Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

EL INMORTAL - Capítulo 35

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. EL INMORTAL
  4. Capítulo 35 - 35 FLORENCIA l
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

35: FLORENCIA l 35: FLORENCIA l Primavera de 1047 d.C.

/ Año 997 del Sol Italia se anunciaba antes de verse.

No por banderas ni fronteras claras, sino por el ruido.

Voces en múltiples acentos, martillos golpeando piedra, comerciantes discutiendo precios con una intensidad que rozaba la violencia sin llegar a ella.

El mundo aquí no se organizaba alrededor de la tierra ni de títulos antiguos, sino alrededor de algo mucho más móvil: el intercambio.

Tēcuani lo comprendió al cruzar las primeras rutas que conducían a la Toscana.

A diferencia de Francia, nadie preguntaba de quién era vasallo.

A diferencia del Sacro Imperio, nadie exigía permisos interminables.

Aquí, la primera pregunta era otra: —¿Qué traes?

—¿Qué sabes hacer?

—¿A quién conoces?

Habían llegado a Florencia.

Una ciudad sin rey Florencia no tenía rey, ni emperador residente, ni castillo dominante.

Tenía familias.

Bancos.

Talleres.

Consejos.

Poder repartido entre quienes sabían producir, financiar o mover mercancía.

Eso generaba tensiones constantes, pero también algo que Tēcuani reconoció de inmediato: velocidad.

Las decisiones se tomaban rápido.

No siempre bien, pero rápido.

Si una idea funcionaba, se replicaba.

Si fracasaba, se abandonaba sin demasiados remordimientos.

—Aquí el poder no se hereda solo —pensó—.

—Se demuestra cada día.

El dinero como lenguaje común La banca florentina era primitiva comparada con la imperial, pero sorprendentemente ágil.

Letras de cambio, préstamos comerciales, inversiones compartidas.

No había aún un sistema central sólido, pero sí confianza operativa.

Tēcuani no intervino directamente.

Observó.

Vio cómo un comerciante sin título podía arruinar a un noble endeudado.

Vio cómo un taller pequeño, si producía bien, encontraba financiamiento sin pedir permiso a nadie más que al riesgo.

Eso era peligroso… y fértil.

—Este mundo —pensó— crea genios y quiebras con la misma rapidez.

Talleres que experimentan A diferencia de los gremios germánicos, los talleres florentinos eran menos rígidos.

Seguían normas, sí, pero estaban dispuestos a probar variaciones.

Un nuevo pigmento.

Una técnica distinta de pulido.

Un formato diferente de libro .

El error no era pecado.

Era costo.

Tēcuani empezó a comprar libros con mayor libertad: geometría, contabilidad, tratados de arquitectura, manuscritos clásicos recuperados.

No los mejores ejemplares, pero sí muchos.

Florencia no protegía el conocimiento por miedo a perderlo.

Lo protegía por precio.

El arte como inversión Aquí, el arte no era solo devoción ni ornamento.

Era capital simbólico.

Las familias competían por prestigio encargando obras, financiando edificios, apoyando a pensadores.

Tēcuani observó algo crucial: el arte estaba dejando de mirar solo al cielo… y empezaba a mirar al hombre.

Proporción.

Anatomía.

Perspectiva.

Todo todavía imperfecto, pero claramente en transición.

—Esto —pensó— es el inicio de algo grande.

No intervino.

No corrigió.

No enseñó.

Sabía que hacerlo rompería el proceso.

Florencia necesitaba descubrir por sí misma.

La familia en un mundo vivo La ciudad era intensa, pero abierta.

Xōchitl, Lucia y Eadgyth sintieron el cambio enseguida.

Nadie las miraba con sospecha; las miraban con interés.

No por exotismo, sino por posibilidad comercial, cultural, social.

Los niños crecían rodeados de estímulos.

Lenguas distintas.

Música.

Colores.

Ideas.

El mayor hacía preguntas que no había hecho antes.

El segundo imitaba gestos de comerciantes.

El menor observaba, atento.

Tēcuani entendió que este lugar marcaría a sus hijos de una forma distinta.

Lo que sí se puede tomar Por primera vez desde Córdoba, Tēcuani decidió invertir tiempo real.

Envió al Imperio: •libros de contabilidad avanzada •tratados arquitectónicos •textos clásicos recuperados •ejemplos de contratos bancarios •pigmentos y técnicas artísticas Acompañó el envío con una nota breve pero clara: “Aquí el conocimiento se mueve rápido.” “Inestable, pero fértil.” “Observar sin intervenir.” El Imperio sabría cuándo y cómo usar eso.

Un presagio silencioso Florencia no era todavía lo que sería.

Pero estaba a punto.

Tēcuani lo sentía en cada conversación, en cada taller, en cada disputa entre familias poderosas.

Este lugar no necesitaba un empujón externo.

Solo tiempo… y acceso.

Y el Imperio, sin saberlo, ya formaba parte de esa red que estaba alimentando el cambio.

Cuando el sol se puso tras los tejados florentinos esa primavera, Tēcuani comprendió que este capítulo no sería corto.

Florencia merecía observación prolongada.

Aquí no se trataba de huir ni de probar límites.

Aquí se trataba de presenciar el nacimiento de una época.

El viaje continuaba, pero por primera vez, no hacia adelante… …sino hacia algo que estaba despertando

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo