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EL INMORTAL - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 VERDAD
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6: VERDAD 6: VERDAD El cambio no ocurrió de golpe.

Eso fue lo más inquietante.

Si Sebastián hubiera despertado una mañana con la piel distinta, con el rostro ajeno, con el cuerpo traicionándolo de forma evidente, lo habría aceptado como acepta cualquier anomalía: analizando causas, consecuencias y soluciones.

Pero el tiempo no actuó así con él.

El tiempo fue… educado.

Pasó a su lado sin tocarlo.

Año 22 del Sol – Tiempo de Cosecha Tollan-Sol ya no podía llamarse aldea sin mentir.

Las chozas originales habían sido reemplazadas por estructuras más sólidas: muros de piedra baja, madera reforzada, techos mejor inclinados para la lluvia.

Las calles, antes simples caminos de tierra, ahora tenían grava compactada.

Los canales de drenaje se habían ampliado y cubierto en varios tramos, evitando accidentes y malos olores.

Sebastián caminaba por la zona este, donde antes solo había terreno vacío.

Ahora se levantaban talleres de herrería, almacenes y espacios comunes para aprendizaje.

El sonido del metal golpeado se mezclaba con voces infantiles recitando números y letras.

Eso… eso era nuevo.

Una ciudad no se define por su tamaño, sino por su especialización.

Y Tollan-Sol estaba especializándose.

Año 23 del Sol – Tiempo de Lluvia.

Primer Anillo Urbano.

Sebastián propuso algo que, una generación atrás, habría parecido absurdo: dividir la ciudad en zonas.

—No todos los espacios sirven para todo —explicó—.

Mezclarlo todo crea conflicto.

El Primer Anillo Urbano rodeó el núcleo original de la aldea.

Allí se concentraron: •Viviendas.

•Escuelas básicas.

•Baños comunales.

•Mercados pequeños.

El núcleo central se reservó para: •Reuniones.

•Registros.

•Ceremonias civiles.

•Decisiones colectivas.

La periferia, aún en expansión, quedó destinada a: •Talleres.

•Ganadería.

•Depósitos.

•Tratamiento de fertilizante.

El crecimiento dejó de ser caótico.

Se volvió intencional.

Fue durante una de esas caminatas, revisando los límites del nuevo anillo, cuando Sebastián notó algo que llevaba tiempo evitando.

Un joven se acercó a saludarlo.

—Sebastián —dijo con respeto—.

Mi padre dice que te conocía cuando era niño.

Sebastián sonrió, por costumbre.

—Eso parece.

El joven lo observó con atención, sin mala intención.

—Dice que no has cambiado.

Sebastián se quedó quieto.

No lo corrigió.

No lo negó.

Solo asintió y siguió caminando.

Pero esa noche… no durmió.

Año 24 del Sol – Tiempo de Frío.

Sebastián comenzó a revisar registros antiguos.

No los de la ciudad.

Los suyos.

Tablillas con fechas, anotaciones personales, marcas de años pasados.

Comparó números.

Comparó nombres.

Comparó edades.

Itzel lo observaba en silencio.

—Estás buscando algo —dijo finalmente.

Sebastián apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Estoy fallando en encontrarlo.

Itzel no sonrió.

—Tu reflejo no falla —dijo—.

El mío sí.

Ella había cambiado.

No de forma dramática, pero perceptible.

Líneas nuevas.

Cansancio acumulado.

El cuerpo humano reclamando el paso de los ciclos del Sol.

Sebastián… no.

—Tal vez es la vida que llevo —murmuró—.

El trabajo, la disciplina.

Itzel negó con suavidad.

—El trabajo marca el cuerpo.

No lo detiene.

Esa noche, Sebastián escribió algo que no compartió con nadie: “Si el cuerpo no cambia, el tiempo deja de ser una medida fiable.” Año 25 del Sol – El límite invisible Fue el año en que dejó de engañarse.

No ocurrió nada especial.

Ningún dolor.

Ninguna sensación de ruptura.

Simplemente… no cambió más.

Mientras otros jóvenes se volvían hombres adultos, mientras los adultos comenzaban a encorvarse lentamente, Sebastián permaneció exactamente igual.

La misma fuerza.

La misma resistencia.

El mismo rostro.

Veinticinco ciclos del Sol.

Ese número se repitió en su mente como una constante.

—No envejezco —dijo en voz baja una noche.

No como una revelación.

Como una conclusión.

Itzel lo escuchó desde la entrada.

—Lo sabes desde hace tiempo —respondió—.

Solo no querías decirlo.

Sebastián cerró los ojos.

—No sé cuánto durará.

Itzel se acercó y apoyó la mano sobre su pecho.

—Entonces no desperdicies lo que sí cambia.

No hablaron más de ello.

Pero algo se había roto.

Y algo se había afirmado.

Año 27 del Sol – Tollan-Sol se declara ciudad El crecimiento ya no podía ocultarse.

Más de mil habitantes.

Rutas comerciales regulares con otros asentamientos.

Producción excedente de herramientas, alimentos y bienes simples.

Escuelas permanentes.

Registros archivados por ciclos completos del Sol.

Sebastián convocó a la asamblea general.

—Este lugar ya no es una aldea —dijo—.

Y fingir que lo es nos limita.

Propuso el reconocimiento oficial: Tollan-Sol, Ciudad del Tiempo Ordenado No como símbolo de grandeza.

Como responsabilidad.

La ciudad adoptó nuevos cargos: •Coordinadores de zona.

•Maestros permanentes.

•Encargados de saneamiento.

•Inspectores de obra.

Sebastián dejó de supervisarlo todo directamente.

Aprendió a delegar.

Porque sabía algo que nadie más sabía aún: Él estaría ahí mañana.

Y pasado mañana.

Y mucho después.

Pero la ciudad no podía depender de eso.

Año 30 del Sol – La sospecha se vuelve estrategia Sebastián ya no medía el tiempo solo en años.

Lo medía en generaciones.

Su hijo crecía rápido.

Demasiado rápido para su gusto.

Itzel envejecía con dignidad, con fortaleza, pero envejecía.

La ciudad se expandía más allá del Primer Anillo Urbano.

Nuevas murallas bajas comenzaban a levantarse, no por miedo, sino por organización.

Sebastián observaba todo desde una distancia nueva.

No como fundador.

Como constante.

—Si no envejezco —pensó—, entonces mi papel no es gobernar eternamente.

Esa idea lo acompañó durante noches enteras.

El cuerpo se había quedado.

La ciudad avanzaba.

Y Sebastián comprendió algo que lo estremeció más que la inmortalidad misma: El verdadero peligro no era vivir para siempre.

Era impedir que otros aprendieran a vivir sin él.

El Calendario del Sol marcaba el paso del tiempo.

Pero por primera vez, Sebastián entendió que el calendario… no estaba hecho para él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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