El Juego de la seducción mortal - Capítulo 1
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1: Capítulo 1 1: Capítulo 1 Una colegiala, bien portada La colegiala entra al baño de chicas, se observa en el espejo, acomoda su falda corta de cuadros y desabotona un poco su camisa para verse muy sensual, da un giro con sus dedos a las dos coletas que lleva puesta a cada lado de su rostro perfectamente delineado.
De pronto, escucha pasos acercarse, pero no presta atención, repentinamente es atacada por su profesor de aritmética, quien entra al sanitario de chicas, la sujeta de ambos brazos y la obliga a recostarse sobre el mesón de mármol donde está el lavabo.
—Profesor Peter ¿que está haciendo?
—pregunta con voz inocente.
—Lo que tanto he deseado, follarte y meterte mi polla desde que te he visto en mi clase.
—No, por favor no lo haga.
—responde ella con voz aguda pero seductora, con un “No” queriendo decir un “Adelante” El hombre levanta la falda de la chica, hurga en sus entrepierna frotando con placer los labios verticales de la chica, quien deja escapar un gemido al sentir sus dedos fálicos.
Con prisa, pues pronto sonará el timbre de salida, le corre la pantie a un lado, saca su falo erecto, palpitante y grueso y lo introduce en la vagina húmeda y estrecha de su estudiante, un deseo exacerbado lo posee.
La embiste, mientras mira en el espejo el rostro de placer de la chica al meter y sacar su pene de su hendidura.
—¡Ah!
—jadea él, los fluidos vaginales de la chica comienzan a desbordarse y esto provoca que el hombre acelere sus movimientos, las pieles percutiendo y los sonidos que salen de sus sexos al rozarse es similar a escuchar la orden de fusilamiento de aquella virginidad perdida.
El hombre se pretende a sus caderas, acelera sus movimientos y sin más se corre.
—¡Corten!
—ordena el director al ver lo que acaba de suceder.— ¡Joder Edgar!
Que no tienes que correrte tan pronto, apenas llevamos cinco minutos de grabación.
—Lo siento, lo siento —se disculpa el joven y apuesto actor, para quien estar con Gralisa siempre resulta excitante.
—Retoquen el maquillaje de Gralisa —ordena el productor, ella sonríe y el equipo de maquillaje, le seca el rostro, le arregla el peinado.
Edgar de forma inesperada, toma a Gralisa del brazo, la arrastra con fuerza para escenificar una escena violenta de sexo hard, la sostiene de los hombros, la obliga a arrodillarse, sostiene su falo y lo coloca en su boca, obligándola a chupárselo y saliéndose del guión que debe seguir.
Gralisa aprisionó el pene entre sus manos y la acerco a su rostro, acariciándolo con su lengua, disfrutando su tamaño y grosor.
Sus ojos brillaban de lujuria y recorrían aquel enorme trozo de carne palpitante.
Lo sacó de su boca y con la lengua empezó a recorrerlo desde la punta de la cabeza, hasta el nacimiento de los cojones que colgaban pesadamente.
Metió la cabeza en su boca, manteniéndola así por unos segundos, deleitándose con su sabor, enroscando su lengua alrededor del prepucio; comenzó a realizar movimientos hacia adelante y hacia atrás con su cabeza, chupando y sacando el pene de su boca, rítmicamente, chupándolo y mamándolo con placer.
Edgar se sujetó desesperadamente con las manos a la cabeza de Gralisa, moviendo su cadera, acompañando el vaivén que ella imprimía con su pene perfectamente ensartado dentro de su boca, ella sobaba con sus manos los testículos.
Para Gralisa, aquella es su mejor oportunidad, finalmente podrá demostrar sus mejores dotes como actriz porno.
El equipo de grabación estaba atónito, comenzaron a excitarse de solo ver como la joven actriz devoraba, literalmente, el pene de su compañero de escena; Edgar estaba excitado, enloquecido con aquella mamada, tenía que apretar sus glúteos para no venirse dentro de aquella tibia y húmeda cavidad bucal.
Gralisa lo sujetó de sus firmes nalgas, para acrecentar la penetración de su falo que pronto llegaba a su garganta provocando que saliera de su boca aquel espeso y espumoso fluido.
La maquillarte fue la primera que tuvo que ir al baño a masturbarse, colocó sus dedos entre sus bragas y cerró sus ojos, mientras frotaba su cartílago rosado, y se estremecía de placer reviviendo mentalmente la escena que acababa de presenciar.
A pesar de que los camarógrafos estaban acostumbrados a hacer aquel tipo de filmaje, nunca se habían sentido tan excitados como en aquel momento.
El director colocó su mano en la parte superior de sus labios, observando la escena con atención y detalle, asentía y dejaba escapar una sonrisa de satisfacción.
Era evidente que entre aquellos dos chicos, había algo más que una simple escena sexual.
Gralisa se había olvidado por completo de la grabación de la escena, simplemente estaba viviendo a plenitud aquel momento.
Metía su lengua habilidosa en el agujero de orinar, saboreando el salobre fluido transparente preseminal.
Con pequeñas mordidas hizo que la cabeza de fuera penetrando en su boca, luego la succionó jugueteando con su lengua.
Edgar al igual que ella, se había transportado a otro mundo.
Se estremecía por el sublime placer que le ocasionaba aquella hábil boca que tenía su miembro poseído completamente, las manos de ella también intervenían en el juego, mientras con una mano aprisionaba los testículos, apretándolos con suavidad y placer, con la otra sujetaba el resto de su polla.
Luego apresionó con sus labios ajustándolo al grosor de su pene, moviendo su cuello, hizo subir y bajar repetidas veces el prepucio, frotándole el miembro de un modo maravilloso.
No había duda alguna de que la chica tenía largas horas de experiencia y sabía bien lo que debía hacer con una polla dentro de la boca, no escatimaba esfuerzos y no tenía punto de reposo.
Rápidamente lo llevó al punto de un orgasmo extremo.
Se tragó el licor seminal con verdadera gula y placer.
—¡Queda!
—expresó el director con entusiasmo, aplaudiendo la magistral escena que acababa de presenciar.
Luego de recibir los aplausos de parte del equipo, ambos actores fueron hasta sus camerinos, Gralisa estaba satisfecha por lo que acababa de experimentar junto a su compañero de grabación.
Era innegable la química entre ellos, sobre todo por parte de Edgar, quien se enamoró desde el primer momento que la vio.
—¡Estuviste maravillosa!
—exclamó él, con una sonrisa seductora en sus labios.
—Estuvimos, querrás decir.
Fue un placer trabajar contigo —le dio un guiño y sabores sus labios.
Edgar pensó que aquel momento era el ideal, decirle a ella sobre sus sentimientos, por lo que se acercó y la tomó de la cintura atrayéndola hacia él.
Ella sonrió y lo miró fijamente.
—¿Te gustaría ser mi novia?
—preguntó.
Mas, Glarisa dejó escapar una carcajada.
—Ya terminó la grabación, querido.
—dijo separándose de él.
Edgar se sintió desconcertado, realmente deseaba tener una relación formal con ella.
En ese instante, suena su móvil.
Ella atiende emocionada aquella llamada.
—Necesito que vengas al cuartel general —dijo en tono imperativo Neves.
—Por supuesto jefe, mañana estaré allí sin falta —dijo sonriendo.
Edgar se llena de celos e impotencia de solo pensar en que Gralisa se vería con Neves, lo conocía perfectamente desde hace un buen tiempo y sabía cuales eran sus pervertidas intenciones al pedirle a Gralisa que fuese a verlo.
El compañero de escena de la hermosa chica, tiene que ocultar su enojo, a fin de cuentas, ella no parecía tomarlo en serio, quizás si ella tuviera una idea de quien era él, de que podía darle todo lo que ella necesitaba, Glarisa vendría corriendo a sus brazos.
Mas, él no quiere estar al lado de una mujer que solo lo busca por interés, estaba cansado de ello, la mayoría de sus relaciones hasta ese entonces, estaban motivadas por su poder y su dinero; aquella era una de las razones, por las cuales, mantenía en secreto su verdadera identidad.
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