EL INMORTAL - Capítulo 68
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 68: APRENDIZAJE
Año 1592 d.C. / Año 1542 del Sol
(Punto de vista: un intelectual europeo)
Aprendí el Náhuatl Imperial por necesidad.
No por diplomacia, ni por comercio, ni siquiera por ambición. Lo aprendí porque, en esta tierra, el conocimiento no se traduce para el ignorante. Uno debe acercarse a él con las manos limpias y la lengua correcta.
Tardé cinco años.
Cinco años de estudio diario, de pronunciación corregida sin paciencia fingida, de textos técnicos leídos en voz alta ante maestros que no se impresionaban por mi latín ni por mis títulos europeos.
Cuando al fin me permitieron acceder sin intérprete a la biblioteca, comprendí que esos cinco años habían sido apenas la antesala.
La entrada
La biblioteca no anuncia su grandeza.
No hay estatuas colosales ni inscripciones gloriosas. Solo una puerta amplia, guardias inmóviles y un silencio que no pesa, sino que espera.
Al cruzarla, el aire cambia.
No por misticismo, sino por orden. Cada sonido parece saber dónde debe quedarse. Cada paso encuentra su lugar. No hay prisa. No hay urgencia.
Aquí, el tiempo no manda.
Lenguas que ya no hablan… pero siguen pensando
Los primeros estantes que visité no estaban dedicados al Imperio.
Estaban dedicados a lenguas muertas.
Griego antiguo.
Latín clásico.
Árabe medieval.
Chino clásico.
Lenguas de la India.
Lenguas del África oriental.
Idiomas europeos ya deformados por el tiempo.
Todos preservados.
No como reliquias sagradas, sino como fuentes de pensamiento.
Cada texto tenía tres capas:
1-El original, protegido, casi nunca tocado.
2-Una copia fiel.
3-Una traducción al Náhuatl Imperial, con anotaciones críticas.
No se veneraba la lengua.
Se respetaba la idea.
Un pasillo que me humilló
Entré al pasillo de matemáticas.
Siglo I al siglo XVI.
Creí conocerlo todo. Había estudiado en Padua. Había leído a Euclides, Arquímedes, Al-Juarismi. Me sentía preparado.
No lo estaba.
Aquí, los teoremas no estaban solos. Cada uno venía acompañado de:
•refutaciones
•mejoras
•aplicaciones prácticas
•errores históricos señalados sin piedad
Un margen decía:
“Este razonamiento fue aceptado durante 400 años
por respeto, no por verificación.”
Sentí calor en el rostro.
La historia sin héroes
Busqué historia.
No epopeyas.
No cantos.
No genealogías exageradas.
Historia administrativa.
Decisiones. Consecuencias. Fallos reconocidos.
Leí sobre guerras ganadas… y sobre guerras evitadas. Sobre leyes que funcionaron durante siglos… y sobre reformas que fracasaron.
Nadie ocultaba el error.
En Europa, el error se quema.
Aquí, se archiva.
La soledad del lector
Pasé horas —tal vez días— leyendo sin levantar la vista.
Nadie me apuró. Nadie me vigiló de forma visible. Pero sabía que estaba siendo observado. No como sospechoso. Como responsable.
En esta biblioteca, leer es un acto político.
Porque quien comprende, ya no puede fingir ignorancia.
La frase que no olvidaré
Encontré un manuscrito breve, casi escondido, atribuido a uno de los primeros reformadores imperiales. No llevaba nombre destacado.
Decía:
“Un imperio no cae cuando pierde territorio.
Cae cuando deja de corregirse.”
Cerré el libro con cuidado.
Comprendí entonces por qué esta biblioteca no ardía.
Por qué no temían herejías.
Por qué no perseguían ideas.
Porque ya habían sobrevivido a ellas.
Europa, vista desde aquí
Sentado en una mesa de lectura, rodeado de siglos de pensamiento humano, pensé en mi continente.
En nuestras disputas estériles.
En nuestras guerras por palabras.
En nuestros libros prohibidos.
Aquí, Europa no era el centro del mundo.
Era un capítulo más. Importante, sí. Pero no definitivo.
Y, por primera vez, no sentí humillación.
Sentí alivio.
Última anotación personal
Esa noche escribí en mi cuaderno, en Náhuatl Imperial:
“He cruzado un océano para aprender
que el saber no pertenece a ninguna tierra.
Solo algunos imperios
deciden cargarlo sin miedo.”
Cerré el cuaderno.
Y supe que, aunque algún día regresara a Europa,
una parte de mí ya no hablaría otra lengua.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com