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EL INMORTAL - Capítulo 59

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Capítulo 59: EUROPA DESCUBRE AMÉRICA

12 de octubre de 1492 d.C.

Año 1442 del Sol

El mar estaba en calma.

Las carabelas avanzaban con dificultad, cansadas tras semanas de incertidumbre, cuando finalmente apareció tierra en el horizonte. Para los hombres a bordo, aquello era salvación, promesa, y misterio al mismo tiempo.

Cristóbal Colón creyó, por un instante, que había llegado a las Indias.

No sabía —nadie en esas naves lo sabía— que había llegado a algo mucho más grande.

Las Bahamas no eran lo que esperaban

Las islas eran hermosas, sí. Aguas claras, vegetación abundante. Pero algo estaba… mal. No era la ausencia de civilización, sino todo lo contrario.

Había caminos.

Había muelles de piedra.

Había almacenes.

Y sobre todo, había orden.

Los hombres que descendieron a tierra no encontraron aldeas dispersas ni poblaciones desnudas y desorganizadas. Encontraron puestos administrativos, pequeñas guarniciones, escribanos que registraban mercancías y personas, y soldados armados que observaban sin hostilidad… pero con atención absoluta.

No atacaron.

No huyeron.

No se arrodillaron.

Simplemente miraron.

Un oficial local, vestido con telas finas pero prácticas, acompañado por dos soldados con lanzas de hierro y escudos sin ornamentación, preguntó algo que ninguno de los europeos entendió. Luego repitió, lentamente, en un castellano correcto, con un acento extraño pero claro:

—Identifíquense. Están en territorio del Imperio Mexicano.

El silencio en la playa fue absoluto.

La noticia cruza el mar

Colón comprendió de inmediato que algo había cambiado. No estaba ante pueblos aislados. Estaba ante un Estado.

Las naves fueron escoltadas. No retenidas. Escoltadas. Se les permitió agua, alimentos, reparaciones básicas. Todo registrado. Todo observado.

Pero no se les permitió avanzar libremente.

El informe fue enviado de inmediato. Primero a Cuba. Luego, por rutas internas del Imperio, hacia el corazón administrativo.

Cuba no era una colonia primitiva

Cuando las naves europeas llegaron a Cuba, la ilusión terminó de romperse.

Allí había un puerto imperial.

Murallas bajas pero gruesas.

Cañones costeros apuntando al mar.

Astilleros.

Barcos mercantes y navales.

Caballeros patrullando las zonas urbanas.

Calles pavimentadas.

Almacenes estatales.

Y banderas.

No cruces improvisadas. No estandartes tribales. Un símbolo estatal, repetido con exactitud: el águila con las alas extendidas, la corona, el nopal atravesado por dos espadas.

Los europeos fueron recibidos con cortesía distante. Nadie los insultó. Nadie los atacó. Nadie los veneró.

Fueron tratados como lo que eran: extranjeros no registrados.

El error de Europa

Colón creyó que había llegado primero.

Pero el Imperio llevaba siglos mirando al otro lado del océano, aunque sin necesidad de mostrarse.

Tenía mapas incompletos de Europa.

Tenía libros europeos traducidos.

Tenía conocimiento de reinos, lenguas, conflictos.

Europa, en cambio, no sabía nada real de América.

Y ese fue el error fatal.

En el corazón del Imperio

Cuando la noticia llegó a la capital —ya no la antigua, sino la ciudad levantada sobre el antiguo lago de Texcoco— no hubo pánico.

Hubo silencio.

El protagonista escuchó el informe completo. No interrumpió. No hizo preguntas innecesarias. Ya sabía que ese día llegaría. Lo había calculado siglos atrás, observando rutas, corrientes, ambición humana.

—Entonces —dijo finalmente—, ya ocurrió.

Los funcionarios esperaron órdenes.

No hubo guerra declarada.

No hubo cierre total.

No hubo celebración.

Solo una instrucción clara:

—Contacto controlado. Comercio limitado. Observación absoluta. Ningún extranjero se mueve sin permiso. Ninguna provocación. Ninguna humillación. Que entiendan que han llegado tarde… sin decírselo.

El mundo entra en una nueva era

Ese día, 12 de octubre de 1492, no fue el “descubrimiento” de América.

Fue el descubrimiento de Europa por parte de un Imperio que ya estaba preparado.

Las carabelas zarparían de vuelta con historias que nadie creería del todo: ciudades, cañones, disciplina, leyes, un poder organizado donde se esperaba caos.

Europa escucharía… y dudaría.

Pero ya era demasiado tarde.

El océano, que durante siglos había separado mundos, ahora los había unido.

Y el Imperio Mexicano estaba listo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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