El Juego de la seducción mortal - Capítulo 108
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108: Capítulo 108 108: Capítulo 108 Sin rótulos Ante la respuesta de Hades, Gralisa se intentó cubrir con la manta.
Pero su fuerza era mínima comparada con el tamaño y la fuerza de Hades, quien sin dudarlo la sometió a la fuerza, y volvió a atarle las dos manos con las correas de sujeción que perdían en el espaldar de la cama.
Hades arrancó la manta con la que la pelicastaña se cubría y la lanzó al suelo.
Se quedó mirando los pechos de Gralisa que se bamboleaban de un lado a otro mientas ella intentaba zafarse de las ataduras.
Esta vez estaban tensas, y sus posibil8dafes de escapar eran totalmente nulas.
Él apretó con sus dedos los pezones provocando que se endurecieran y se pusieran rígidas.
—¡Suéltame Hades!
¿Qué haces?
—dijo Gralisa, tratando de detenerlo, pero Hades no deseaba oírla, tomó la mordaza con bola y la amordazó.
Por segunda vez, Hades apretó con fuerza sus pezones ahora más rígidos y sonriendo le dijo: —Parece que tu cuerpo está excitado.
—Gralisa intentaba gritar pero no lo conseguía, mientras más abriera la boca, mayor dificultad tendría para cerrarla, ya que la mordaza se tensaba aún más.
Él se inclinó hacia adelante y ella comenzó a mover sus piernas pata golpearlo con sus pies, pero Hades la tomó del pie y besó la parte lateral de su fino y delicado pie, ella retrocedió rápidamente.
—¿Te ha gustado?
—Gralisa movió su cabeza de lado a lado negando que me hubiese incomodado, pero dentro de sí misma, estaba excitada, aquello realmente le había encantado.
Hades colocó sus manos en las rodillas de Gralisa y abrió las piernas de ella, se inclinó lentamente y aproximó su rostro a su apetecible coño.
Metió sus manos debajo de sus nalgas, la levantó con fuerza, luego deslizó su puntiaguda lengua por toda la rajada que separaba sus nalgas y su vagina.
El cuerpo de Gralisa se tensó y su coño comenzó a palpitar de ganas.
Hades continuó deslizando su lengua entre los labios húmedos de la chica, con su lengua acanalada penetró su vagina, la pelicastaña estaba ansiosa de sentir algo más grueso y duro dentro de sí.
Hades tenía una incipiente barba que al rozar con las nalgas y labios vahinsles de Gralisa le brindaban sensaciones únicas, cuando rozó su agujero le produjo un cosquilleo y ardor al mismo tiempo.
El dolor le aguijoneaba los nervios a Gralisa, al punto que ni siquiera, ella podía confirmar que la humedad que sentía era la saliva de Hades y no los fluidos vaginal¡” que brotaban de su coño.
Desde la posición en que Hades sujetaba sus caderas, la pelicastaña apenas alcanzaba a ver la alta nariz y las hermosas cejas de Hades, su cabello castaño colgando y el movimiento de su rostro en la medida que repasaba de arriba hasta abajo el sexo de Gralisa.
Hades lamió su clítoris como si estuviera vivo y, a medida que la chica se relajaba poco a poco, la punta de su lengua penetró violentamente en su vagina, imitando los movimientos de entrada y salida de un órgano sexual.
Él clavó su lengua con mayor fuerza dentro del húmedo coño de Gralisa que se contraía a cada penetración.
Aquella caricia excitó a la pelicastaña, quién movió su vientre suavemente para gozar más con aquel juego erótico.
Gralisa estaba completamente mojada por la excitación que sentía.
Hades saboreó con su lengua aquellos jugos y volvió a meter su lengua hasta donde me era posible, ella apretó las paredes de su vagina agregando al momento mayor placer y lujuria para ambos.
Hades chupó sus labios menores, estirándolos con fuerza, moentras Gralisa se contoneaba y se movía frenéticamente.
De no haber estado amordazada de seguro hubiese emitido un grito de placer intenso.
Al verla tensarse, el jugueteó con su clitoris que cada vez estaba más hinchado y duro.
Luego mordió las parte interna de sus muslos, realmente aquella tersa piel le excitaba mucho.
Él sintió como Gralisa se estremeció y en una venida regia, así que clavó la lengua en su vagina y la movió con fuerza, agitándola con rapidez.
Los movimientos de la pelicastaña también eran intensos por lo que Hades apenas soltaba su coño para tomar un poco de aire y luego volver a chuparla, a morderla, a penetrarla, a ver como su cuerpo reaccionaba a cada una de sus caricias y sus gemidos ahogados lograban escapar.
Gralisa estaba disfrutando de aquel sexo tan intenso con Hades que había olvidado todo lo ocurrido en el almacén meses atrás.
Aquel depredador tenía la habilidad de subyugarla y someterla a sus deseos perversos sin que ella lograra evitarlo y peor aún, sin que ella realmente deseara hacerlo.
Gralisa dejó que Hades devorara su coño y la hiciera enloquecer de placer, era una experiencia placentera sentir como él se ocupaba en estimular todo su cuerpo y no sólo su sexo.
Las distintas mañas del experto Hades estaban siendo puestas en práctica, los movimientos circulares, rápidos, sinuosos, ondulante, húmedos, los sonidos de su lengua hurgando entre los pliegues vaginales de Gralisa, el coño de la pelicastaña queriendo tragarse la lengua fálica de Hades, la manera en que él apretaba sus glúteos y presionaba su rostro contra su coño, todo era el puto cóctel del placer y la lujuria.
En algunos momentos, a su mente llegan los pensamientos que la hacen confrontarse a sí misma, los mismos pensamientos de meses atrás donde se sintió como una basura al excitarse y tener varios orgasmos en manos de su depredador.
Pero ahora, de forma contraria, a pesar de que Gralisa no quería estar con Hades –no en un primer momento– aquel encuentro sexual la llevó al punto más elevado de la excitación.
Era como si el hecho de que su mente lo rechazara, hiciera que su cuerpo lo deseara intensamente, inevitablemente.
¿Qué era aquello?
¿Sadomadoquismo?
¿Morbo?
¿Perversión?
¿Qué tanto importaba el rótulo en aquel preciso instante?
Gralisa había temido tanto a que ese momento llegara, que ahora piensa en el tiempo que perdió junto a Hades en vez de disfrutar al máximo de sus caricias.
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