EL INMORTAL - Capítulo 11
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11: Estabilidad 11: Estabilidad La guerra terminó sin una fecha clara.
No hubo tratado solemne ni una última batalla que pudiera marcarse en el Calendario del Sol como el fin.
Simplemente, un año pasó sin que nadie levantara armas contra el Imperio.
Luego otro.
Y otro más.
Las fronteras dejaron de moverse.
Las rutas comerciales comenzaron a repetirse con la regularidad de una respiración tranquila.
Sebastián notó el cambio antes que nadie.
No porque estuviera atento al peligro, sino porque llevaba décadas esperando ese momento: el instante en que ya no fuera necesario reaccionar.
—Si seguimos gobernando como si la guerra fuera a volver mañana —dijo ante el Consejo Imperial—, nunca construiremos algo que dure cien años.
No levantó la voz.
No necesitó hacerlo.
La decisión que tomó entonces no fue militar.
Fue arquitectónica.
Año 63 del Sol – Tiempo de Siembra.
El castillo que no es fortaleza Sebastián eligió personalmente el lugar.
No era el punto más alto.
No era el más inaccesible.
No era el más defensivo.
Era el más central.
Una elevación natural cercana a Tollan-Sol, visible desde lejos, conectada a las rutas principales, con acceso a agua y piedra.
Allí anunció la construcción del Castillo del Sol Permanente.
No lo llamó palacio.
—Los palacios glorifican al gobernante —dijo—.
Un castillo protege al Estado.
El diseño fue deliberado y extraño para muchos.
Sebastián pidió algo que nadie había visto antes: •Base mesoamericana: plataformas escalonadas, patios amplios, simetría ritual.
•Estructura gótica primitiva: arcos altos, muros gruesos, torres verticales, bóvedas simples.
No por estética.
Por funcionalidad.
El castillo no sería solo residencia imperial.
Sería: •centro administrativo.
•archivo histórico.
•escuela superior.
•tribunal.
•y símbolo visible de permanencia.
—Quiero que quien lo vea —dijo Sebastián— entienda que esto no se va a mover.
La construcción tomó años.
Sebastián no supervisó cada piedra.
Solo corrigió cuando el concepto se desviaba.
Año 65–70 del Sol El Imperio se conecta Con la guerra resuelta, el siguiente enemigo fue el aislamiento.
Sebastián lo había visto antes, en otra vida y en otros libros: los imperios no caen por invasión externa, sino porque sus partes dejan de comunicarse.
Ordenó entonces el mayor proyecto civil hasta ese momento: La Red Imperial de Caminos del Sol.
No simples senderos.
Carreteras.
•Niveladas.
•Drenadas.
•Señalizadas con hitos del Calendario del Sol.
•Con puestos de descanso cada jornada de camino.
Las carreteras conectaron: •la capital.
•las ciudades principales.
•los puertos.
•las zonas agrícolas.
El comercio se aceleró.
El control también.
El Imperio empezó a sentirse como una sola entidad, no como territorios unidos por fuerza.
El fin de los bandidos.
La consecuencia fue inmediata.
Donde hay caminos, hay tránsito.
Donde hay tránsito, hay bandidos.
Sebastián no respondió con terror indiscriminado.
Respondió con opciones.
A los bandidos capturados se les ofrecía: 1.Trabajo forzado en obras públicas durante ciclos definidos.
2.Integración al ejército como unidades auxiliares.
3.Expulsión total del territorio imperial.
La reincidencia se castigaba con dureza.
No con espectáculo.
Con certeza.
En menos de diez años, el bandidaje dejó de ser una profesión viable.
La seguridad se volvió normal.
Eso fue más impactante que cualquier victoria militar.
Educación: reforzar lo básico, sostener lo avanzado.
Sebastián nunca creyó en la educación elitista.
—Un Imperio ignorante solo produce soldados —decía—.
Uno educado produce estabilidad.
Se reforzó la educación básica obligatoria: Hasta lo que ellos llamaban Sexto Ciclo del Saber (equivalente a sexto de primaria): •Lectura y escritura fluida.
•Matemáticas prácticas.
•Historia imperial.
•Calendario del Sol.
•Principios morales de la Iglesia del Sol.
•Higiene y cuidado comunitario.
Para quienes destacaban, existían escuelas avanzadas: •administración.
•ingeniería.
•logística.
•medicina básica.
•arquitectura.
No universidades.
Pero sí formación estatal sólida.
El conocimiento dejó de depender de personas.
Se volvió institucional.
Año 75 del Sol.
El castillo terminado.
El Castillo del Sol Permanente se inauguró sin celebración masiva.
Sebastián caminó solo por sus patios la primera noche.
Tocó los muros.
Piedra real.
Trabajo real.
Tiempo real.
No era una fantasía.
Era una estructura pensada para durar siglos.
Por primera vez desde la muerte de Itzel, Sebastián sintió algo cercano a la calma.
Salto temporal.
Año 75 → Año 125 del Sol (≈ 74 d.C.
→ 124 d.C.) El Imperio dejó de expandirse territorialmente.
Y empezó a multiplicarse demográficamente.
Las razones fueron simples: •No había sacrificios humanos.
•La comida era abundante.
•Las rutas eran seguras.
•La ropa era accesible.
•La higiene era norma.
•La educación reducía la mortalidad.
Las familias crecieron.
Los niños sobrevivieron.
La esperanza de vida aumentó.
En cincuenta años: •La población pasó de decenas de miles a cientos de miles.
•Nuevas ciudades surgieron a lo largo de las carreteras.
•La agricultura se volvió intensiva y planificada.
•El comercio interno superó al externo.
Sebastián siguió igual.
Eso ya nadie lo discutía.
El hijo y el nieto.
Acolmiztli envejecía.
Pero lento.
Demasiado lento para los registros normales.
A los ochenta y tantos ciclos del Sol, seguía gobernando con claridad mental y fuerza suficiente.
El Imperio lo aceptaba como algo excepcional, pero no sobrenatural.
Su hijo —el nieto de Sebastián— crecía normal.
Eso tranquilizó a Sebastián.
Y lo inquietó al mismo tiempo.
Epílogo del capítulo En el Año 125 del Sol, Sebastián subió a la torre más alta del castillo.
Desde allí vio carreteras, campos, ciudades, humo de hogares, no de guerra.
El Imperio ya no dependía de su mano directa.
Eso era bueno.
Eso era peligroso.
—Ahora viene la parte difícil —murmuró—.
Mantenerlo vivo cuando ya nadie recuerda por qué se creó.
El Calendario del Sol siguió avanzando.
Y por primera vez, Sebastián pensó seriamente en desaparecer… no del mundo, sino del centro de la historia.
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