EL INMORTAL - Capítulo 3
- Inicio
- Todas las novelas
- EL INMORTAL
- Capítulo 3 - 3 EL TIEMPO EMPEZO A TENER NOMBRE
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: EL TIEMPO EMPEZO A TENER NOMBRE 3: EL TIEMPO EMPEZO A TENER NOMBRE El primer invierno llegó sin anunciarse.
No hubo un día exacto en que el frío “comenzara”.
Solo una mañana en la que el viento sopló distinto, en la que el lago amaneció más silencioso y la gente tardó más en salir de sus chozas.
Sebastián lo notó de inmediato.
No por intuición, sino por costumbre.
Había leído suficientes crónicas antiguas para saber que las sociedades primitivas no morían por guerras, sino por no entender el tiempo.
El tiempo sin nombre es un enemigo invisible.
Fue esa mañana cuando tomó otra decisión que cambiaría todo.
Año 1 del Sol – Primer Ciclo de Frío.
Sebastián reunió a los ancianos, a los cazadores, a los agricultores y a varios jóvenes alrededor del espacio central de la aldea.
No los llamó por autoridad.
Los llamó porque ya se había ganado algo más fuerte: atención.
En el suelo, con un palo, comenzó a trazar líneas.
—El mundo no cambia al azar —dijo—.
Se mueve en ciclos.
Dibujó un círculo.
—Este es el Sol.
No como dios… sino como medida.
Algunos fruncieron el ceño, pero nadie lo interrumpió.
—Cuando el Sol camina de esta forma —trazó una línea más corta—, el frío llega.
Cuando camina así —otra más larga—, la lluvia.
Y cuando está aquí —marcó otro punto—, es tiempo de sembrar.
No habló de astronomía compleja.
No habló de órbitas ni inclinaciones.
Habló de lo que todos ya sentían, pero nunca habían ordenado.
—Si entendemos el tiempo, dejamos de temerle.
Así nació el Calendario del Sol.
No fue impuesto.
Fue enseñado.
Sebastián dividió el año en cuatro grandes temporadas, fáciles de recordar, ligadas a la vida diaria: 1.
Tiempo de Frío – reposo, reparación, planeación.
2.
Tiempo de Lluvia – preparación de la tierra.
3.
Tiempo de Siembra – trabajo intenso.
4.
Tiempo de Cosecha – abundancia y almacenamiento.
Cada temporada se subdividía en ciclos más pequeños, a los que llamó días del Sol, marcados por la salida y caída del astro.
No usó nombres complicados.
No usó símbolos religiosos.
Usó lógica.
La gente empezó a repetirlo.
Y el tiempo, por primera vez, dejó de ser confuso.
Año 2 del Sol – El inicio de la lectura.
Sebastián sabía que nada de eso sobreviviría si dependía solo de la memoria oral.
Así que atacó el problema desde la raíz.
El lenguaje.
Las lenguas mesoamericanas eran ricas, complejas, bellas… pero difíciles de sistematizar rápidamente para la escritura cotidiana.
Sebastián no intentó reemplazarlas.
Hizo algo más peligroso.
Introdujo una herramienta.
—Esto no es nuestra lengua —explicó—.
Es solo una forma de dejar marcas que cualquiera pueda aprender.
Usó sonidos simples.
Letras claras.
Trazos rectos y curvas fáciles.
No lo llamó “español”, porque ese concepto aún no existía para ellos.
Lo llamó Lengua del Registro.
Sirvió para: •Contar.
•Anotar cosechas.
•Registrar nacimientos.
•Marcar deudas.
•Enseñar.
Los niños aprendieron primero.
Siempre lo hacen.
Luego los adultos.
No todos querían aprender a leer.
Pero todos querían entender los registros que ahora decidían repartos, turnos y trabajos.
Leer dejó de ser un lujo y se volvió una necesidad.
Sebastián enseñaba por las tardes, bajo sombra, con tablillas de madera y carbón.
—Esto es uno.
—Esto es dos.
—Esto es más que dos.
Las matemáticas simples llegaron sin resistencia.
Año 3 del Sol – El peso de los números.
Con números, llegó el orden.
Sebastián introdujo operaciones básicas sin nombrarlas como tales.
Sumar comida.
Restar pérdidas.
Multiplicar esfuerzo.
Dividir recursos.
—Si diez hombres trabajan dos días —decía—, ¿qué ocurre si veinte trabajan uno?
La gente comenzó a pensar distinto.
El comercio interno se volvió más justo.
El almacenamiento más preciso.
Nadie necesitaba confiar ciegamente: los números no mentían.
Y con los números, llegó algo inesperado.
Ambición.
Año 4 del Sol – Herrería y fuego.
El metal ya existía en la región, pero era tratado casi como algo ritual.
Sebastián lo bajó del pedestal.
—El metal no es sagrado —dijo—.
Es útil.
Comenzó con lo básico: cobre.
Mostró cómo identificar vetas, cómo extraer sin derrumbar túneles, cómo fundir sin desperdiciar material.
No hizo espadas legendarias.
Hizo herramientas.
Luego vino la plata.
—No para armas —aclaró—.
Para intercambiar.
El oro también, pero nunca como símbolo divino.
—El jade —dijo finalmente— no sirve para comprar.
Sirve para recordar.
Reservó el jade para rituales, no de sangre, sino de memoria.
Piedras grabadas con fechas del Calendario del Sol.
Eventos importantes.
Pactos.
La historia empezó a quedarse.
Año 6 del Sol – Ganadería y permanencia.
La caza ya no bastaba.
Sebastián introdujo la idea de mantener animales vivos, no solo matarlos.
Domesticación simple.
Control.
Reproducción.
No fue fácil.
Hubo pérdidas.
Enfermedades.
Errores.
Pero funcionó.
La comida se volvió constante.
Predecible.
La aldea dejó de pensar en el mañana inmediato.
Empezó a pensar en el siguiente año del Sol.
Año 10 del Sol – Tiempo de Cosecha.
La aldea ya no era una aldea.
Tenía: •Registros escritos.
•Calendario funcional.
•Educación básica.
•Oficios definidos.
•Comercio interno.
•Defensa organizada.
Sebastián caminaba por las calles que él mismo había ayudado a trazar años atrás.
La gente lo saludaba con respeto, no con miedo.
Los niños sabían leer fechas.
Los adultos hablaban de planes.
Y él… seguía viéndose igual.
No lo notó aún.
Estaba demasiado ocupado viendo cómo el tiempo, finalmente, obedecía.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com