El Juego de la seducción mortal - Capítulo 27
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27: Capítulo 27 27: Capítulo 27 Shibari —¿No puedo tener novio?
—preguntó algo sorprendida por la interrogante de Neves— Edgar y yo, estamos enamorados y pronto vamos a casarnos, pero no te preocupes, te invitaremos a la boda —agregó.
A pesar de la rabia que Neves sintió en ese instante, tuvo que disimular y rió del comentario de Gralisa, a la vez dijo con seguridad y firmeza: —No puedes casarte con él.
—se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando aún más confundida a Gralisa.
Ella se levantó del sofá y fue hasta el baño para asearse, seguía desconcertada por la actitud y burla de Neves.
Mas, esta vez no se dejaría amilanar.
Se arregló y salió de la habitación.
Comenzaba a extrañar a Edgar por lo que para distraerse un poco, salió a dar una vuelta y llegó hasta la plaza.
Aún así no dejaba de pensar en Neves, al parecer él disfrutaba verla de aquella manera, vulnerable ante él.
Gralisa piensa en qué Neves quiere divertirse no sólo con su cuerpo sino con sus emociones, tener el control absoluto en ella y hacerle saber que no podía estar con nadie más que no fuese con él.
Sabía que el¡” estaba enamorada de él y eso le hacía sentirse con derechos hacia ella.
Necesitaba estar al lado de Edgar, junto a él recuperaba seguridad en sí misma, lo extrañaba.
De pronto miró hacia uno de los bancos de metal forjado y madera, un hombre estaba sentado en una pose que demostraba su estado melancólico.
Aquella escena le reconfortó un poco.
No era la única en sentirse triste, ni melancólica.
Había otras personas que al igual que ella, se sentían afectadas emocionalmente.
Ella tomó una piruleta que había comprado y junto a un ramo de rosas que compró para colocar en su apartamento, se las ofreció a aquel hombre, tratando de sacarlo de su estado depresivo —Tenga, son para usted —dijo ella sonriendo y el hombre levantó la cabeza y la miró fijamente.
Gralisa quedó atónita al mirar el rostro de facciones perfectas en aquel hombre.
Parecía un príncipe elfo entristecido.
Nadie que lo viera podría evitar ofrecerle cariño con solo mirar su rostro.
El hombre tomó las flores, pero no dijo nada.
Gralisa sólo se giró y le dio la espalda.
Él se puso de pie, y la observó mientras ella se alejaba.
Al cabo de unos segundos, el hombre se levanta y su acompañante, vestido de etiqueta se aproxima para recibir las órdenes de su jefe.
Luego de darle instrucciones, el segundo hombre se da la vuelta y se marcha.
Gralisa llega a su apartamento, toma un vaso de leche y destapa un paquete de galletas para ir a su habitación y ocuparse en revisar el guión de la próxima escena que deberá dramatizar.
Deja sobre la mesa de noche, el vaso con leche y las galletas, se sienta con las piernas entrecruzadas en posición de buda, mientras toma el vado de leche y come una de las galletas, abre el libreto y comienza a leerlo.
Debía memorizarlo por completo y era lo que se disponía hacer.
Sin embargo, mientras lee percibe que aquel guión es del género que poco le agrada grabar.
No le gustaba interpretar a una criada, mucho menos esta siendo ultrajada por un noble.
Los diálogos eran escaso y aquello significaba que sólo tendría que ser el objeto sexual de aquel personaje masculino.
Su participación era casi nula.
Sin embargo, no podía hacer nada al respecto, excepto cumplir con su rol dentro de la historia.
Luego de leerlo un par de veces, terminó dejando al lado el guión y se dispuso a dormir.
La mañana siguiente, Gralisa se presentó en la empresa, la asistente de la empresa la metió en una furgoneta de niñera, mientras la maquilladora le pidió que se cambiara de ropa, ella se coloca el traje de sirvienta bastante sensual, y luego de haberla maquillado, la llevó al plató para la grabación de la película.
Para Gralisa es un tanto extraño ver que la estén preparando para un rodaje tan misterioso.
Cuando llegó al lugar, se dio cuenta que el aquel actor que aguardaba por ella, era el mismo hombre que estaba en la plaza, a quien ella le obsequio la piruleta y las flores.
No pudo evitar quedarse perpleja al reconocerlo.
El protagonista la envuelve con una cuerda gruesa por cintura, puede sentir percibir su olor corporal, el cual le es bastante familiar, ya había olido antes aquel aroma.
¿Quién era él?
Sabía que debió haber trabajado con él anteriormente.
Pero no recuerda exactamente quién es.
Su mente divaga entre sus dudas y preguntas ¿Por qué no recordaba su rostro?
La trama de la escena continúa, ella sigue sorprendida al verse envuelta por aquella cuerda y siente que su cuerpo se tensa cada vez más.
El actor toma la mano de Gralisa ¡ besa la punta de sus dedos, luego sube lentamente por su brazo hasta llegar a su cuello y se dispone a desnudar sus senos.
La criada forcejea, intentando zafarse desesperadamente, negándose a ser violada por su amo, pero él se enfurece y tras una orden le pide a sus criadas que se encarguen de atarla.
—¡Átenla!
—dice con voz firme.
Los criados se acercan para sujetarla y atarla.
Ambos hombres realizan algunos nudos colocando los brazos de ella hacia atrás empleando la técnica de Takate kote o TK con la cual inmovilizan el torso, y atan en su espalda los brazos y manos de Gralisa.
Sus pechos quedan expuestos para su amo, impidiendo que ella pueda evitar el contacto de sus labios y lenguas con sus pezones.
Sus senos quedan bordeados por las cuerdas y la otra mitad se escapan a través de su vestido roto.
Esa imposibilidad de que Gralisa pueda reaccionar y defenderse, provoca mayor placer y morbo en su amo, verla vulnerable e indefensa lo excitan aún más.
Sin dudarlo, el amo comienza a apretar con la punta de sus dedos los pezones erectos de Gralisa, quien se tensa al sentir aquella sensación de dolor y excitación tras cada jalón que él hace.
Sus pezones se endurecen y enrojecen rápidamente.
El amo sonríe y luego se inclina frente a ella para saborearlos, abre sus labios, los chupa con avidez; la humedad de su lengua y la presión que él ejerce con sus labios, obliga a Gralisa a dejar escapar un primer gemido que envuelve la frustración y el placer de forma simultánea.
El amo no se detiene, quiera ver los gestos de placer y de dolor en su rostro, escucharla gemir y erizarse por completo.
Con la punta de su lengua sube y baja, frotando con rapidez los pezones de Gralisa.
El amo disfruta de imaginar como debe estar palpitante y húmeda su vagina por lo que se aventura a morder suavemente uno de sus pezones y luego el otro, dejando que él ardor y la humedad se conviertan en una misma sensación placentera.
Inevitablemente Gralisa gime, se estremece y se eriza con cada uno de los estímulos que su compañero de escena le infringe sin compasión alguna…
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