El Juego de la seducción mortal - Capítulo 103
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103: Capítulo 103 103: Capítulo 103 Una verdad insospechada Gralisa se llenó de asombro al oír la respuesta de Hades, tartamudeó sin saber que debía decir, pero antes de que pudiera contestar, Hades se aproximó de repente a ella, le rodeó la cintura con ambos brazos y se inclinó ligeramente para besarla en la boca.
Mas, el beso de Hades no fue un beso común, fue un beso profundo e intenso, un beso lleno de deseo y lujuria.
Gralisa sintió como la lengua de Hades se entrelazó con la suya; la parte más suave de la boca de la pelicastaña fue “invadida” por los labios y lengua de Hades, al punto de que ella sintió que el aire de sus pulmones no podía renovarse antes de que Hades la soltara sin prisas.
Los dos hombres cruzaron miradas entre ellos, con cierto recelo.
Ellos sabían que Hades era muy astuto y que aquello podía ser sólo un teatro.
Hades entonces se anticipó a sus ideas y terminó diciendo: —Laura además de ser mi cómplice y ayudante, ella es mi amante.
Por lo que me acompaña a donde quiera que voy.
—nuevamente los hombres se miraron y esta vez sonrieron con malicia.— ¿Nos indican por donde debemos continuar para llegar al lugar secreto?
—dijo para mantenerse firme y mostrar autoridad ante ellos.
Los hombres señalaron con su mano hacia el camino que debían seguir, mientras veían con morbosidad el cuerpo esbelto y sensual de Gralisa y se saboreaban los labios.
Gralisa sintió sus miradas clavadas en la espalda y mantuvo la compostura con profesionalidad interpretativa, debía parecer segura, pero pir dentro temblaba de miedo y su mano en el brazo de Hades era un claro reflejo de ello.
Hades colocó su mano sobre la de ella para calmarla, no podía darse el lujo de ser descubierto y poner a la pelicastaña en peligro.
Sólo cuando éste subió al coche, Gralisa se relajó y anduvo con mayor calma.
El auto negro se adelantó para dirigirlos, mientras ellos iban detrás de los mafiosos.
—¡Oh por Dios, Hades!
Sentí que nos descubrirían.
—exclamó exhalando luego un suspiro de alivio.
—Tienes que tranquilizarte Gralisa —Hades la abrazó y besó en la mejilla.
Asustada por todo lo que estaba viviendo, ella se mantuvo entre sus brazos, sin apartarle.
—En un primer momento te dije que te mostraría una verdad —ella asintió— es hora de que sepas quien es el jefe que está detrás de todo esto, es hora de que sepas toda la verdad.
Gralisa lo miró fijamente ¿estaba dispuesta a descubrir aquella verdad?
¿Podria lidiar con aquella noticia sin que ello la destruyera moral y emocionalmente?
—No sé si realmente deseo saber la verdad.
Tengo miedo de todo lo que ha estado pasando en este tiempo.
No sé en quién confiar, no sé quién me dice la verdad y quien no.
—¿Quieres decir qué prefieres estar engañada?
—Hades le preguntó, sorprendido.
—No, sólo que tengo miedo de descubrir algo que pueda hacerme daño.
—espetó.
—Gralisa, la verdad nos hace libres, no lo olvides.
—No me entiendes, Hades.
Cuando descubrí que Edgar se iba a casar con otra mujer me dolió ver que sus promesas eran falsas.
Cuando Neves aseguró que le importaba e hizo todo por separarme de Edgar, descubrí que era un egoísta y eso también fue devastador para mí.
Y luego… —hace una pausa, levanta la mirada y lo mira a los ojos— Cuando confié en Santiago, resultó que no él no existía, eras tú que te acercaste para vengarte de Rómulo.
Aquellas palabras dejan a Hades, estupefacto, todo lo que Gralisa decía era sólo una cruel verdad.
—Cometí un error, Gralisa.
Me dejé llevar por mi lado oscuro, pero todo cambio.
¿No pensarás que te traje hasta aquí sólo para hacerte daño?
Gralisa piensa por algunos segundos, en eso ella misma estaba de acuerdo.
De querer hacerle daño Hades lo hubiese hecho el primer día, mientras ella estuvo inconsciente en su despacho.
—¿Puedes confiar en mí?
—él le dice y ella lo mira a los ojos, siente que sus palabras son sinceras.
—Está bien, Hades.
¡Confío en ti!
—exclamó con firmeza.
—El mayor jefe detrás de todo esto, es Neves.
La pelicastaña se quedó perpleja, ¿había escuchado bien?
¿Dijo Neves?
Conmocionada ante aquella verdad, Gralisa permaneció muda y en shock.
Se perdió entonces en sus pensamientos.
¿Neves?
El hombre del cual se enamoró perdidamente desde el momento que lo conoció, el hombre que la ayudó cuando necesitaba de un empleo para poder ayudar a su madre enferma con el tratamiento, el mismo que le enseñó como grabar su primera película porno, quien siempre estuvo a su lado y en quien confiaba ciegamente; el hombre al que deseó por tanto tiempo hasta que finalmente fue suya.
Era él, el jefe de aquella mafia que intentó¡robar la fórmula de Rómulo, era él su depredador y en quien puso toda su confianza, era él.
Hades la miraba en silencio, no quería intervenir en sus pensamientos.
Ella debía darse cuenta por su propia cuenta quien era Neves y todo lo que había planeado.
Aunque él pudo contarle todo con lujo de detalles, prefería que ella misma sacara sus propias conclusiones de lo que estaba frente a sus ojos, una verdad difícil de creer pero real, muy real.
Ahora algunas piezas encajan en su rompecabezas, ahora entiende porque le pidió no contar a nadie sobre la violación de la que fue objeto, porque la llevó a aquella fiesta de disfraces para que supiera que Rómulo era Santiago y que Edgar estaba allí con su prometida.
Ahora entiende el deseo de poder y de ambición que envolvían toda y cada una de las cosas que hacía.
Aquella verdad, le dolía; le dolía profundamente darse cuenta que estaba rodeada de mentiras y de traición.
Sólo cuando levantó el rostro vio que el auto llevaba una hora en movimiento.
Justo en ese momento se detuvo frente a un bar.
El lugar le pareció conocido, ella había estado antes allí.
Sí, sí, efectivamente había ido a ese bar con Neves; si ella tenía alguna duda de la farsa que era su agente y amante, acababa de confirmar por sus propios ojos, que Neves era realmente un poderoso criminal…
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