EL INMORTAL - Capítulo 7
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7: Consejo de ancianos 7: Consejo de ancianos El problema no fue cuándo retirarse.
Fue cómo hacerlo sin que todo se derrumbara.
Sebastián había pasado más de tres décadas del Sol viendo crecer a Tollan-Sol.
Primero como aldea, luego como ciudad.
Cada piedra, cada canal, cada registro tenía su huella, aunque cada vez menos visible.
Y eso, paradójicamente, era una señal de éxito.
Las ciudades sanas no dependen de un solo nombre.
Pero los pueblos aún no estaban preparados para olvidarlo.
Año 31 del Sol – Tiempo de Frío.
La primera pregunta incómoda.
La pregunta no vino de los ancianos.
Vino de los jóvenes.
Durante una sesión de enseñanza avanzada —matemáticas aplicadas al comercio— uno de ellos levantó la mano y habló sin rodeos: —Sebastián… ¿quién manda cuando tú no estés?
El silencio cayó como una losa.
Sebastián no se molestó.
No se sorprendió.
Había esperado esa pregunta durante años.
—No debe mandar una persona —respondió—.
Debe mandar un sistema.
No todos entendieron de inmediato.
Así comenzó la institucionalización real de Tollan-Sol.
Año 32 del Sol – El Consejo de la Ciudad Sebastián propuso algo radical para la época: el poder distribuido.
Se creó el Consejo de Tollan-Sol, compuesto por representantes de áreas clave: •Producción agrícola.
•Comercio y almacenes.
•Educación.
•Defensa.
•Saneamiento e infraestructura.
•Registro y leyes.
Ninguno era vitalicio.
Ninguno heredaba el cargo.
—El cargo existe —decía Sebastián— para servir a la ciudad, no al ego.
Él mismo se retiró de la presidencia diaria del consejo.
No del todo.
Se convirtió en mediador, no en gobernante.
Eso causó nerviosismo.
Pero también alivio.
Año 33 del Sol – El hijo observa Su hijo, Acolmiztli, tenía ya trece ciclos del Sol.
No era un niño común.
No porque fuera brillante, sino porque había crecido viendo cómo se construía una ciudad desde cero.
Sabía leer, escribir, contar, medir tierras, registrar alimentos.
Pero Sebastián fue cuidadoso.
Nunca le dio privilegios.
Nunca lo llamó heredero.
Acolmiztli lo notó.
—¿No confías en mí?
—le preguntó una tarde.
Sebastián no esquivó la respuesta.
—Confío demasiado.
Por eso no quiero darte un poder que no ganes.
Eso marcó al muchacho más que cualquier lección.
Año 35 del Sol – El espejo del tiempo.
Fue Itzel quien volvió a señalar lo inevitable.
—Acolmiztli ya me mira como adulto —dijo—.
Y a ti… como siempre.
Sebastián sabía lo que eso significaba.
La diferencia entre ellos se hacía visible.
Itzel envejecía.
No con debilidad, sino con verdad.
Él seguía exactamente igual.
—Cuando muera —dijo ella una noche—, no quiero que te escondas.
Sebastián apretó la mandíbula.
—No hablarás de eso.
—Hablaré porque pasará.
La inmortalidad dejó de ser una curiosidad.
Se volvió una carga moral.
Año 38 del Sol – La ciudad funciona sola.
Ese fue el verdadero hito.
Tollan-Sol funcionó durante un ciclo completo del Sol sin que Sebastián interviniera directamente en ninguna decisión importante.
Los registros siguieron.
La educación continuó.
Las calles se ampliaron.
La población superó los dos mil habitantes.
Sebastián observaba.
Aprendía a desaparecer sin irse.
Y comprendió que el siguiente paso no sería interno.
Sería externo.
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