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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 24

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24: Capítulo 24 24: Capítulo 24 Aroma de mujer Ya en su habitación, los besos y las caricias no se hicieron esperar.

La pareja dejó en libertad aquel deseo de estar juntos, de amarse, de sentirse.

Hicieron el amor esa noche hadra quedar exhaustos.

Mientras recuperaban el aire y sus pechos agitados lograban relajarse, Edgar abrazó a Gralisa y comenzó a hablarle sobre su familia.

Ella incluso no había mencionado el tema, esperaba que él mismo se decidiese a contarle de su verdad, esa verdad que pocos sabían en AV, y que a ella le sorprendió saberla.

—Sé que debes estar preguntándote muchas cosas acerca de mí y de lo que ocurrió en el vestíbulo, y quiero contarte sobre ello porque no quiero que haya mentira entre los dos.

—Gralisa asintió.

Realmente no era su deber hablar de ello, pensó la chica.

Ella misma no le había hablado de su pasado.— Mi familia lleva más de un siglo trabajando con el tema de las joyas, de hecho todo comenzó cuando mi bisabuelo, trabajó en unas minas siendo apenas un joven de dieciocho años… En la medida que Edgar contaba la historia de su familia, Gralisa lo escuchaba atenta, era algo interesante conocer aquel mundo tan misterioso de los diamantes y las joyerías.

—Es fascinante eso que me cuentas —intervino ella.

—Lo es, pero no siempre fue tan sencillo.

Cuenta mi bisabuela que eran personas muy humildes y que aquel primer diamante que mi bisabuelo encontró, fue un milagro para ellos.

Ya luego, con el tiempo mi bisabuelo fue estudiando sobre el tema, era bastante curioso y audaz para los negocios, montó la primera joyería y con la ayuda de mi abuelo y luego de mi padre expandieron el negocio, alcanzando amasar una inmensa fortunam Nuestra familia se convirtió en una de las más adineradas del país y tenemos propiedades por todo el mundo.

—ella abre los ojos con asombro.

—¿Cómo se llamaba tu bisabuelo?

—preguntó ella con curiosidad.

Edgar sonrió.

—Edgar, igual que yo.

—respondió.

—¡Humm!

Ahora sé porque eres tan curioso.

—rio ella y él la besó.

Gralisa tenía una duda, ¿por qué siendo multimillonario, Edgar era un actor de AV?

Como si él hubiese adivinado sus pensamientos, respondió: —Mas, no me agrada trabajar en la empresa; mi pasión es el arte, el teatro, la actuación, por eso me dedico a ser un actor de AV.

La chica continuaba llena de asombro con todo aquello.

¡Edgar era multimillonario!

Y ahora ella era su novia.

Aquello parecía un cuento de hadas de los que ella jamás pensó protagonizar.

Gralisa abraza fuertemente a Edgar, se sentía segura y protegida por él, esa sensación de tranquilidad que ella había perdido hace varios años atrás.

Al igual que Edgar, ella tiene su historia, pero una historia muy distinta a la de él.

Su padre murió siendo ella muy niña, tuvo que crecer sin la protección de un padre.

Su madre, que era una mujer luchadora, quien le brindó todo el amor que pudo, siempre trabajó para que ella tuviese lo necesario, un techo, un plato de comida, la posibilidad de entrar a una universidad.

Mas, cuando su madre enfermó, Gralisa tuvo que hacerse cargo de todo, de los gastos de la casa, del tratamiento para su madre.

Eso la llevó al extremo de sentirse nuevamente insegura.

Y ahora que ella se detiene a pensar, recuerda que desde el inicio en AV, Edgar siempre fue especial con ella, le brindaba consuelo y apoyo las veces que ella lo necesitó.

—Gracias —dijo ella y él la miró sorprendido.

—¿Por qué?

—preguntó sin entender a qué se refería.

—Por todo lo que has hecho por mí, por protegerme de mi ex, pir apoyarme cuando más lo he necesitado.

—sus rostros se aproximaron y un beso calló sus labios.

Al día siguiente regresaron a Madrid, el viaje a Milán estuvo cargado de sorpresas para Gralisa, se sentía aún volando en una nube.

—Quiero que me acompañes a un lugar —dijo ella sonriendo.

—Iría contigo al mismo infierno, si me lo pides.

El auto se detuvo, bajaron y entraron al edificio.

Subieron hasta el apartamento donde ella vivía.

Era la primera vez que Gralisa llevaba a alguien a su casa, nunca antes un hombre estuvo allí.

Edgar entró junto a ella.

Sentía curiosidad por conocer el lugar donde ella vivía.

Era un apartamento bastante modesto, pero acogedor.

El ambiente estaba impregnado de un olor peculiar.

Cuando entraron hasta la habitación de ella, el aroma se intensificó.

—Este lugar huele a ti, y creo que me estoy excitando.

—dijo en tono pícaro.

Ella sonríe, no puede negar lo astuto que es.

Él se deja caer sobre la cama de Gralisa, inhala para percibir aquel aroma tan especial de la chica, se cubre con las mantas, apoya su rostro en las almohadas y aspira una vez más.

Con un gesto de satisfacción, comenta y bromea con ella: —Siento como si todo mi ser estuviese impregnado de ti, y todo mi cuerpo estuviese envuelto suavidad y tibieza de tus mantas, como si mi pene estuviera envuelto en tu vagina.

Gralisa comienza a sonrojarse con sus palabras, se sienta a su lado, él se incorpora, mira unos cómics que reposan sobre la mesa de noche, estira la mano, los toma y ojea, viendo el contenido de las revistas con cierta picardía y morbo.

—Wow!

Que esto que tiene mi novia aquí —bromea mientras ve el contenido de la revista.

A pesar de todo lo que ha pasado entre ellos, Gralisa se siente intimidada por él, intenta empujarlo para que caiga en la cama, pero inesperadamente, él la jala con fuerza, ella cae sobre él, se gira sobre ella dejándola debajo de su cuerpo, la aprieta contra él.

Ambos se desvisten ansiosos por sentir sus pieles amalgamadas, sin ningún tipo de tela que pueda impedir el roce de sus cuerpos absolutamente desnudos.

Edgar se aferra al edredón que cubre ambos torsos desnudos, y sus pechos se presionan contra los de Gralisa.

Él se contonea sobre ella haciendo que sus pectorales aprieten de diversas formas los pechos de la chica.

Los gemidos de Gralisa escapan de sus labios al sentir como él mueve su pelvis y su pene roza contra su vagina.

Él continúa moviéndose con mayor intensidad, dejando que su pene se deslice entre los labios verticales de Gralisa, ella puede sentir su dureza, su erección y sus latidos.

Aquel contacto es excitante, es un ritual previo al encuentro sexual, como si sus sexos quisieran reconocerse y sentirse, una especie de danza anterior al coito sexual.

—¡Gralisa!

—él bisbisea su nombre; ella siente el aliento tibio que sale de los labios de Edgar, provocando en ella sensaciones increíbles.

—¡Ahhhhhhj!

—Gralisa gime ante aquel estímulo, su cuerpo se estremece y su pelvis ondulante incrementa su deseo por sentir dentro de su vagina, la virilidad de su amante.

—Voy a asegurarme de que a partir de ahora, cuando hagamos el amor, lo único que pronuncien tus labios, sea mi nombre.

Las palabras de Edgar la llevan irrevocablemente al recuerdo de Neves, esas mismas palabras las había escuchado cuando estuvo con él, días atrás.

Era como si todos los hombres solo buscarán oir de la mujer con la que hacen el amor, su nombre.

¿Tal vez así, elloa sentían que ella les pertenecía?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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