EL INMORTAL - Capítulo 66
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Capítulo 66: CAÍDA DEL SUR
Año 1580 d.C. / Año 1530 del Sol
El mundo ya se conocía.
No del todo, no con mapas perfectos ni verdades completas, pero lo suficiente como para que nadie pudiera fingir ignorancia. Europa comerciaba con el Imperio Mexicano desde hacía décadas. No con confianza plena, no con igualdad, pero sí con respeto cauteloso.
Sudamérica, en cambio, fue otra historia.
El error del sur
Mientras el Imperio Mexicano se consolidaba y cerraba su expansión, el sur del continente seguía fragmentado. Grandes culturas, sí. Antiguas, orgullosas, ricas en oro y plata… pero cerradas, verticales, dependientes de una sola voz.
El Imperio Inca era poderoso, pero rígido.
Europa aprendió rápido.
No atacaron al norte.
No tocaron el Caribe imperial.
No provocaron a quien ya había demostrado saber contar ejércitos, barcos y generaciones.
Miraron al sur.
La llegada
Cuando los españoles desembarcaron en tierras incas, no lo hicieron como exploradores ingenuos. Llegaron con experiencia americana, con caballos, con pólvora, con traiciones aprendidas y enfermedades ya conocidas.
El choque fue breve. Violento. Asimétrico.
No porque los incas fueran débiles, sino porque su estructura no estaba hecha para absorber el golpe. Un emperador capturado bastó para paralizar regiones enteras. La palabra del Inca era ley… y cuando esa ley cayó prisionera, el sistema se quebró.
Europa lo llamó conquista.
El Imperio Mexicano lo llamó colapso estructural.
La enfermedad
La viruela y otras fiebres recorrieron el sur con rapidez brutal. Ciudades enteras se vaciaron. Campos quedaron sin manos. El orden ancestral se deshizo antes de que pudiera adaptarse.
En el norte, el Imperio observaba.
No con indiferencia.
Con frialdad aprendida.
Habían sufrido epidemias siglos atrás. Habían documentado, aislado, resistido. El sur no tuvo ese margen.
La postura imperial
En 1580, los puertos del Imperio Mexicano estaban llenos de rumores.
—El sur ha caído.
—Los europeos gobiernan montañas de plata.
—Los antiguos dioses han sido derribados.
Los mercaderes imperiales anotaban.
Los funcionarios calculaban.
Los generales observaban mapas que no se movían.
El Imperio no intervino.
No porque no pudiera.
Sino porque no debía.
Sudamérica había sido advertida durante siglos. Se comerciaba con ella. Se compartía conocimiento. Se ofrecía integración gradual. Pero la respuesta siempre fue la misma: obediencia al Inca o nada.
Cuando Europa llegó, no había redes alternativas.
Europa aprende… a medias
Para 1580, Europa ya entendía algo esencial:
•No todos los pueblos americanos eran iguales.
•Algunos podían ser conquistados.
•Otros no.
España, Portugal, e incluso Inglaterra sabían que el Imperio Mexicano no era el sur. No improvisaron ataques. No enviaron ejércitos masivos. Prefirieron comercio, misiones, diplomacia tensa.
El oro del sur fluía hacia Europa.
El conocimiento del norte… no.
El contraste
Mientras Lima caía y Potosí ardía de extracción forzada, la capital imperial seguía creciendo con orden. Bibliotecas se ampliaban. Universidades se multiplicaban. Las carreteras se mantenían. El ejército entrenaba sin marchar.
Y en los registros imperiales, el año quedó anotado así:
“Año 1530 del Sol.
El sur ha sido tomado por hombres que no entienden la tierra que pisan.
El norte permanece.
No por fuerza.
Sino por estructura.”
El mundo dividido
En 1580, el continente americano ya no era uno.
Había:
•un norte organizado, soberano, paciente
•un sur sometido, explotado, fragmentado
•y una Europa convencida de que había ganado…
sin notar que había evitado la verdadera prueba
El Imperio Mexicano no celebró.
No lamentó.
Aprendió.
Porque entendió algo que Europa tardaría siglos en aceptar:
No todas las conquistas son victorias.
Y no todas las abstenciones son debilidad.
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