porque esto no sería algo que podría mantener a raya estando cerca, además no sabía si Dean sobreviviría al combate, ya que los reyes no tienen una regla que les impida lastimar o matar a los estudiantes. Mientras tanto, la princesa demoníaca observaba interesada en el chico, el cual mostró ser muy varonil y tener las pelotas de enfrentarse a un verdadero reto él solo, aunque le interesaba conocer más sobre el joven, ya que si no, no podría hacer lo que quería, luego llamando así a uno de sus súbditos.

Deus: —Hazme un favor, ve y busca de dónde salió ese chico, además de cómo llegó aquí y si es posible, quiero conocer a los que lo criaron, hazlo lo más rápido que puedas.

Estos escucharon la petición de la princesa y aunque no entendieron la razón de esto, simplemente desaparecieron, quedando la mayoría de demonios para que no fuera sospechoso, pero uno de ellos fue en realidad a informar a su majestad la reina, ya que no podían obtener tanta información fácilmente sin su permiso, llegando uno de los súbditos al palacio donde la reina observaba el torneo, no interesada aún en ir por el portal, ya que no quería lastimar al bonito joven que veía en pantalla.

Subdito: —Mi reina, tengo noticias que requieren su atención.

La reina, la cual siempre se ocultaba en las sombras, solo dejando ver sus ojos, observó al súbdito, preguntándose qué querrá ahora mismo como para interrumpirla en su entretenimiento.

Subdito: —La princesa nos ha solicitado investigar al candidato de la academia, pero no tenemos las habilidades para ello, por esto quería solicitar permiso para usar las artes demoníacas en esta tarea.

La reina solo lo miró y sonrió, levantándose de su trono, estando notoriamente desnuda al completo sin importarle quién la mire, buscando sus ropas más elegantes para cambiarse, dándole una respuesta a su súbdito.

Reina demoníaca: —Hazlo, después de todo yo también iba a pedirlo, pero se me han adelantado, así que tengo que adelantarme aún más, por lo visto, jsjsjs.

El súbdito solo asintió y desapareció, mientras la reina se quedó sola, terminando de vestirse para chasquear los dedos, llamando a alguien, el cual apareció con unas ropas negras rasgadas y antiguas junto a muchas vendas que cubrían su cabeza, notando a la reina vestida y preparada para moverse a algún lugar, llevándole esta a un portal, el cual estaba brillando para ella, sonriendo ya que estaba impaciente por conocer a un joven tan interesante.

Mientras tanto, Dean se acercaba al portal, pensando en qué hacer, porque no sabía qué saldría de este, tocando sin querer el portal debido a que tropezó con un pedazo del escenario que estaba levantado, agarrándose del portal disimulada y épicamente para no quedar como tonto, algo que varios notaron, queriendo reír, pero no dijeron nada, mientras el portal parecía temblar debido a un conflicto dentro de este, parecía que varios seres querían pasar por este portal, así que el mismo portal decidió abrirse más y crecer, obteniendo un color negro profundo. Saliendo de este portal, cuatro grandes reyes: El primero fue el rey élfico, padre de Vaelthar, el rey Naefilhein.

luego a su lado salió otro imponente rey, este era más alto que el rey élfico, medía casi 2 metros de alto, tenía un aura muy intimidante y sombría, la cual podía sentirse en el ambiente, era el rey dragón Sarlteros, junto a alguien más joven que llevaba una capucha, pero era notoriamente perteneciente a la raza draconiana, puesto que podía notarse la cola de dragón saliendo de debajo de la capucha que tapaba su rostro.

Mientras tanto, salió un rey de una raza la cual no había venido a la competencia, pero estaba observándolo todo, un ser tan grande que era digno de su nombre, medía casi 7 metros de alto y estaba muy entrenado, cada uno de sus músculos parecían parte de una obra de arte tallada a mano, este era el rey más imponente, el rey de la raza desconocida, la raza de los gigantes, el rey Traunhir, junto a un semi-humano, el cual era su hijo mestizo, este medía 4 metros de alto y no era tan musculoso, pero estaba a pocos años de alcanzar a su padre, incluso tenía un semblante más amable que su padre, mientras que por último llegaba la reina demonio, pero esta no se conformó con solo aparecer y prefirió hacer una vistosa entrada para aparecer con elegancia, cosa que avergonzó a su hija, ya que su madre vino con ropas muy provocativas, caminando como si de una pasarela se tratase, dejando ver la piel de sus muslos y caderas mientras reía de manera seductora, guiñándole un ojo a Dean, el cual no sabía cómo responder, así que solo se inclinó respetuosamente ante los reyes, estando los tres primeros reyes algo avergonzados, ya que entraron de forma épica y poderosa, mientras la reina casi parecía que quería coquetear con el joven, pero luego, detrás de la reina, otro joven apareció con vendas que ocultaban su rostro y sus ojos, estando Dean curioso de la identidad de esta persona.

Este suceso impresionante dejó a todos los espectadores boquiabiertos. No podían creer que veían a seres que solo eran nombrados en historias por aquellos que estuvieron en las batallas de pacificación con los reinos y las demás razas, que siempre mencionaban detalles al azar de sus hogares. Pero, por un lado, el príncipe élfico estaba de pie en las gradas, sonriendo al ver a su padre, el cual miró de reojo y con una sonrisa levantó su pulgar en aprobación a su hijo, el cual no dejaba de llorar de alegría al saber que no deshonró a su familia. Esto era visto por Dean, el cual solo dio una sonrisa de satisfacción al ver al joven elfo tan feliz, ¿pero también sentía algo de envidia? Una sensación punzante en su pecho como si… le molestara ver feliz al joven elfo con su padre. Por otro lado, la princesa demonio estaba molesta, ya que sabía a qué había venido su madre, por lo que la miró fijamente para que esta le devolviera la mirada, cosa que ella misma hizo, haciéndole la princesa una seña a su madre para que entienda que la está vigilando, pero la gran reina solo le sacó la lengua en forma de burla, algo que hizo que la princesa rompiera un poco el asiento donde estaba. Esto también fue observado por Dean, el cual se sentía aún peor.

¿Pero por qué? ¿Por qué tendría que molestarle algo así? Desde siempre ha vivido solo, sin padres ni familiares, solo amigos y compañeros de su barrio que son como una familia, mas no son más que eso, fieles amigos y grandes compañeros los cuales harían todo por él, pero ninguno de esas personas era realmente su padre o su madre, así que él no conocía lo que era realmente tener una familia. Incluso aquel que pudo llamar padre tuvo que irse para jamás regresar.

Estos pensamientos tenían a Dean muy molesto, ya que se sentía frustrado, lastimado, abandonado, completamente vulnerable ante sus emociones, pero aun así apretó su pecho, bajó la mirada y con solo un gesto en su rostro que denotaba su dolor, se cerró en sí mismo, lanzando todo pensamiento, emoción o deseo negativo a lo profundo de su mente, negando el dolor, negando sus deseos y emociones, cosa que los cuatro reyes notaron, ya que entendían este sentimiento, pero ellos lo superaron, saben que eso que está haciendo está mal y aunque quizás sean crueles, deben ayudar a crecer al joven que tienen delante para las futuras generaciones, pero en el momento en que iban a decidir quién sería el primero en pasar, sintieron algo que no pudieron creer de un simple joven, el cambio completamente, esa expresión del chico cambió completamente, esta expresión solo tenía un solo objetivo: matarlos.

El aire se tornó pesado. Como si el mundo mismo contuviera el aliento, como si la realidad dudara en permitir la existencia de lo que estaba a punto de manifestarse. Una grieta en el tejido del espacio, se desgarró con un sonido gutural, antinatural, y palpitante de una malicia insondable.

Lo primero que se distinguió fueron sus ojos: dos carbones encendidos en un fuego carmesí, destilando un odio tan absoluto que incluso los reyes de las razas míticas, aquellos que habían reinado por eones, sintieron una presión desconocida en el pecho. La oscuridad que se derramaba de su cuerpo parecía succionar la luz misma, deformando el entorno, rompiendo las reglas de la existencia.

Dean iba en serio.

Su figura, alargada y envuelta en llamas espectrales, parecía la manifestación misma de la calamidad. Su silueta era humana solo en apariencia, pues cada paso que daba hacía que la tierra crujiera, como si su mera presencia fuera suficiente para aplastar la realidad misma. La energía oscura que lo rodeaba se retorcía y desgarraba el aire, creando silbidos lastimeros que perforaban los tímpanos.

Los monarcas de la guerra, aquellos que nunca habían retrocedido ante nada, sonrieron llenos de felicidad. El instinto más primitivo de su ser, el de supervivencia, les gritaba que huir era la única opción. Pero no podían. No debían huir. Porque Dean no solo iba a pelear con todo su ser… Los cielos se oscurecieron con su sola presencia. Muchos de los que observaban esto, quedaron asombrados, otros asustados, los príncipes estaban ansiosos de batirse en duelo con Dean, pero especialmente los fundadores que veían todo escondidos entre el público.

Con cada paso que Dean daba, lograba mantener un silencio sepulcral, haciendo que una certeza se grabe en las mentes de todos los presentes, algo que todos verían y no olvidarían, esto sería escrito en los libros de historia, para que jamás sea olvidado por el mundo, el día en que un humano, tuvo la voluntad caminar en contra de los seres más poderosos, Con solo un pensamiento, uno que siempre está con él:

“Voy a ganar y me convertiré en el héroe que el mundo necesita”

La gran reina demonio podía leer los deseos y pensamientos de las personas, solo necesitaba mirarlas y saber poco de ellas, pero eso era suficiente, ella sabía que este niño aunque tiene buenas intenciones es solo un hipócrita que ha creado un deseo falso para no aceptar que tiene una intención egoísta detrás de sus delirios de heroísmo, por lo cual ella dio un paso al frente, decidiendo ser la primera en participar y aunque los otros reyes iban a objetar, la mirada seria de la reina los hizo entender que esto era algo que no se tomará a la ligera, así que estos tres reyes fueron a las gradas para observar y no estorbar en el escenario del coliseo.

María, la Reina Demonio, es una presencia hipnótica y letal envuelta en una oscura elegancia. Su cabello negro como la medianoche cae en ondas desordenadas, enmarcando un rostro de belleza etérea, donde sus ojos carmesí centellean con un peligroso fulgor. La piel, pálida como la porcelana, resalta el contraste con la seda negra de su atuendo, el cual se desliza con gracia sobre su figura, revelando más de lo que oculta.

Cada detalle en ella exuda poder y seducción: las delicadas cadenas de su joyería tintinean suavemente con cada movimiento, y el rubí de su collar parece palpitar con un brillo siniestro. Sus labios curvados en una leve sonrisa ocultan intenciones inciertas, mientras sus manos, adornadas con anillos de gemas sangrientas, sostienen con desinterés una cuchara de plata, como si estuviera a punto de decidir el destino de un mortal con un solo gesto.

A su alrededor, la atmósfera se vuelve pesada, impregnada de un dulce aroma embriagador que oculta la amenaza latente en su mera existencia. No es solo una reina, sino una fuerza primigenia envuelta en seda y sombras, cuya presencia desata tanto deseo como terror en aquellos que osan contemplarla.

Dean, aunque la miraba intrigado, no sentía deseo por la reina, no porque no fuera una mujer hermosa ni porque él no sintiera deseos impuros, la razón era simple: la reina no había venido a coquetear con él, sino a probar si era digno, siempre exudando un aura asesina tan fuerte que haría arrodillar a cualquiera que no estuviera acostumbrado al peligro que asecha este mundo. Incluso él ya estaba preparado para pelear contra ella, apretando sus puños y mirándola seriamente, sintiendo la tensión que había en el ambiente. El silencio se mantenía, el aire apenas se asomaba en el coliseo, pero cuando él estaba a punto de lanzarse contra ella, la reina solo rió un poco al verlo tan nervioso, lo que lo hizo confundirse y preguntarse: “¿Acaso ella no piensa pelear?”.

María: —Pequeño humano, aún eres joven. ¿Creíste por un momento que una reina como yo, capaz de derrotar a seres de todo el continente, monarca de los demonios, se rebajaría a lastimar a un joven que apenas está pasando la pubertad?

Él entendió y escuchó todo, al inicio todos entendieron y asintieron, sabiendo que la reina era muy sabia con sus palabras, pero lo último fue algo que a muchos les dolió, incluso al joven príncipe de los elfos lo hizo mirar a otro lado, ya que este aún no había tenido relación con alguna fémina de su especie, lo que hizo que su padre riese por la reacción de su hijo, mientras que Dean estaba avergonzado y muy molesto ante ese comentario, ya que habían herido su orgullo, él quería decirle algo para refutar, pero él sabía que tenía razón y eso le molestaba más.

María: —Por lo tanto, te enviaré a otro jovenzuelo igual que tú, solo que más imprudente, pero no por ello le diré que se contenga, si no te lo tomas en serio, morirás…

Estas palabras hicieron estremecer a Dean, ya que podría morir, aunque los otros tenían posibilidad de ser salvados, ellos eran reyes, si los decepcionaba o no quedaban satisfechos, podían aniquilarlo y nada podría detenerlos, debido a que eran las reglas, el que hace la prueba tiene control absoluto sobre el sujeto al que prueban.

María: —Pero si logras ganar, quizás y te dé un premio especial solo para ti, ya que alguna recompensa debo darle al ganador, ¿no es así?

Esto lo dijo de forma coqueta y maliciosa, pero Dean solo pensaba en pedir alguna arma o herramienta, lo que molestó a la reina, porque leía su mente y sabía lo que estaba deseando, a lo que esta se dio la vuelta, creando un trono con su magia oscura para sentarse, mientras le pedía a su pequeño compañero que no se contuviera, sentándose así la gran reina, mientras cruzaba sus piernas en el trono y se ponía a fumar un poco de hierbas infernales, a lo que el joven se empezó a acercar, presentándose ante Dean.

Mamoneth: —Mi nombre es Mamoneth Di Nostradamus, antes fui un humano como tú, el cual sufrió en las calles del exterior de la ciudad, pero un hombre salvó a mi barrio de la destrucción… y me ofreció fortaleza… yo acepté, a cambio me llevó por un camino donde me enfrenté a muchos desafíos.

Él decía estas palabras mientras se quitaba las vendas de su rostro, su tono era frío y parecía tener un gran rencor contra alguien mientras contaba su historia, aunque para Dean esta historia tenía algo de similitud con la suya, pero había una gran diferencia, a Dean solo le dijeron que se hiciera fuerte, él lo hizo bajo sus propios medios y logró llegar hasta aquí con su propio esfuerzo, pero esta historia que cuenta parece más la de un tonto intentando mejorar bajo la sombra de alguien más.

Mamoneth: —Pero un día, ese hombre, al no ver resultados, decidió llevarme ante la reina demonio… y sus palabras antes de irse fueron: “Mi hijo nunca me hubiera decepcionado como lo has hecho tú, has sido mi único fracaso”. Aunque eso me dolió… no me rendí, quería demostrarle a ese hombre que yo no era un fracaso y entrené duro sin parar hasta que me convertí básicamente en un monstruo, un demonio humano…

Dean lo miraba con algo de pena, pero sobre todo con mucha lástima, ya que él siente que Mamoneth sufrió muchísimo más que él, estando solo por su cuenta con un gran peso sobre sus hombros, sentía que Mamoneth tenía razones para sentirse enojado, pero él también estaba molesto, quería saber quién había sido el miserable que trata así a un pobre chico que solo busca mejorar y estar a la altura de sus expectativas, incluso él desearía volver en el tiempo para poder ayudarlo como un hermano mayor.

Mamoneth: —Y cuando lo volví a ver, buscando su aceptación y que acepte que soy mejor, solo vi desprecio en su mirada, le daba asco quién era y en lo que me había convertido, pero… algo que no perdonaré… es que dijera que tú eras mejor que yo…

Dean: —¿Qué dijiste?…

Mamoneth: —¿Por qué?… ¿Por qué tuviste que ser tú el favorito de esa persona?… ¿QUÉ TIENES TÚ QUE YO NO TENGA YA?…

Mamoneth no aguantó más y arrancó sus vendas, dejando ver la expresión en su rostro, dejando entrever sus ojos carmesí llenos de odio y deseos de venganza, el resentimiento en su mirada era tan grande que podía sentirse en todo el coliseo.

Estas palabras la reina demonio no las conocía, ni tampoco conoció al hombre del que habla, ella solo recuerda que este niño apareció un día en su puerta y pidió ser más fuerte, por lo que lo acogió y entrenó, pero no esperaba que tuviera tal resentimiento, ni mucho menos que fuera hacia el joven que tenían en frente, esto solo le hizo preguntarse quién era ese hombre del que hablaban, pero sobre todo cuál es la historia tras el pasado de Dean y el hombre del que hablan. La reina fue sacada de sus pensamientos debido a un gran estruendo causado por el choque entre las auras de Dean y Mamoneth, uno estaba notablemente furioso y el otro estaba completamente desquiciado, estando así por comenzar la pelea entre los que decidirán el destino de la humanidad, aquel que desea convertirse en la luz de la esperanza, mientras el otro solo busca una venganza desmedida contra él y todo lo que representa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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