El Juego de la seducción mortal - Capítulo 106
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106: Capítulo 106 106: Capítulo 106 La guarida de Neves Gralisa respiró hondo antes de responder aquellos mensajes, en el caso de Edgar le informó donde se encontraba.
Él era una persona para ella importante y a pesar de lo que ocurrió entre ellos, siempre fue su amigo; por lo que no dudó en contarle donde se encontraba, pues él también conocía aquel lugar y había estado en aquel bar..
—Estoy en el bar donde estuvimos en la Nochevieja celebrando con Neves.
—Le envió el mensaje.
En cambio, antes de Gralisa responderle a Neves, debía pensar muy bien lo que iba a decirle, tenía que ser muy cuidadosa con sus palabras.
Si todo lo Hades le había dicho era la verdad, ella no podía decirle donde se encontraban pues estaría poniéndose en evidencia.
Además, a esas alturas, posiblemente él y¡”lo supiera.
Aún así debía ganar tiempo, eso lo aprendió de Rómulo, y en caso de que Neves sólo estuviese tratando de ubicarla, ella tenía que mantenerlo distraido el mayor tiempo posible, por lo menos mientras Hades regresaba.
Lo que si no debía hacer Gralisa, era decirle a Neves que estaba en su guarida; sí en su propia guarida, en el lugar donde él tramaba todos sus planes, donde se convertía en un hombre poderoso y donde se deja ver tal cual como era realmente.
Cuando Gralisa, presionó el cuadro de diálogo para responderle a Neves, justo su móvil comenzó a sonar y recibió una llamada de Neves.
Nerviosa y angustiada por no contestar su llamada, presionó el icono de responder de forma accidental.
Por lo que se obligó a calmarse a sí misma y finalmente le contestó: —¿Qué quieres Neves?
¿Qué haces enviándome mensajes?
Te dije que no quiero que me molestes, déjame en paz —le respondió en tono hostil.
—¿Dime dónde estás Gralisa?
—le preguntó en tono firme y autoritario, como si él fuese su dueño y tuviese todo el poder sobre ella.
—Dónde más puedo estar que no sea en mi piso.
—lo increpó.
—No lo sé, dímelo tú —contestó él en tono muy sarcástico.
—Estoy en mi casa, Neves —afirmó con una mentira que pareció una verdad hasta que Neves le dijo: —Estoy afuera de tu casa, Gralisa, parado frente a la puerta de tu despacho.
¡Ábreme por favor!
Aquella respuesta fue inesperada para la pelicastaña, quien se puso aún más nerviosa de lo que ya estaba, apretó con fuerza su teléfono, guardó silencio por un par de minutos y le contestó: —No puedo abrirte, me estoy duchando.
Además tampoco tengo ganas de verte, ni tengo nada que hablar contigo.
Un breve silencio se escuchó de ambos lados, al punto que Gralisa creyó que Neves había finalizado la llamada, pero cuando miró la pantalla aún seguía marcando los segundos.
Volvió a pegar el móvil a su rostro y escuchó la risa estridente y sarcástica de Neves.
—¡Jajajajaja!
—rió a carcajadas— Gralisa, hay vigilancia en el estacionamiento de la empresa, lo sabes ¿no?
Gralisa se quedó atónita, no pensó en aquel detalle; era obvio que Neves podía monitorearla cuando quisiera, no sólo porque aquel era su despacho sino que él estaba trabajando como uno de los ejecutivos más importante dentro de la empresa de AV, por lo que tenía acceso a todo.
Ahora la pelicastaña entendía por qué Neves le hizo esa pregunta, la vio salir de allí acompañada de Hades.
La chica estaba sorprendida con todo lo que estaba pasando.
Desde que conoció a Neves nunca lo escuchó reir de aquel modo.
Si bien Neves, no era alguien que siempre anduviera sonriéndole a las personas, tampoco era un hombre de reír estrepitosamente.
Él era un tipo apuesto, sí; evidentemente lo era, pero hasta allí, de hecho Gralisa siempre pensó que esa actitud seria de Neves, se debía a que él la usaba como una especie de coraza para evitar que las personas se le aproximaran.
Sin embargo, cuando oyó la risa grave y sexy de Neves, Gralisa sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo por completo.
Sintió esa desagradable sensación de temor, del temor de descubrir en alguien que crees conocer el lado oscuro e insospechado.
Con las manos temblorosas y la voz trémula, dijo: —No tengo porque darte información de todo lo que hago o dejo de hacer, Neves —y finalizó la llamada de inmediato.
Gralisa tragó en seco, aún no podía creer que hubiese sido capaz de cortarle la llamada a Neves, las manos y las piernas le temblaban como gelatina.
Como pudo caminó hasta el sofá y se sentó abruptamente, se sentía desconcertada y sobre todo ansiosa, lo único que rogaba era que Hades apareciera de una vez por todas y huir de allí.
Pasaron diez minutos más y finalmente Hades regresó.
Gralisa sintió un alivio al ver su rostro, pero en fracciones de segundos su rostro se transformó, cuando antes de informarle a Hades sobre la llamada de Neves, éste abrió una botella de vino que traía en la mano, bebió un sorbo grande y luego vertió el vino tinto sobre la mujer desnuda que estaba en la jaula.
Gralisa, no tuvo tiempo de reaccionar, estaba confundida, mucho más cuando Hades se aproximó a ella y con sus propias manos, le desgarró la blusa de un solo jalón y la falda que ella traía puesta, dejándola totalmente desnuda.
A pesar de que la chica forcejeó con él, fue imposible detenerlo.
Hades la inmovilizó rápidamente, atándole con su propio cinturón ambas manos en la espalda.
Gralisa sentía que su corazón latía con rapidez, lo miró sorprendida, como clamando piedad.
Mas él, no parecía estar conciente de lo que hacía.
Luego de inmovilizarla, él terminó de bañarla con el líquido que quedaba de la botella de vino tinto.
Aquella escena fue una especie de gatillo mental que se disparó en Gralisa, al revivir el momento en que Hades abusó de ella en el almacén.
Nuevamente sintió que su piel se erizó por completo desde la espalda hasta la nuca.
¿Acaso todos sus pensamientos y dudas sobre él, resultaron siendo ciertas?
¿Hades volvería a tomarla por la fuerza y obligarla a ser suya?…
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