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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 25

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25: Capítulo 25 25: Capítulo 25 La dulce muerte Después de sentir que su polla está lo suficientemente dura y sentir los fluidos de la vagina de Gralisa escurriéndose entre sus labios carnosos e hinchados, Edgar penetra a su amante.

Ambos gimen de intenso placer.

Sentir lo lubricada que está su coño, hace que Edgar enloquezca de ganas, el movimiento ondulante y firme de su cintura mientras entra y sale de la cavidad vaginal de la chica, lo ponen a mil.

Es exquisito coger con ella, eso es algo que al él le fascina, pero esta vez es doblemente especial.

Primero porque Gralisa no es su compañera de escena, sino que ahora ella es su mujer; y segundo, porque no está usando el habitual preservativo que se exigen en las escenas de AV, por lo que puede sentir con mayor placer el roce de su polla dentro de su húmedo, estrecho y tibio coño.

Edgar está a punto de correrse dentro de Gralisa, la besa con pasión mientras deja que sus líquidos seminales se desborden dentro de ella.

La llena de sí, de su semen, de su intenso deseo por dejarla embarazada y que ella, le dé un hijo.

Piensa, mientras se corre dentro de ella “¡Oh Dios, qué rico se siente cogerla sin preservativo, que rico”.

Gralisa también está muy excitada, disfruta plenamente de aquel instante en que sus fluidos se unen a los de su amante.

Su vientre es bañado por completo por el esperma de Edgar, ella puede sentir la lava volcánica recorriendo su vagina y quemándola por dentro.

Mientras Gralisa se contonea, gime y grita ansiosa, su pelvis encabritada se mueve en todas las formas y sentidos posibles, de arriba abajo, de lado a lado, de forma ondulante, de rápido a mucho más rápido; su cuerpo es quien dirige aquel momento, y ella se deja llevar por su instinto sexual.

Edgar contempla cada uno de sus gestos, sus ojos en blanco, sus piernas temblando, su pecho subir y bajar rápidamente; es todo un espectáculo para él ver que ella está completamente fuera de control.

Edgar la abraza fuertemente y le dice entre jadeos y con voz excitada: —Quiero que me des un hijo, quiero un hijo nuestro.

—murmura moviéndose serpentinamente sobre ella.

Gralisa se sorprende al escuchar aquella petición inesperada.

—¿Qué dices?

—pregunta con voz trémula y agitada sin dejar de contonearse.

—Qué quiero que me des un hijo, quiero que seas la madre de mi hijo.

—responde Edgar, mientras piensa “¡Dios, por favor, deja embarazada a Gralisa!”.

Pero contrario a lo que él espera, Gralisa rompe en llanto.

Él no quiere sacar su pene de dentro de ella, por lo que intenta persuadirla, sin dejar de penetrarla una y otra vez.

—No puedo quedar embarazada —responde mientras las lágrimas se deslizan por sus mejillas.

Una bombardeo de emociones explota dentro de ella.— si quedo embarazada no podré lograr mi sueños de ser una actriz importante y reconocida.

No he recibido ni siquiera un premio por alguna de mis películas, ni siquiera una invitación a algún programa de TV o que alguien quien siquier¡”sepa mi nombre o lo recuerde.

Edgar la mira y la abraza, luego la besa con ternura: —¡No llores mi amor!

Yo voy a ayudarte para que logres cada uno de tus sueños.

—besa sus ojos y seca con sus manos sus mejillas húmedas.— Confía en mí, sabes que puedes contar conmigo.

—No es tan fácil, mi amor… —guarda silencio, mientras Edgar la mira, sin entender a que se refiere con sus palabras.

Ella respira profundamente y continúa hablando:— Ya hice un trato con Neves para tener una oportunidad como protagonista dentro de la lista A, lo sabes.

—Pero yo no quiero un trato contigo mi amor, lo hago porque quiero ayudarte, porque me importas —dice sujetando su barbilla y mirándola a los ojos fijamente.

—No entiendes, si acepto que me ayudes, no solo perderás el interés por mí sino que estaré en deuda contigo.

Además no quiero llegar a ser actriz reconocida solo por los favores de otras personas.

Quiero que los directores de cine me vean en escena y digan con certeza “esa chica es muy buena”, quiero que reconozcan mi talento, convencerlos de que puedo ser una excelente actriz.

—Entiendo a lo que te refieres mi amor.

Mas, estoy dispuesto a ayudarte en lo que sea.

—la besa y vuelve a moverse insinuante sobre ella— Quiero sentirte por completo —ella lo mira aún dudosa— ¡No voy a dejarte embarazada, vale!

Te compraré la pildora del día siguiente.

—ella asiente, también quiere seguir sintiendo su pene dentro.

Edgar tomó su pene con su mano y restregó por medio de la raja de su coño, ella enarca su espalda dejando que la polla de su amante se deslice mucho más abajo, ella gime tras el roce y su vagina comienza a contraerse como una planta carnivora, ansiosa de su presa.

Aquella caricia, excitó a Gralisa, quién movió su vientre suavemente para gozar más con aquel juego erótico.

Esto hizo que la polla de Edgar se endureciera nuevamente.

Él sujeta su falo y frota la cabeza de su pene contra el clitoris de ella, provocando que ella segregue los fluidos vaginales en mayor cantidad.

El glande de él brilla, envuelto en el flujo blanquecino y espeso de su amante, dejándolo preparado y embalsamado para introducirlo nuevamente en su exquisito coño.

Con un movimiento firme y fuerte, la polla de él se encajó por completo en su hendidura ardiente, ella estaba completamente mojada por la excitación que sentía.

Edgar se afincó con fuerza sin perder de vista los ojos cristalinos y la mirada lujuriosa de Gralisa cada vez que entraba y salía de su vagina hasta donde le era posible.

Ella apretó¡las paredes vaginales de su coño, agregando mayor placer y lujuria a aquel momento.

—Me vas a hacer correrme dentro de ti —dijo con la respiración agitada, casi hiperventilando, pero sin dejar de moverse.

Gralisa de igual manera se contonea para torturarlo y llevarlo a un orgasmo explosivo.

—Quiero que me llenes por completo.

—respondió ella, abrazando sus labios con los suyos.

En la misma medida que su lengua se mueve dentro de su boca, la polla de Edgar, se mueve dentro de su coño con agilidad y destreza.

Cada penetración de su pinga, es mucho más intensa a la anterior, ambos se mueven frenéticamente, ansiosos de sentir sus sexos mucho más dentro uno del otro.

Gralisa abre y sostiene sus propias piernas en alto, dejando que él pueda meterse muy dentro de ella hasta tocar su útero, sus pieles percuten con un sonido grave y sonoro por la cercanía de su escroto contra sus nalgas, ella gime, grita de placer; él jadea de deseo, arremete contra su coño con lujuria, apoyándose e impulsándose de la cabecera de la cama hasta hacer que ella tiemble por completo, el nivel de excitación es tan alto, que la oxitocina en su cerebro hace que ella quede inconsciente por algunos segundos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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