El Juego de la seducción mortal - Capítulo 21
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21: Capítulo 21 21: Capítulo 21 Un acompañante inesperado —¡Edgar!
¿Qué haces aquí?
—pregunta Gralisa sorprendida al verlo a su lado.
—Yo pregunté primero ¿Por qué me andas evadiendo?
—preguntó en un tono algo hostil.
Para Edgar era una tortura estar snamorado de su compañera de escena, ver que ella simplemente no mostraba interés en él.
—Sabes que he estado ocupada com el tema de la grabación de la película, es eso —ella trató de defenderse com aquel argumento que carecía por completo de toda validez.
Edgar, estaba realmente enamorado de ella, estaba dispuesto a todo por ella.
En cambio, Gralisa no solo se mostraba indiferente, sino que no parecía extrañarlo en lo absoluto.
Luego de su último encuentro sexual en el camerino, Edgar no había logrado olvidarla, aunque no llegó a penetrarla, el simple hecho de poder saborear su vagina y verla enloquecer de placer y como se corría ante sus caricias, eran para él suficiente como para no dejar de pensar en Gralisa.
A diferencia de Edgar, ella solo lo veía como un colega de trabajo, y siendo un poco más codiciosa, apenas lo vería como un amigo.
—Creo que son sólo excusas.
Ya terminaste de grabar y aún así, no fuiste a buscarme.
—espetó él.
Gralisa se sentía incómoda ante los reclamos de Edgar; esa era una de las razones que la asfixiaban, sus celos, su deseo de controlarla y querer tener poder sobre.
Claro, eso y el hecho de que ella amaba a Neves.
El interés de Edgar es tal, que esa misma tarde después de la grabación, escuchó el comentario de que Gralisa estaba planeando irse de viaje, por lo que averiguó todo com Laura su maquillista y por medio de sus influencias, logró averiguar cuál sería el lugar al cual viajaría, le encargó a su asistente que se encargara de comprarle un boleto de primera para la misma fecha y en el mismo vuelo que Gralisa.
En esse instante, olvidó todo su rencor y molestia contra ella, lo que sentía por Gralisa superaba su amor próprio, solo deseaba estar a su lado, demostrarle lo que sentía por ella, lograr conquistarla.
—Quería verte —agregó.
Gralisa aún estaba algo sensible por todo lo que había tenido que pasar en esos días, al escuchar de Edgar aquellas palabras, terminó quebrándose y se refugió en los brazos de su compañero.
Edgar acarició su cabellera, no podía verla de aquella manera, sufriendo y llorando; dejó de lado su enojo, la abrazó com ternura y la consoló.
—Tranquila, estoy aquí contigo.
No estás sola.
Gralisa estaba tan triste que no supo cuando llegaron a su destino, sino cuando levantó el rostro y vio frente a ella, la entrada de aquel majestuoso hotel.
—¿Dónde estamos?
—preguntó, limpiando sus ojos.
—Llegamos a Milán —respondió él.
—Sí, pero yo no reservé habitación en este hotel.
Esto debe ser muy costoso, no podría pagar una habitación en este lugar.
—No te preocupes, eres mi invitada.
—dijo sonriendo.— Yo me encargaré de todo.
Tú sólo déjate llevar y disfruta de tus vacaciones.
Gralisa sonrió brevemente, no quería demostrar mucha emoción, pues no deseaba que Edgar se confundiera y terminara durmiendo en su habitación a cuentas de que él estaba haciéndose cargo de sus gastos.
Él percibió el gesto de ella y le aclaró.
—Pedí la suite presidencial, pero com camas separadas.
No tienes de que preocuparte.
No pasará nada que no desees que ocurra.
—ella asintió.
Eso la dejaba más tranquila, él era su amigo por ende entre ellos no debía pasar nada.
A pesar de que Edgar unnca le preguntó las razones de su inestabilidad emocional, tenía algunas sospechas.
Pero prefería no hablar de ello, sólo se limitó a apoyarla y organizarle todo.
Estando ya instalados en la habitación, él se mostró amable y respetuoso, sin provocar en ella incomodidad, no quería propasarse de los límites que parecían estar muy claros, eran solo amigos y él se comportaría como ello.
Durante los días siguientes, se dedican a pasear.
Él le muestra los lugares más hermosos de Lombardia y Milán.
El primer día, visitaron el Duomo di Milán y la hermosa basílica de San Ambrosio.
Luego fueron a la Galería de Arte Vittorino Emanuele II y al Teatro la Scala.
Gralisa estaba maravillada com todo aquello, nunca antes había viajado a Italia y visitado lugares tan hermosos como aquellos.
—Wow!
Todo esto parece sacado de un cuento de hadas.
—Sí, realmente es un lugar mágico.
—la toma de la mano y la mira fijamente— Me alegra que te esté gustando.
—Gracias por esto que haces por mí —desliza su mano discretamente y señala una tienda de helados artesanales.— ¡Mira!
Es una tienda de helados, me han dicho que los helados italianos son los mejores del mundo.
—Sí, así es.
¡Vamos, comamos un helado!
Gralisa está feliz, se siente como una chiquilla en medio de aquel lugar.
Ella escoge un helado de fresa y él, uno de pistacho.
Se sientan en una mesa para dos al aire libre, mientras ella prueba su barquilla, se ensucia la nariz, Edgar la limpia com su dedo y luego lo saborea.
Ambos ríen y disfrutan de aquel momento.
¿Por qué no podía enamorarse de Edgar?
Se pregunta a sí misma.
Él era un hombre maravilloso y le demostraba interés, siempre estuvo pendiente de apoyarla en lo que necesitaba.
Había viajado junto a ella y aquel viaje, realmente lo estaba disfrutando a su lado, disfrutando de sus atenciones, de los lujos, de cosas que ella misma no hubiera podido hacer sola.
Aunque sabía que él ganaba buen dinero, no dejaba de sorprenderle la forma despreocupada en que disponía de él.
Por su mente no se cruzaba la idea, de que su colega de trabajo¡ era un multimillonario.
De lo único en lo que ella parecía bien clara, era de que en el corazón, no se manda.
No podía escoger amarlo y odiar a Neves, eso era imposible.
Edgar en cambio, no paraba de contemplarla, de ver no sólo lo hermosa que Gralisa era, sino lo que le hace sentir por dentro: una mezcla de ternura y pasión en intensa medida, una especie de deseo de protegerla de todo, pero a la vez de devorarla a besos y hacerla suya.
En su mente y en su piel, Gralisa provocaba cosas que él nunca sintió antes por ninguna mujer, solo ella había sabido ganarse su corazón.
A diferencia de Gralisa, Edgar, conocía la ciudad como a la palma de su mano.
Muchas veces estuvo en aquel lugar por asuntos de negocios o por viajes de placer, por lo que él fue prácticamente el guía turístico de la chica.
Después de regresar al hotel, ella se sentó en su cama y él a su lado.
Gralisa sintió la necesidad de contarle las razones de aquel viaje repentino, necesitaba desahogarse.
Mientras ella le cuenta, él la reconforta y besa com ternura tras cada pausa que ella hace.
—No tenía más opciones, tenía que alejarme de él.
Estoy enamorada de Neves —dijo y bajó la mirada com desdén.
Edgar sintió que la sangre le hervía por dentro, escucharla decir que amaba a Neves, lo llena de rabia, de celos.
Ahogado en su propios sentimientos, él decide guardar su secreto, prefiere no decirle que la ama y que viajó sólo para estar com ella y confesarle su amor.
Aunque podía haber aprovechado la vulnerabilidad de Gralisa, prefiere callar y no hacerle el amor, aunque las ganas de poseerla nuevamente eran innegables.
Pero sí le confesaba su amor, quedaría como un tont9 frente a ella y si le hacía el amor, simplemente estaría siendo apenas el sustituto de Neves, el que le calmaba los espasmos, el plato de segunda mesa.
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