EL INMORTAL - Capítulo 1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: EL COMIENZO 1: EL COMIENZO El laboratorio estaba en silencio.
No un silencio vacío, sino uno cargado, tenso, como si el aire mismo supiera que algo estaba a punto de romperse.
Sebastián Álvarez permanecía de pie frente al núcleo experimental, observando las lecturas que se desplazaban sin descanso en las pantallas.
Líneas de números, fórmulas y simulaciones se superponían unas sobre otras con una lógica que solo unos pocos en el mundo podían seguir… y él era uno de ellos.
Había pasado su vida preparándose para ese momento, aunque nunca lo había admitido en voz alta.
Desde niño había sido distinto.
No porque fuera un prodigio natural, sino porque no podía detenerse.
Cuando otros se cansaban, él continuaba.
Cuando otros aceptaban una respuesta, él preguntaba por qué.
Historia antigua, física teórica, química, matemáticas, ingeniería mecánica, metalurgia artesanal, idiomas modernos y lenguas muertas… no había disciplina que no hubiera tocado, aunque fuera por pura curiosidad.
—El conocimiento no sirve si no se aplica —murmuró, ajustando un parámetro en la consola.
Ese pensamiento lo había acompañado siempre.
No quería saber por saber.
Quería entender para construir, para cambiar, para trascender.
El experimento frente a él no era magia, ni una fantasía peligrosa.
Era el resultado de décadas de teorías acumuladas, pruebas controladas y pequeños avances invisibles para el mundo exterior.
Energía, materia y tiempo… no como conceptos separados, sino como una sola ecuación aún incompleta.
Un error minúsculo.
Un desfase de microsegundos.
Nadie lo habría notado a tiempo.
El zumbido comenzó como una vibración baja, casi imperceptible.
Luego creció.
Las luces parpadearon.
Sebastián abrió los ojos con calma, sin pánico.
Había aceptado desde hacía años que todo avance real exigía un precio.
—Así que… así termina —dijo con una sonrisa cansada.
No hubo explosión.
No hubo fuego.
Solo una presión insoportable, como si el universo se plegara sobre sí mismo, y luego… nada.
El calor fue lo primero.
Un calor real, brutal, sin filtros ni aire acondicionado.
Sebastián aspiró con fuerza y el aire le quemó los pulmones.
Tosió, girándose sobre algo duro y áspero.
La luz del sol le atravesó los párpados incluso antes de abrirlos por completo.
Cuando lo hizo, el mundo no tenía sentido.
El cielo era demasiado azul.
El sol, demasiado intenso.
El aire olía a tierra húmeda, a humo y a vegetación viva.
No había edificios, ni cables, ni sonidos mecánicos.
Solo el viento, insectos, aves lejanas… y voces humanas hablando un idioma que no debería comprender.
Intentó incorporarse y lo hizo con una facilidad inquietante.
Su cuerpo se movía… distinto.
Miró sus manos.
No eran las de un académico de treinta y tantos años.
Eran más pequeñas, más firmes, con callos bien definidos y cicatrices antiguas.
Sus brazos eran delgados, pero tensos, como cuerdas entrenadas.
Su respiración era profunda, natural, sin la menor señal de fatiga.
—¿Qué…?
—su voz salió grave, joven, fuerte.
Bajó la mirada y vio su torso cubierto apenas por piel curtida y fibras vegetales.
Llevaba un taparrabos reforzado, sandalias rudimentarias y collares hechos de hueso y piedra.
Al girar la cabeza, vio chozas de barro y madera, lanzas apoyadas contra troncos, escudos de cuero, y al fondo… agua.
Un lago enorme.
Reconoció ese paisaje incluso antes de que su mente terminara de aceptar lo imposible.
El Valle de México.
No como lo había visto en libros o mapas antiguos… sino vivo, salvaje, intacto.
Entonces ocurrió.
Memorias que no eran suyas se deslizaron dentro de su mente como una marea inevitable.
No fue doloroso.
Fue… invasivo.
Caza en los humedales.
Sangre sobre piedra.
Entrenamientos con lanza y macuahuitl.
Miedo.
Orgullo.
Hambre.
Lealtad tribal.
No había perdido sus recuerdos.
Los había añadido.
Sebastián entendió con una claridad aterradora lo que había sucedido.
Había muerto.
Y había vuelto a nacer.
No como un niño indefenso, sino como un joven de quince años, ya formado, ya endurecido por un mundo sin misericordia.
Un guerrero de una tribu menor, en una región donde la guerra era constante y la supervivencia dependía de la fuerza y la astucia.
Año I antes de Cristo.
No había calendario que lo anunciara, pero él lo sabía.
Porque la historia era suya.
Porque cada detalle coincidía.
Porque había estudiado este periodo no como un mito, sino como una secuencia de decisiones humanas.
Se sentó lentamente, observando a su alrededor con nuevos ojos.
No había dioses bajando del cielo.
No había voces divinas.
No había una misión escrita.
Solo él.
Y un mundo que aún podía moldearse.
Sebastián rió en voz baja, una risa seca, incrédula, pero sincera.
—Esto es absurdo… —susurró—.
Absolutamente absurdo.
Y, sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, se sentía completo.
No tenía laboratorio.
No tenía tecnología moderna.
No tenía aliados conscientes de lo que era.
Pero tenía algo mucho más peligroso.
Conocimiento.
Sabía cómo evolucionaban las sociedades.
Sabía por qué los imperios caían.
Sabía cómo la metalurgia podía cambiar una guerra, cómo la organización vencía al número, cómo la agricultura sostenía ejércitos, cómo la religión podía unir o destruir pueblos enteros.
Y sabía algo más.
Si el mundo iba a ser cruel… Entonces él sería peor.
Se levantó por completo.
Su cuerpo respondió con una energía que lo sorprendió incluso a él.
No había dolores, ni limitaciones.
Era joven.
Fuerte.
Vivo.
—No vine aquí para sobrevivir —dijo en voz baja, como si el viento pudiera escucharlo—.
Vine para construir algo que dure.
Miró el lago.
Miró las chozas.
Miró a la gente que caminaba sin saber que la historia acababa de desviarse.
No sabía aún que su cuerpo dejaría de envejecer.
No sabía que los siglos pasarían y su rostro no cambiaría.
No sabía que sería amado, temido, deseado y odiado por generaciones.
Pero en ese instante tomó una decisión que nunca abandonaría.
No sería un rey por sangre.
No sería un dios por mentira.
Sería un arquitecto del mundo.
Y así, en silencio, sin trompetas ni profecías, comenzó la historia del inmortal.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com