El Juego de la seducción mortal - Capítulo 3
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3: Capítulo 3 3: Capítulo 3 ¿Celos?
La mirada fija sobre Gralisa, la hizo voltear y darse cuenta que Edgar estaba allí, él se acercó a ella sin mostrar mucho interés.
—Excelentes escenas las de hoy —dijo ella, sin mirarlo directamente al rostro.
—Sí, digamos que estaba motivado.
—¡Vaya!
Se te da muy bien motivarte para las grabaciones —dijo ella y en sus palabras se mostraba cierto cinismo.
¿Estaba celosa?
Se preguntó Edgar, eso era lo que él más deseaba en el mundo, que Gralisa sintiera lo mismo por él; mas su pensamiento se desvaneció cuando notó el cruce de mmiradas que había entre ella y Rómulo.
—¿Y tú que haces por aquí?
—preguntó él dando largas a la conversación que se hacía cada vez más insostenible para él.
—Nada —alzó ambos hombros— solo pasé y me dio curiosidad entrar al set de fotografías, y la verdad es que el modelo es realmente bueno.
—dijo mordiendo su labio inferior con sensualidad.
Edgar se sentía tan vulnerable ante la presencia de Gralisa que aunque deseara reclamarle o enojarse con ella, no podía.
Su conversación fue nuevamente interrumpida por la maquillista, quien la jaló de la mano.
—Vamos Gralisa, te toca medirte el vestuario.
Ella salió del set de fotografía y Edgar permaneció allí, mirando a su oponente.
Segundos después también fue llamado para continuar grabando las escenas de ese día.
Horas más tarde, Gralisa llegó a su apartamento.
Se quitó lis zapatos en plena sala y caminó descalza sobre la alfombra, fue hasta su habitación, se desvistió y se dio una ducha, le encantaba relajarse un poco antes de ponerse a estudiar su guión.
Este especialmente la tenía ansiosa, por lo que se metió en la tina y acarició su cuerpo con la espuma de su gel de baño con aroma a rosas.
Minutos después, se colocó su bata de seda y se recostó en su cama para leer; mientras revisaba el guión para el día siguiente de grabaciones, observó que en la historia debía representar el rol de una sumisa, aquello le generó cierta incomodidad, ya que eso significaba que ella no tendría el control de sus acciones, sino que sería la esclava sexual de su coprotagonista de escena.
Gralisa estaba acostumbrada a dejarse llevar por sus impulsos y actuar según ellos, pero esta vez estaría siendo sometida por el protagonista masculino, y quedaría absolutamente a merced de este.
Aún así no podía oponerse, debía ensayar su papel, sus breves diálogos y memorizar bien los gestos que debía interpretar, gesticular los sonidos y movimientos soeces.
—¡Ahhh!
—exclamó pero aquel sonido era poco convincente, al parecer aquella escena le sacaría canas verdes.
Esa noche repasó el guión varias veces, sin perder detalle alguno de lo que sería la grabación de aquella escena.
Nunca había sido sometida por alguien, realmente era una chica bastante independiente y libre, ser hija de una mujer soltera, era algo que le había enseñado como sobrevivir en un mundo dominado por los hombres.
Era fuerte aguerrida como lo fue su madre antes de caer en cama por aquella terrible enfermedad.
Repentinamente vino a su mente las escenas de esa tarde de Edgar con la actriz, sintió necesidad de tocarse, por lo que se deslizó en la cama, levantó su pijama de seda e introdujo su mano en el interior de su pantie, hurgó entre sus labios hasta dar con su botón de placer, con la punta de su dedo friccionó dando movimientos circulares suaves.
En la medida que empezaba a endurecerse, tanteó con su otra mano uno de sus pezones, acompasando ambos dedos en un movimiento simultáneo y similar.
Pronto su pezón estaba tan duro como su clitoris, comenzó a sentir sed y lubricó sus labios con su lengua húmeda.
Mientras se excitaba, repasaba la imagen mentalmente de Edgar deslizando su puntiaguda lengua por la ranura que separaban los labios de la actriz, apretó sus glúteos con fuerza y aceleró los movimientos de sus dedos, provocando la contracción de su vagina que pedía hambrienta ser penetrada.
Bisbiseó el nombre de su colega en voz baja “Edgar, Edgar” repitió su nombre mientras alcanzaba aquel estallido orgásmico.
Su respiración se fue calmando poco a poco, dejó sus dedos sentir la humedad de su vagina, frotó sus dedos pulgar e índice.
Estaba lo suficientemente húmeda como para disfrutar una exquisita penetración vaginal.
Más como otras tantas noches, estaba sola.
Tomó el libreto que minutos atrás dejó sobre la mesa de noche.
Sintió un poco de hambre, se levantó y fue hasta la cocina a preparar algo para cenar, con el embrollo del guión y la ansiedad por interpretar aquel papel, olvidó que no había cenado.
Abrió el estante, solo vegetales, legumbres y comida light, aunque sabía que debía cuidar su cuerpo para estar dentro de la empresa, la ansiedad solo lograba calmarla comiendo o teniendo sexo, pero a la mano solo tenía una primera opción.
Prefirió entonces pedir una pizza por delivery; aquel momento introspectivo y de autosatisfacción sexual le había abierto el apetito ferozmente.
Mientras aguardaba por su pedido, practicó las posiciones que debía realizar en su escena de BDSM, quería hacerlo bien, necesitaba escalar pronto de nivel y formar parte de la lista A.
Allí no solo obtendría mejores ingresos, sino que también tendría la oportunidad de compartir con Rómulo, aquel hombre era excesivamente atractivo y provocaba deseos en ella.
El timbre la sacó de su estado de concentración, fue corriendo hasta la puerta, abrió apresuradamente; la mirada atónita del repartidor de pizza le hizo caer en cuenta que andaba semi desnuda.
—Buenas noches, su pedido.
—dijo con tono pícaro.
Ella sonrió, el chico un tanto nervioso le entregó la caja, ella la tomó y empujó con su cadera la puerta, estaba ansiosa y hambrienta, si no hubiese parecido un poco fuerte su actitud, habría cogido con el repartidor de pizzas, esa era la manera más efectiva de ella tranquilizarse y relajarse.
Luego de cenar, volvió a su habitación, se acostó y finalmente luego de dar vueltas de un lado a otro, logró quedarse dormida.
Necesitaba estar descacansada y fresca como una lechuga para esa grabación.
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