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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 16

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16: Capítulo 16 16: Capítulo 16 Divina tentación Finalmente llega el momento de la grabación.

Todo está dispuesto para que Gralisa haga su debut como actriz de la lista A.

No puede evitar sentirse nerviosa, debe hacerlo bien, por suerte confía en que Rómulo le brindará todo su apoyo.

—¿Me veo bien?

—le pregunta a la chica de vestuario.

—Estás hermosa, pareces una típica doncella de la realeza.

Se mira por quinta vez en el espejo, pasa sus manos por la falda.

Se arregla el escote, que con el corsé resaltan su pequeña cintura y eleva su busto, mostrando un volumen mayor al tamaño original de sus senos.

Eso le brinda seguridad, siempre ha querido verse así.

Respira profundamente, intentando calmar un poco su angustia y entra a la escena, dispuesta a dar lo mejor de sí en aquel rodaje.

—¡Cámara/acción!

—ordena el director.

La elegante dama aparece en escena; luce un hermoso vestido al estilo victoriano, color rojo púrpura con encajes negros en el escote y la amplia falda, que le dan un sentido estético, sensual y a la vez, delicado a la actriz.

Lleva su cabello semi recogido con algunos mechones sueltos que enmarcan su delicado rostro y caen sutilmente sobre el escote pronunciado de su traje.

En tanto, Rómulo viste los típicos pantalones blancos, las botas negras y una chaqueta de seda azul brillante, decorada con finas aplicaciones doradas, la camisa blanca cerrada hasta el cuello, decorada sutilmente con encajes del mismo tono en el borde de la camisa.

El cabello hacia atrás, tal cual él príncipe de los cuentos de hada.

En la escena, Gralisa debe interpretar a la mujer infiel que es capaz de traicionar a su marido con el príncipe, por el que se apasiona desde el primer momento que se encuentra con él en las afueras del palacio.

Ella está en el jardín observando el delicado rosal, Rómulo se acerca a ella.

—¿Me concede esta pieza?

—ella le da la mano, él la toma entre sus brazos y danzan al ritmo de una pieza musical “Wong for secret garden”.

La escenografía es hermosa, Gralisa y Rómulo se dejan llevar por la armonía de cello.

Ambos desean interpretar su papel a la perfección, entregándose por completo a ello.

La dama y el principe danzan, se miran y se enamoran al instante.

—¡Oh, hermosa dama!

No puedo evitar caer a sus pies ante los excesos de tanta belleza.

—recita él, su diálogo.

—Esto es una locura príncipe, soy una mujer comprometida y casada, y aunque mi mente me dice que no debo hacerlo, mi corazón y mi piel me incitan a dejarme llevar por esto que siento por su majestad.

—responde ella, intentando alejarse de él.

El príncipe la sujeta del brazo.

—No puede existir barreras entre dos corazones que laten al mismo compás, entre dos seres que desean intensamente —él la atrae con fuerza contra su cuerpo abrazándola, sintiendo su cuerpo pegado al suyo.

El príncipe, quien hasta ese momento no se había enamorado antes, besa a la hermosa dama con torpeza, y la noble muchacha, responde a su beso de forma tímida.

Y tal cual, lo hicieron Adán y Eva, ambos personajes se dejan llevar por la divina tentación y prueban de la manzana prohibida, cayendo en brazos del placer.

Él príncipe toma a su dama de la mano, la lleva detrás de uno de los arbustos, para en secreto besarla con pasión, pronto sus manos se deslizan sobre la esbelta figura de la chica, acaricia sus caderas, levanta la falda de su vestido y comienza a desvestirla, mientras ella se estremece con cada roce de sus dedos y grandes manos.

Los cuerpos yacen en medio de las flores que decoran el hermoso jardín y a la sombras del gigantesco árbol, hacen el amor por primera vez.

El amor prohibido que sienten la dama y el príncipe los lleva a amarse de forma cada vez más apasionada y feroz.

Rómulo aacaricia el cuerpo de Gralisa con vehemencia, con deseo, con lujuria, ella gime de placer.

La escena está quedando impecable y muy real.

Luego el príncipe lleva a su amante dentro de palacio.

La conduce hasta la majestuosa habitación, ambos van hasta el baño, ella entra a la tina para que lave su cuerpo, incluso él mismo la ayuda a hacerlo, algunas caricias provocan sensaciones reales en Gralisa.

Desde el momento que ambos se entregaron al amor, la dama y su príncipe no dejan de cortejarse.

—Honra mi palacio, su presencia en esta habitación, donde ninguna mujer ha entrado antes.

—Mi príncipe, la honra es mía, haber estado entre sus brazos es el sueño que toda mujer quisiera vivir y yo, una noble plebeya ha tenido el honor de ser suya.

—responde ella— Mas, no he de negar que mi situación como mujer casada, me hace sentir remordimientos y sentirme arrepentida de esta locura.

—De nada me arrepiento, que no sea de haberos conocido antes.

Si tan solo mi Dios, hubiese puesto a tan maravillosa mujer en mis ojos tiempo atrás.

—No pensemos en el pasado, quizás en ese momento su majestad, no me habría mirado como lo hace ahora.

—Entonces, ámame sin remordimientos y sin arrepentimiento como yo lo hago.

Nuevamente se besan; el príncipe la conduce hasta su cama, ella se tiende en esperas de su amante y por segunda vez, hacen el amor.

Mas, los amantes no se detienen vuelve a estar juntos una y otra y otra vez.

Es ahora la muchacha quien se muestra atrevida ante las insinuaciones del príncipe.

Entonces, el apuesto caballero, se torna un tanto más ardiente y lujurioso, solo piensa en tener sexo duro con la mujer que ama y dejarla embarazada para que pueda darle un hijo, el heredero de su trono.

Durante el rodaje de cada una de las escenas, Rómulo se muestra comedido en su actuación, aunque Gralisa se había percatado de que su polla ya comenzaba a endurecerse visiblemente, eso la pone un tanto nerviosa.

Sabe que su compañero de escena estaba reprimiendo sus deseos, como si tuviese temor de que al mostrarse afanoso, pudiera herir a Gralisa durante la grabación.

Tal vez, Rómulo no deseaba incomodorla o quizás, él mismo no quería dejarse llevar por lo que estaba comenzando a sentir por su compañera de escena.

La interpretación de Rómulo es prolija y convincente, la jovialidad e ímpetu que le agrega al personaje del príncipe, es magistral; al punto que Gralisa se sienta enamorada como toda una colegiala de su príncipe.

La chica siente admiración por Rómulo; el respeto y el afecto que él demuestra hacia ella, la llevan a dar un paso más adelante, inesperadamente susurra al oído de su compañero y con sus dedos roza suavemente la cintura de este.

—Lo siento, pero no pude resistirme —le dice ella, rozando con sus labios el lóbulo de la oreja de Rómulo.

Las sensaciones que provoca en él, aquella actitud un tanto atrevida de su colega, lo excitan en exceso.

Por lo que sin dudarlo, mete su polla palpitante dentro de su vagina, haciéndola gritar de deseo y placer.

—¡Ahhh!

—gime ella, mientras se contonea con el pene de su colega dentro de su coño.

Los movimientos de él, la enloquecen; mientras, ella exclama mentalmente “¡Ángel dentro de mí!”.

Sin dejar de estremecerse al sentir su embestida, Gralisa abre sus piernas dejando que él llegue lo más dentro posible; hasta ese momento, la actriz asegura que todo es parte de la dramatización, aún así, lo disfruta, disfruta del placer de aquella escena que está quedando perfecta y se siente doblemente satisfecha con los resultados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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