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El Hombre Olvidado por el - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - Capítulo 30: El dolor del creador
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Capítulo 30: El dolor del creador

“Los objetos te dan poder, pero el poder no proviene de los objetos; estos son simplemente una ayuda para despertar el potencial oculto en nuestros cuerpos y corazones. Una espada que despierta con la voluntad del guerrero, un bastón que acude a la voluntad del sabio, una gloriosa armadura que responde al deseo de su caballero, el arco que se abre camino ante la determinación de alcanzar el blanco, los guanteletes de un artista marcial… Todas aquellas armas que existen en este nuevo mundo están naciendo por las manos de quienes impregnan su voluntad en ellas: la voluntad indomable de querer salvar a otros, el deseo de que todos regresen a casa, el sueño de volver a tener un mundo en paz.”

Pato: Vivan sus sueños… -/Cada palabra venía acompañada de un martillazo contra el metal/- Sobrevivan y regresen a casa… para un día llegar a un mañana donde solo brille la paz…

Aquel que había sido impregnado con la voluntad de grandes dragones, los llamados dragones eternos, hermanos vinculados al alma del gran herrero, ahora renacía con su nuevo apodo: “The Maker of Hope”. Se había ganado ese nombre entre quienes estaban en el frente, los que traían información, e incluso entre los nuevos estudiantes que se preparaban para la gran guerra que se avecinaba. Y es que él había creado todas las armas de los ciudadanos, héroes, soldados y estudiantes de la ciudad: más de un millón de armas, desde las más comunes hasta las más poderosas y extrañas. Entrenado bajo la bendición del propio dios Hefesto, junto a la gracia del fuego de la diosa Hestia y la sabiduría de la bendición de la guerrera Atenea, creaba estas armas para todos en la ciudad sin descanso.

Pato: Todos regresaremos… todos traeremos paz… nuestras familias volverán…

En ese momento, el cuerpo de Pato estaba muy débil. El sonido del metal con cada golpe se hacía más estruendoso. Ya no golpeaba con fuerza bruta; lo hacía solo con su propia voluntad, la voluntad indomable que caracteriza al más ingenioso de los 12 héroes. Su rostro estaba pálido debido al calor extremo del lugar; ni siquiera la bendición de Hestia ni la resistencia al calor de los dragones podían evitar su deshidratación. Tenía las manos cubiertas de callos, tantos que sangraban, pues no se le permitía que sanaran. Más que un trabajo dedicado, era como un castigo impuesto a sí mismo. Cada arma, cada voluntad, cada golpe de su martillo servía no solo como un paso para salvar a la humanidad, sino también como una forma de mitigar las lágrimas, el dolor y la pena que sentía en su corazón.

Pato: Papá… mamá… me están mirando, ¿verdad? Ahora soy más fuerte… pero aun así no los encontré ni pude salvarlos a tiempo…

Los dioses solo observaban esta escena desde las pantallas del cielo. La mayoría sentía empatía, enviando mensajes constantes al sistema para darle ánimos, incluso pidiéndole que se detuviera, que no se hiciera daño por algo que no fue su culpa. Pero ninguno de estos mensajes llegaba a su corazón. Sus ojos se sentían vacíos; solo pensaba en su dolor, olvidando su verdadero propósito. Los dioses entendieron que no podían hacer nada, y que, a este paso, el joven héroe moriría consumido por su propio sufrimiento. No tenían a su líder, habían perdido a su gente a manos de alguien que alguna vez fue su compañero y hermano en armas, y ahora la esperanza de que la ciudad resistiera un ataque —o siquiera de proteger a los ciudadanos dentro y fuera de las murallas— era casi nula.

???: ¿Hola? ¿Hay alguien aquí? -/La persona entró lentamente, topándose con el polvo de la entrada que la dejó algo ahogada/- H-ho… jajaja… Dios, cuánto polvo… parece abandonado este lugar… ¿hay alguien allí?

Al oír a alguien entrar, Pato detuvo su martilleo. Antes de dirigirse a la entrada, dudó por un momento: ¿valía la pena ir personalmente? ¿Era siquiera necesario ya su trabajo? Pero recordó que ya no tenía nada que perder, nadie a quien esperar, nada más que su vida y su voluntad rota. Caminó hacia el lobby donde se encontraba aquella persona, colocándose el casco de su armadura para ocultar su rostro, ya que ser uno de los 12 héroes era algo caótico y no quería ser reconocido por sus compañeros. Al ponerse frente a la persona, notó que era una mujer que jamás había visto, probablemente del exterior de la muralla. Sin embargo, se veía demasiado limpia y bien cuidada para pertenecer a ese lugar. Intentó usar el sistema, activando la habilidad de evaluación sobre ella, pero esta falló, mostrando un error crítico debido a la falta de energía del usuario. Sin más opciones, decidió preguntar.

Pato: ¿Qué le trae por aquí, señorita… a un lugar tan apagado y abandonado?

Ella lo miró de arriba abajo. Podía reconocerlo fácilmente: su cuerpo estaba trabajado y entrenado, aunque aún así se veía delgado y delicado. Siempre estaba alerta y exudaba un aura poderosa, a pesar de notarse debilitado. Sabía que era el Héroe de la Sabiduría, uno de los cinco más poderosos y uno de los primeros liberadores de la ciudad. Aun así, fingió no conocerlo. Sonrió amablemente y se inclinó ligeramente hacia él, apoyándose en el mostrador que los separaba, mirándolo a los ojos a través del casco.

Ney: Mi nombre es Ney, dulzura… Espero no te moleste la visita inesperada… pero alguien me recomendó este lugar… y ya veo por qué…

La mujer frente a él destacaba de inmediato en medio del polvo y el abandono. Ney poseía una figura delgada y estilizada, de movimientos suaves y seguros. Su piel era clara y uniforme, sin imperfecciones visibles, lo que acentuaba aún más el contraste con su entorno descuidado.

Su cabello, largo y oscuro, caía en capas ligeramente desordenadas sobre sus hombros y espalda, con mechones que se deslizaban sobre su rostro, cubriendo parcialmente uno de sus ojos. Aun así, su mirada podía percibirse: ojos entrecerrados, de expresión tranquila pero con un trasfondo difícil de descifrar.

Sus facciones eran finas y bien definidas; nariz pequeña, pómulos suaves y labios delicados que mantenían una leve sonrisa constante, sutil pero intencional. Llevaba varios accesorios discretos, como aretes colgantes y un collar de cuentas oscuras que descansaba sobre su pecho.

Vestía prendas oscuras, ajustadas a su cuerpo, limpias y en perfecto estado, delineando su silueta sin perder elegancia. Todo en ella —desde su postura relajada hasta su apariencia impecable— resultaba demasiado cuidado, demasiado intacto… como si no perteneciera a estas tierras.

Pato: ¿Quién le recomendó este lugar, si puede saberse…?

Esa era la pregunta que más lo inquietaba; muy pocos conocían ese sitio, y ninguno sería capaz de recomendarlo. Algo no encajaba. Aquella mujer desconocida bien podría ser un enemigo, un oscuro o incluso una espía de alguna nación rival, por lo que Pato se puso en guardia, adoptando una postura desde la cual pudiera reaccionar si era necesario. Ney lo notó de inmediato y, con total naturalidad, apoyó suavemente su mano sobre el hombro de Pato; el roce de sus dedos fue delicado, casi cálido, mientras le ofrecía una sonrisa tranquila.

Ney: No vine a hacerte daño… Solo puedo decir que vengo de un lugar lejano, por las tierras del norte de la provincia… y pude sentirte…

Pato no entendía a qué se refería con “sentirlo”; su mente se llenó de dudas, pensando si intentaba manipularlo o si todo era una trampa, pero en ese instante sintió cómo ella tomaba sus manos. Sus manos, endurecidas, agrietadas y sangrantes por semanas de trabajo, fueron sostenidas con una suavidad que no recordaba; Ney acariciaba su piel con cuidado, evitando causarle dolor, mientras una tenue energía arcana recorría sus dedos, cerrando lentamente heridas que llevaban tiempo sin sanar. Eran manos que cargaban culpa, dolor y cansancio… y ahora alguien completamente desconocido las sostenía como si fueran algo valioso. Aquella sensación le resultaba extraña, casi irreal, como si un ángel caído —o un cuervo oscuro con luz en su interior— hubiera aparecido frente a él.

Pato, confundido, retiró sus manos bruscamente y le dio la espalda, intentando recuperar la compostura.

Pato: ¿Qué es lo que desea? ¿Un arma, una armadura, algún material en específico…?

Intentaba mantener su mente en blanco, evitando cualquier tipo de conexión emocional, mientras Ney simplemente comenzó a recorrer el lugar, observando con calma cada objeto; sus dedos rozaban armas y herramientas: bastones mágicos, grimorios, armaduras, espadas, hachas… todo de una calidad excepcional. Finalmente, se detuvo en el fondo del establecimiento, donde una armadura femenina permanecía casi oculta; a simple vista parecía antigua, olvidada, pero al observarla con atención era evidente que había sido creada con dedicación y pasión, cada parte diseñada para adaptarse a su portadora sin importar quién fuera. Lo que más llamó su atención fue el grabado en el pecho:

“Para aquellos perdidos en la oscuridad, esta será la luz que trazará su destino. Levántense con orgullo y vivan para ver la paz del mañana.”

Ney: Realmente… una pieza de arte…

Tomó la armadura y regresó junto a Pato, dejando claro que sería su elección. Pato no dijo nada; simplemente levantó su martillo y golpeó la armadura con fuerza. El impacto resonó en todo el lugar, pero la armadura no sufrió daño alguno, y en ese instante comprendió que no solo se trataba de su debilidad actual: la armadura había aceptado a su portadora. Aquel golpe no iba dirigido realmente a la armadura, sino a Ney, pero un campo invisible se activó, bloqueando el impacto y absorbiéndolo por completo. Pato la observó en silencio, aceptando su decisión.

Pato: Son 200 pesontes del sistema…

Desde la caída del dinero tradicional y la convivencia entre múltiples especies, el sistema había creado una moneda universal que permitía intercambiar valor e incluso convertirlo en experiencia para mantener el equilibrio entre razas. Ney aceptó sin discutir; el pago se realizó automáticamente, y luego se colocó la armadura, la cual se adaptó perfectamente a su cuerpo, ajustándose bajo su ropa y volviéndose casi imperceptible, lista para protegerla de manera discreta. Pato, al ver que la compra había finalizado, se giró para marcharse, pero Ney lo detuvo de inmediato.

Ney: ¿Crees que solo vine a eso?

Con rapidez, le quitó el casco, dejando al descubierto su rostro: ojeras marcadas, piel pálida, labios resecos… un estado evidente de agotamiento extremo. Ney ya lo sabía, lo había sentido desde el inicio, y sin darle tiempo a reaccionar activó su habilidad, paralizándolo por completo. El cuerpo de Pato se tensó; no podía moverse, y por un instante creyó que ese sería su final, consciente de lo vulnerable que estaba. Sin embargo, Ney no atacó; lo sostuvo con suavidad por la cintura, lo sentó en una silla y, con total calma, sacó comida y agua de su bolso, comenzando a alimentarlo como si fuera un niño. Controlaba la parálisis con precisión, permitiéndole respirar y tragar, acercando la comida con paciencia y luego la botella a sus labios, cuidando que no se ahogara.

Ney: No tienes por qué cargar con el peso de la culpa tú solo… cuando se supone que no lo estás…

Esas palabras lo sacudieron; eran frases que solo había escuchado de sus compañeros, pero esa en particular… pertenecía a su líder, al primer héroe, al Monarca de la Esperanza. Tras beber y comer, Pato reunió fuerzas para hablar.

Pato: ¿Acaso conoces a Leon…?

Ney sonrió, aunque por un instante su expresión se tornó incómoda, incluso levemente molesta; aun así, guardó con calma lo restante en su bolso, tomándose su tiempo mientras el silencio se volvía pesado. La mente de Pato se llenaba de preguntas, de ansiedad, de necesidad de respuestas sobre el destino de su líder, pero lo que recibió no era lo que esperaba.

Ney: Pues… no me acuerdo, jejeje…

Pato quedó completamente en shock; no podía creer que una pregunta tan importante terminara en una respuesta así. Ney comenzó a reír de forma genuina, ligera, casi contagiosa, y al ver la expresión de Pato, su risa se intensificó. Él, aunque molesto, no pudo evitar reaccionar; aquella risa era libre, despreocupada, sin miedo ni peso, y eso le provocó primero alivio… y luego envidia. Ney finalmente dejó de reír y lo miró nuevamente.

Ney: Veo que sabes sonreír… al menos es un avance, ¿no crees? jejeje…

Pato sostuvo la mirada, aún con una leve sonrisa involuntaria; la parálisis desapareció y dejó escapar un suspiro resignado. Era evidente que ella no se iría hasta asegurarse de que estuviera bien, así que, sin discutir, tomó un delantal y una cinta para el cabello y se los entregó.

Pato: Si vas a estar aquí… mínimo mantente segura. No quiero accidentes.

El ambiente del lugar, que hasta hacía poco estaba cargado de pesadez y abandono, comenzó a cambiar de forma casi imperceptible. No fue algo inmediato ni dramático, sino más bien una transición lenta, como si el aire mismo se aligerara con cada pequeño gesto.

Ney no parecía tener intención alguna de marcharse. Tras colocarse el delantal y sujetar su cabello con la cinta, adoptó una actitud sorprendentemente decidida, como si realmente fuera a integrarse al trabajo del lugar. Sin embargo, su comprensión de la herrería era… cuestionable.

Al principio, observaba con atención cada movimiento de Pato, inclinándose ligeramente, entrecerrando los ojos, como si intentara descifrar un lenguaje complejo. Pero esa concentración duraba poco. No tardaba en imitar lo que veía… con resultados poco precisos. Tomaba herramientas incorrectas, las utilizaba en momentos inadecuados o simplemente las sostenía sin saber exactamente qué hacer con ellas.

En más de una ocasión, estuvo a punto de interrumpir procesos delicados: mover piezas que aún no debían tocarse, acercarse demasiado al calor o incluso intentar “arreglar” algo que claramente no estaba roto. Su forma de ayudar era torpe, desordenada… pero curiosamente constante.

Pato, por su parte, intentó ignorarla al principio. Se concentraba en su trabajo, en el sonido del metal, en el ritmo de su martillo. Pero la presencia de Ney hacía imposible mantener el mismo vacío mental de antes. Siempre había un pequeño ruido fuera de lugar, un movimiento inesperado o una acción que lo obligaba, aunque fuera mínimamente, a reaccionar.

Un suspiro aquí. Una corrección silenciosa allá. En algún momento, incluso comenzó a apartarle suavemente las manos de donde no debía estar, sin pensarlo demasiado.

Y sin darse cuenta, eso ya era un cambio.

Las horas avanzaron, y con ellas, el ritmo del trabajo comenzó a estabilizarse. Ney dejó de intentar hacerlo todo y empezó, de forma casi instintiva, a ocuparse de tareas más simples: limpiar superficies, organizar herramientas, sostener piezas cuando era necesario. Aunque seguía equivocándose, su presencia ya no era un obstáculo constante.

Incluso había momentos en los que parecía hacerlo bien.

El sonido del martillo de Pato, aunque aún firme, había cambiado. Ya no era un golpe cargado únicamente de frustración o dolor; había pausas más naturales, menos violencia en cada impacto. Su respiración se volvió más estable, menos forzada.

El calor seguía siendo intenso, el trabajo igual de exigente… pero algo en él se había suavizado.

En ciertos momentos, Ney simplemente se quedaba cerca, observándolo en silencio, apoyada en alguna superficie, balanceándose ligeramente sobre sus pies, como si no tuviera prisa por estar en otro lugar. No decía nada, no intervenía… solo estaba ahí.

Y esa simple presencia comenzaba a llenar el vacío.

Hubo pequeños incidentes, inevitables. Un recipiente mal colocado que terminó derramando material, una herramienta que cayó con un ruido seco, incluso un intento fallido de levantar algo demasiado pesado que terminó con ella perdiendo el equilibrio. Nada grave… pero lo suficiente como para romper la monotonía.

En una de esas ocasiones, Pato reaccionó más rápido de lo esperado, sosteniendo la pieza antes de que cayera por completo. No hubo palabras, solo un breve cruce de miradas. Pero en ese instante, algo en su expresión ya no era el mismo vacío de antes.

El tiempo continuó avanzando.

La luz cambió, el calor bajó levemente y el lugar, que antes parecía muerto, ahora tenía movimiento, ritmo… vida. No era una recuperación completa, ni mucho menos. El peso seguía ahí, el dolor no había desaparecido.

Pero ya no estaba solo.

Y aunque no lo admitiera, aunque ni siquiera lo entendiera del todo, la presencia torpe, insistente y extrañamente cálida de Ney estaba haciendo algo que ni los dioses, ni el sistema, ni su propia voluntad habían logrado hasta ese momento.

Lo estaba sacando, poco a poco, de ese abismo silencioso en el que se había encerrado, por primera vez en mucho tiempo se sentia feliz, y veia un rayo de esperanza en este mundo perdido, pero sabia que Ney se iria apenas este se viera feliz, asi que empezo a fingir amargura y vacio ante ella, pero esto lo noto perfectamente, tomando a este de sus mejillas, para luego sonreirle con calidez

Ney: es tiempo de que me vaya pequeño patito..

Este cuando escucho eso fue como recibir una puñalada en el corazon, este la tomo del brazo bruscamente, como cuando un niño siente el miedo de que su madre se vaya de su lado, esta tomo suavemente la mano de este, para ponerla en sus mejillas con calidez, era una charla sin palabras, algo que solo aquellos que an sentido la calidez del cariño humano podrian entender, sus miradas conectadas como si estuvieran vinculados a travez de algo mas alla del tiempo y el espacio, entendio pato que esto no seria bueno, ella lo salvo de su dolor, pero no lo hizo para que este dependa de ella y caiga a otro abysmo sin final, lo hizo para que pueda continuar el solo con sus demonios, por lo que este solo le dio una pequeña sonrisa a la mujer frente a el.

Pato: mas te vale volver a visitarme..

Esta solo solto sus manos, para alejarse de este e irse por donde vino, no sin antes de cerrar aquella vieja puerta devolver la mirada para sonreirle, e irse sabiendo que este esta bien por si mismo, ahora no martilla con dolor, martilla y crea objetos esperando un dia volver a verla, y quizas cuando regrese, ya sea en un mundo lleno de paz donde puedan simplemente ir y tomar un cafe, en lugar de pasar el dia en un lugar tan apagado como su herreria..

Mientras tanto fuera de la herreria, Nya salio tranquilamente, encontrandose de manera discreta con una persona que se escondia en la oscuridad, esta tenia un cabello blanco largo, pero su rostro era tapado por una capucha oscura, preguntadole a nya, si consiguio lo que se pidio

Nya: el esta bien.. pero quizas abria servido mas, si hubieras ido tu

Este solo se quedo en silencio ante su respuesta, solo mirando al cielo, mientras ambos quedan en silencio, notandose una cicatriz que se deja ver sobre el rostro del individuo, a lo cual este solo responde.

???: no es el momento, para reuniones, y sin que sepan quien soy, estan mejores..

Este simplemente se quita la capucha dejando ver su rostro, mientras miraba a Nya, con el lado de su rostro el cual aun se matiene sano, lleno de pureza y belleza, mientras su cabello brilla intensamente con la luz de aquella luna blanca, mientras solo le da unas ultimas palabras a Nya

???: Solo debes prepararte, para cuando esa persona, regrese a la ciudad, en ese momento, revelaremos nuestras intenciones, pero no podemos dejar, que ellos caigan de forma tan patetica… aun no..

Sinceramente, esto lo escribi, porque siento que mis personajes deben verse mas humanos, y me gustaria que no solo sean peleas y momentos graciosos, estos capitulos los tomare para desarrollar a mis personajes

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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