El Juego de la seducción mortal - Capítulo 2
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2: Capítulo 2 2: Capítulo 2 Como espectadora Puntualmente y como suele hacerlo, Gralisa llega la mañana siguiente al cuartel general.
Las instrucciones que tiene para ese día es la de representar un papel secundario, poco relevante en una escena entre dos personas.
Saluda a Jeffrey, uno de sus colegas, quien al verla la felicita por su actuación del día anterior.
—¡Querida, estuviste fenomenal!
Hasta yo deseé que me hicieras el favor.
—bromeó con su amiga, luego de hacer un gesto con su mano, de quiebre de muñeca muy característico de su preferencias sexuales.
—Me alegra que te haya gustado.
—Dio un guiño y sabores dirigió hasta su camerino.
Laura, la maquillista, la acompañó hasta su camerino.
Mientras se preparaba para el papel de aquel día, Gralisa aprovechó para leer las líneas de su guión.
Apenas un rol de sirvienta, hizo puchero, luego de la actuación del día anterior, esperaba algo más interesante, pero así era en aquel mundo de las empresas de Video Adulto, un día podías ser la protagonista principal, y al siguiente, apenas la que abre la puerta para que los personajes principales se encuentren.
Justo como aquel papel que acababan de darle para ese día.
Glarisa observa desde allí, la escena que protagoniza Edgar junto a una exhuberante actriz, era una chica dotada de belleza y exageradas curvas, aquello le genera incomodidad, ya que ella misma en algunas oportunidades se sentía insegura de su cuerpo y su rostro.
En tanto Edgar, imagina que aquella actriz es Gralisa, a quien desea enormemente.
Sólo de pensar en ella, su pene se endurece y se engrosa de inmediato.
Ella es la mujer que logra en él todas aquellas sensaciones, pensarla y excitarse, es lo mismo para él.
Toma a la hermosa actriz por las axilas, la empuja hacia arriba de la cama, mientras baja hasta dejar su boca a la altura del ombligo, de ella, comienza a clavar su lengua con fuerza.
Aquella caricia inesperada excitó a la mujer, quién movió su vientre suavemente para gozar más con aquel juego erótico.
Edgar descendió más, un poco más y su lengua se clavó entre sus pliegues carnosos, él imaginaba que aquellos carnosos labios hinchados, eran los de su amada Glarisa.
La actriz gemía de genuino placer al sentir sus labios y su puntiaguda lengua hurgando y saboreando su vagina, estaba completamente mojada por la excitación que sentía.
Él succionó aquellos jugos y volvió a meter su lengua hasta donde me era posible, ella apretó las paredes de su vagina agregando al momento mayor placer y lujuria para ambos.
Ver que Glarisa lo observaba excitó aún más su morbo.
La miraba fijamente mientras le devoraba el coño a su compañera de escena.
Glarisa comenzaba a sentir su vagina contrayéndose como una planta carnívora, ansiosa de tragar a su presa.
Edgar mordía y chupaba aquellos labios grandes y carnosos.
Luego fue sobre el endurecido clítoris, para luego chupetear las piernas de ella com ternura, sentió como la actriz se estremecía cada vez que él introducía su lengua y jalaba sus labios menores, los gritos de placer de la actriz eran incontenibles, ella movía sus caderas para lograr el mayor roce posible de su hendidura con el mentón de Edgar, enloqueciendo al sentir como él movía su lengua con fuerza, agitándola con rapidez hasta lograr que la mujer se viniera rápidamente y perdiera el conocimiento por breves segundos.
Luego emparejó su cuerpo con el de ella y logró penetrarla, tras cada movimiento, repetía mentalmente el nombre de su amada “Glarisa, te amo”.
Las embestidas eran cada vez más fuertes y vehementes como si quisiera partirle en dos el coño con su estaca de más de veintidós centímetros a mil, palpitante, ardiente a punto de estallar.
Repentinamente, Glarisa salió del platón, Edgar sintió que su excitación disminuyó inmediatamente, pero no podía dejar la grabación a la mitad, era un profesional y perfeccionista en todo que hacía, no en vano era el CEO de una prestigiosa empresa en la ciudad.
Aceleró sus movimientos provocando un estallido orgásmico en su colega y retiró su pene para rociar su vientre con su semen.
Rápidamente sale de escena, en busca de Gralisa, quería decirle cuanto la deseaba, como anhelaba que ella fuera la actriz que minutos atrás tuvo entre sus brazos.
En tanto, Gralisa quien aún estaba un tanto perturbada y excitada, fue hasta la sala de fotografía donde le harían una sesión de fotos, allí estaba sentado en el sofá, aquel elegante, caballeroso y atractivo hombre.
—Bienvenida, Gralisa soy Rómulo, es un placer conocerte.
Rómulo era uno de los actores de la lista A, en la cual ella sueña algún día estar, esa donde los actores adquieren renombre y mucho dinero.
Ella ansiaba estar dentro de esa lista y salir de la pobreza en la que siempre estuvo.
Luego de graduarse en la universidad y con la gravedad de su madre, solo tuvo una opción, entrar en AV y ganar dinero rápidamente.
—El placer es todo mío —dijo con voz seductora.
Rómulo se puso de pie y caminó hacia el escenario, se sentó en el sofá de cuero negro, semi desnudo, apenas cubierto por un pedazo de tela blanca que cubría su sexo y que colocó sutilmente sobre este, dejando poco a la imaginación, pero si mucho a la excitación.
Aquel hombre parecía un ángel posando frente al lente del fotógrafo, un ángel al que ella no le importaría llevar hasta las puertas del infierno.
Mientras ella aguarda y contempla aquel semental, Edgar se asoma y al ver su rostro de expectación frente al musculoso y apuesto actor, se llena de ira.
Edgar quería que Glarisa fuera solo suya, exclusivamente suya, no compartirla con ningún otro actor.
¿Mas, era posible no tener celos, siendo el novio de una actriz porno?
Aquella realmente era una estupidez de su parte.
Ella le pertenecía a las cámaras, al público que disfrutaba verla en acción, mostrando sus dotes y habilidades sexuales.
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