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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 22

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22: Capítulo 22 22: Capítulo 22 Una propuesta irresistible Gralisa se desahoga frente a su compañero, necesita contarle todo lo que está pasando dentro de su corazón, sus dudas y sus tristezas.

Edgar la escucha atento, aunque le lastima oírle hablar de Neves, no quiere dejarla sola.

—¿Sabes esto es confuso para mí, Neves es mi agente, no debería haber nada entre nosotros excepto lo profesional, pero no sé en qué momento me dejé llevar por las emociones y caí en sus brazos.

Edgar iba a responderle, diciendo que Neves sólo se había sabido aprovechar de ella, conocía la fama de galán que tenía con el resto de las actrices de AV, pero sonaría como un hombre celoso que era capaz de malponer a su rival para ganar terreno, termina sólo encogiéndose de hombros para no decir nada que pueda provocar incomodidad entre ellos.

Agotada y de tanto llorar Gralisa se fue quedando dormida.

Ella no recuerda en que momento de la conversación terminó acostada en la cama de Edgar.

Cuando desperto, estaba entre sus brazos.

Ella se aparta de él algo perturbada y en un movimiento un tanto brusco, despierta a su compañero.

Edgar despierta y la besa en la frente con ternura.

—¡Duerme!

—murmura él con voz ronca y somnoliento aún.— Ella sonríe, mas no vuelve a dormirse, los pensamientos vienen a galope y la atropellan emocionalmente.

Ella había fantaseado tantas veces, despertar al lado de Neves, amanecer entre sus brazos, reposar sobre su pecho.

Estar así, en un lugar tan hermoso como aquel, que aquellos brazos musculosos que la protegían fueran los de Neves, pero nada de eso era posible, en su lugar estaba él, Edgar.

El hombre al que sólo podía ver como compañero de trabajo, y ahora como un buen amigo, como su confidente.

Gralisa está decida a empezar de cero, a olvidarse de su agente, no quiere ser una más de la larga lista de amantes de Neves.

Ella podía llegar a ser muy insegura sobre su cuerpo, sobre su talento como actriz, sobre su belleza física, pero no de lo que deseaba para su vida, de ello si estaba muy segura; y no era aquel rol de amante el que deseaba interpretar por el resto de sus días “Ser su amante, eso se terminó” se dijo a sí misma mentalmente.

Quizás conociendo a alguien más, podría lograr olvidarlo más rápido, intentar una relación con algún hombre que la ayudara a salir de aquel abismo en el que se encontraba.

Contempla entonces, a Edgar, apuesto, cariñoso.

“No, no, no” piensa y agita su cabeza un par de veces.

Esa era una idea loca, descarta aquel pensamiento.

Edgar es su mejor amigo, era incorrecto que tuviese una relación con él, mucho menos ahora que él conocía todo sobre ella y sus sentimientos hacia Neves.

Entre pensamientos que iban y venían se quedó nuevamente dormida.

Cuando abrió los ojos por segunda vez, notó que él ya no estaba a su lado.

Se estiró, bostezó y se puso de pie para ver donde estaba su amigo.

Fue hasta el baño, no estaba allí.

Se dirigió al balcón de la suite, tampoco estaba.

¿Dónde se había metido, Edgar?

Se pregunta Gralisa.

Regresa a la habitación y ve sobre la mesa de noche un papel doblado, lo toma y lee la nota firmada por Edgar.

“Voy a salir.

Esta noche a las siete, te llevo a cenar”.

Gralisa sonríe emocionada por aquel mensaje de su amigo, suspira y murmura en voz baja: —Si tan solo pudiera enamorarme de ti, todo sería distinto.

—nuevamente descarta aquella idea, ellos dos eran amigos y no debía buscarle la quinta pata al gato.

Justo a las siete de la noche, puntualmente llegó Edgar a la habitación, estaba elegantemente vestido de etiqueta, un hermoso traje de pantalón y chaqueta gris plomo y debajo una camisa azul cielo.

Se veía como todo un galán de hollywood.

Gralisa no pudo evitar su asombro al verlo vestido de aquella manera.

—Y bien, te traje esto —coloca sobre la cama la caja blanca que trae entre las manos.

—¿Eso qué es?

—pregunta ella.

—Destápalo y date prisa que debemos salir.

Gralisa abre la caja y se encuentra frente a un lujoso vestido rojo de tela suave y brillante.

—¿Es para mí?

—pregunta aún sorprendida.

—Por supuesto, eres mi invitada.

No lo olvides.

—mira su elegante reloj de pulsera y nuevamente le repite—, Date prisa, ya hice la reservación y debemos estar allí en quince minutos.

Ella tomó el vestido y comenzó a vestirse con cuidado para no dañar el delicado vestido, en tanto Edgar se sentó en el sofá para contemplarla.

—¿Me ayudas a subir el cierre?

—preguntó ella poniéndose de espaldas a él.

Edgar se levantó, colocó el cabello de ella hacia un lado y subió el cierre.

Tenía tantas ganas de besarla, de quitarle aquel vestido, de hacerle el amor en ese instante, suspiró profundamente.

—¡Listo!

—Gralisa volteó a verlo con una tierna sonrisa, se colocó los tacones y los accesorios que venían dentro de la caja, anillo, aretes y una gargantilla.

Los dos salen de la habitación, van hasta de elevador, las miradas son algo incómodas entre los dos, aunque ella no quiere mirarlo, sigue sorprendida de lo elegante que él se ve.

Él en tanto, debe evitar mirarla fijamente, ella está radiantemente bella.

Cuando llegan a la planta baja del hotel, las puertas metálicas se abren, él le ofrece su brazo y ella se enlaza a él.

Enteqn al lujoso restaurante y una orquesta de violines comienza a sonar.

El lugar está completamente decorado con la luz suave de la velas, en la mesa reservada para aquella noche romántica, la botella de champagne, las copas y una rosa roja del lado donde se sienta Gralisa.

Ella no sale de su expectación aún, aquello es maravilloso, sólo había visto eso en las películas románticas, jamás imaginó ser la protagonista.

Por tercera vez y con voz firme, Edgar repitió la misma frase: —¿Aceptas ser mi novia?

Gralisa lo miró fijamente a los ojos, ella se queda en silencio, deseaba decirle que no por tercera vez, no quería dañar la linda amistad que comenzaba a surgir entre ellos.

Movió la cabeza lentamente, negando.

Pero Edgar, la tomó de la barbilla antes de que terminara su negación.

—¡Vamos, dame una oportunidad!

Date la oportunidad.

Salgamos juntos, déjame conquistarte.

—Gralisa lo mira y sus ojos brillan— Si no funciona, sólo lo dejamos de lado y seguimos siendo amigos.

Aquella era la oportunidad de comenzar de cero ¿Por qué no intentarlo?

¿Por qué no darse la oportunidad con Edgar?

Convencida a sí misma de que debía intentarlo, accedió a contestarle: —Sí, acepto.

—Edgar aún no podía creer lo que escuchó, había ansiado tanto escuchar aquella respuesta.

—¿Qué dijiste?

—Dije que sí, que acepto.

—Emocionado, Edgar la tomó entre sus brazos y selló aquel pacto de amor con un beso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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