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EL INMORTAL - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 CORDOBA V
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29: CORDOBA V 29: CORDOBA V Primavera de 1045 d.C.

/ Año 995 del Sol Córdoba no se despidió.

Las ciudades verdaderamente grandes no lo hacen.

Siguen respirando igual el día que alguien llega y el día que alguien se va.

Sus calles no recuerdan nombres, solo hábitos.

Tēcuani entendió eso cuando, al amanecer de un día templado de primavera, la comitiva cruzó una de las puertas sin llamar la atención de nadie que no tuviera un interés inmediato.

Eso era exactamente lo que quería.

Habían pasado casi dos años desde su llegada, y la ciudad había cumplido su función.

Los últimos envíos habían salido semanas antes: planos corregidos, herramientas refinadas, libros seleccionados con criterio estricto.

No quedaba nada esencial por obtener sin empezar a atraer una curiosidad innecesaria.

Y la curiosidad, a largo plazo, siempre cobraba un precio.

Antes de partir definitivamente, Tēcuani se reunió por última vez con los mercaderes imperiales que operaban en la región.

No fue una reunión formal ni prolongada.

Bastaron unas pocas instrucciones claras, dichas sin dramatismo.

—Durante los próximos años —les dijo—, no me busquen aquí.

—Si hay algo urgente, envíenlo al norte, por rutas secundarias.

—No acumulen.

No destaquen.

Córdoba ya dio lo que podía dar.

Nadie hizo preguntas.

Para entonces, los mercaderes imperiales entendían el ritmo del viaje mejor que cualquier explicación escrita.

Sabían cuándo expandir y cuándo dejar que una red se enfriara.

La familia viajó ligera.

Nada de grandes convoyes ni símbolos visibles.

Los niños, aún pequeños, se adaptaron al movimiento con una naturalidad que sorprendió incluso a Tēcuani.

Habían nacido en tránsito; el camino era, para ellos, algo normal.

Durante las primeras semanas, el viaje fue terrestre.

Campos, aldeas, ciudades menores.

Tēcuani observaba sin detenerse demasiado.

Ese tramo no era para aprender, sino para descomprimir.

Córdoba había sido intensa; necesitaba distancia antes de enfrentar otro foco cultural distinto.

Fue en ese trayecto cuando tomó la siguiente decisión estratégica.

No iría de inmediato a otro centro de saber comparable.

No a Bizancio.

No a Roma.

No aún.

El siguiente país debía mostrarle otro tipo de poder.

No el intelectual.

No el mercantil puro.

Sino el territorial.

Por eso, cuando finalmente se desvió hacia el noreste, el destino quedó claro.

Siguiente país: Reino de Francia (Francia Occidental) Zona de entrada: regiones del norte, conectadas a rutas fluviales y comerciales.

Época: reinado feudal fragmentado, autoridad dispersa, poder basado en tierra y vasallaje.

Tēcuani sabía lo que iba a encontrar allí.

No grandes bibliotecas abiertas.

No debates públicos constantes.

Sino castillos, campos, campesinos y señores locales con autoridad absoluta en territorios pequeños.

Un mundo donde el conocimiento existía, pero estaba encerrado; donde la fuerza y la tradición pesaban más que el argumento.

Eso lo hacía peligroso… y necesario de entender.

—Si el Imperio alguna vez enfrenta algo parecido —pensó—, será aquí donde encontremos las respuestas.

Antes de cruzar definitivamente a tierras francesas, envió un último mensaje al continente, breve y preciso: Córdoba cerrada.

Método consolidado.

Siguiente fase: poder territorial fragmentado.

No intervenir.

Solo observar y recopilar.

El Imperio seguiría funcionando sin él.

Las obras en la capital avanzarían.

Las pruebas técnicas continuarían.

Nada dependía ya de su presencia constante.

Eso era, quizá, su mayor logro.

Al entrar en el nuevo territorio, el contraste fue inmediato.

Menos ciudades grandes.

Más fortalezas aisladas.

Menos comercio fluido.

Más control local.

Cada camino parecía pertenecer a alguien distinto, cada puente exigía permiso o pago.

Tēcuani no sonrió, pero sintió interés genuino.

—Aquí —pensó— el poder no se compra.

—Se hereda… o se arrebata.

El viaje entraba en otra fase.

Córdoba había sido el lugar donde se definió el método.

Francia sería el lugar donde entendería los límites de ese método.

Y con tres hijos, un Imperio creciendo al otro lado del mundo y un continente entero aún por recorrer, Tēcuani avanzó sin prisa, pero sin duda.

El camino seguía abierto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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