Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

EL INMORTAL - Capítulo 54

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. EL INMORTAL
  4. Capítulo 54 - Capítulo 54: RETIRO lll
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 54: RETIRO lll

Año 1067 d.C. / Año 1017 del Sol

Quinto año del retiro

El quinto año del retiro no trajo sorpresas.

Y eso, para Tēcuani, fue la mayor confirmación de que el Imperio había cruzado un umbral invisible. Los grandes cambios ya no llegaban en forma de crisis ni de decisiones excepcionales, sino como ajustes silenciosos, casi imperceptibles, que nadie sentía la necesidad de atribuir a una sola voluntad.

El Imperio había aprendido a corregirse a sí mismo.

El tiempo como prueba

En la biblioteca privada, los libros seguían acumulándose. No por órdenes directas, sino por inercia institucional. Comerciantes imperiales traían manuscritos del mundo islámico, de Asia y de Europa sin pedir instrucciones especiales. Sabían qué comprar. Sabían qué copiar. Sabían qué traducir.

Los escribas ya no preguntaban “¿para quién es este libro?”.

Preguntaban “¿en qué sección encaja mejor?”.

Ese cambio de mentalidad era profundo.

Tēcuani hojeó un texto asiático sobre administración de graneros imperiales. No era superior a lo que el Imperio ya practicaba, pero aportaba variaciones útiles. Tomó nota mentalmente, no para imponer nada, sino para observar si algún funcionario llegaba a conclusiones similares por su cuenta.

Cada vez ocurría más seguido.

Una élite que ya no mira al fundador

Ese año se graduaron nuevas cohortes de jóvenes provenientes de familias de funcionarios, comerciantes y ramas secundarias de la familia imperial. Pasaron por el servicio obligatorio, fueron evaluados, y asignados según mérito.

Algunos esperaban destinos prestigiosos.

No todos los obtuvieron.

Y aun así, no hubo protestas relevantes.

La idea de que el Estado no debía nada a los apellidos se había filtrado tan profundamente que incluso las frustraciones se aceptaban como parte del orden. Eso no eliminaba la ambición, pero la canalizaba.

Tēcuani supo que el sistema estaba funcionando cuando vio a un descendiente lejano ser enviado a una guarnición fronteriza sin que nadie lo defendiera públicamente.

Ni siquiera él.

El ejército sin gestos heroicos

Los informes militares eran rutinarios.

Patrullas constantes.

Entrenamientos regulares.

Rotación de mandos.

Cero levantamientos internos.

La presencia de casi doscientos mil caballeros imperiales y cientos de miles de infantes no se sentía como una amenaza para la población. Era simplemente parte del paisaje político, como los caminos o los bancos.

La fuerza del Imperio no estaba en exhibiciones de poder, sino en su previsibilidad.

Cuando una unidad se movía, todos sabían por qué.

Cuando se detenía, también.

Ese tipo de ejército rara vez necesita combatir.

La ciudad que ya no recuerda el agua

Desde los corredores altos del castillo, la capital se veía distinta cada año. El lago retrocedía con disciplina, no con violencia. Donde antes había reflejos, ahora había barrios en crecimiento, trazados rectos, árboles jóvenes plantados con previsión.

Las zonas protegidas seguían intactas. Nadie las cuestionaba. Nadie intentaba ocuparlas ilegalmente. La idea de que ciertas áreas no se tocan se había convertido en norma cultural, no solo legal.

Eso era más poderoso que cualquier castigo.

El piano y el silencio compartido

Esa tarde, Tēcuani tocó el piano más tiempo de lo habitual. No porque tuviera algo que expresar, sino porque el silencio se había vuelto cómodo. Las notas llenaban el espacio sin exigir atención.

Una de sus esposas se sentó cerca, escuchando sin hablar. No hubo conversación sobre política ni sobre el pasado. Hablaron de un libro nuevo, de una escuela que había pedido instrumentos, de un joven pariente que parecía inclinarse más por la ingeniería que por la administración.

La vida seguía.

Y eso era algo que, siglos atrás, habría sido imposible imaginar para un fundador inmortal.

El mundo más allá del Imperio

Las noticias del exterior llegaban filtradas, sin urgencia.

Europa continuaba fragmentada.

El mundo islámico mantenía su brillo intelectual, pero perdía cohesión política.

Asia seguía siendo vasta, compleja, distante.

Nada de eso exigía una reacción inmediata del Imperio. Mientras sus rutas comerciales no fueran amenazadas y sus ciudadanos no fueran atacados, el Estado prefería observar antes que intervenir.

El poder real, pensó Tēcuani, está en no reaccionar por reflejo.

Una conclusión sin solemnidad

Al caer la noche, volvió a la biblioteca. Cerró un volumen y lo colocó con cuidado en su lugar. No había prisa por leer más.

Cinco años de retiro.

Cinco años sin decretos, sin discursos, sin presencia pública.

Y aun así, el Imperio no solo resistía: se refinaba.

“Si mañana desapareciera por completo,” pensó,

“el Estado no colapsaría.”

No lo pensó con tristeza.

Lo pensó con alivio.

Porque había aprendido, al fin, que el éxito de una obra no se mide por cuánto depende de su creador, sino por cuánto puede vivir sin él.

El Imperio seguía adelante.

El tiempo seguía su curso.

Y Tēcuani, por primera vez desde su reencarnación, comprendió que su mayor legado no había sido conquistar ni reformar, sino enseñar al mundo a continuar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo