El Juego de la seducción mortal - Capítulo 30
- Inicio
- Todas las novelas
- El Juego de la seducción mortal
- Capítulo 30 - 30 Capítulo 30
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
30: Capítulo 30 30: Capítulo 30 ¿Paranoica?
Finalmente Gralisa se quedó dormida después de darle muchas vueltas a ese asunto que tanto la angustiaba.
Cuando despertó, miró su reloj, ya había amanecido.
Se puso de pie y revisó con temor todo el lugar, la sala, la ventana que daba al balcón, vio que estuviera todo en orden, se aseguró que la ventana estuviese bien cerrada.
Aún se sentía ansiosa y preocupada.
Luego fue hasta la cocina, abrió la puerta del depósito con sumo cuidado, revisó dentro, el palo de la escoba cayó al piso y ella gritó aterrada.
—¡Joder!
Que por poco me da un infarto.
—se agachó y recogió la escoba, cerró la puerta del depósito y regresó a su habitación .
Estando allí, abrió el guardarropas, movió con temor los ganchos y separó los vestidos que colgaban.
Debía estar paranoica, todo le asustaba.
Después de allí, se dirigió al baño, corrió la cortina y miró dentro de la tina.
Exhaló un suspiro.
—Me estoy volviendo loca.
Esto no puede ser.
Como es que voy a tener miedo en mi propia casa.
—se increpó a sí misma.
Pero si, realmente se sentía insegura estando allí.
Nadie, de su círculo de amistades o colegas, sabían donde ella vivía.
Los únicos que habían estado en el edificio, habían sido Neves, que la llevó en un par de oportunidades y Edgar, con quien había pasado unos días maravillosos.
¿Quién entonces podía haberla llevado hasta allí?
En medio de su desesperación y nervios, Gralisa piensa que lo mejor para ella y lo más seguro, era mudarse de aquel apartamento.
Se sentía en riesgo, aunque nada hubiese pasado aún, no quería seguir en aquel lugar.
Lo primero que vino a su mente, fue mudarse con su novio.
Edgar era multimillonario y no tendría problemas en que ella viviese con él.
Tomó su móvil y lo llamó.
—Amor ¿Cómo has estado?
—Bien mi amor ¿y tú?
—Pues extrañándote a montones ¿y tú, no me has extrañado?
—Absolutamente sí.
No dejo de pensar y desear estar contigo —Amor, sabes… me gustaría quedarme en tu piso mientras vuelves.
—Claro mi amor, no hay problema.
Anota la contraseña y me esperas a que regrese.
—¿Cuándo regresas?
Que te echo de menos y estoy ansiosa por verte.
—Aún me falta resolver algunos asuntos familiares, tuve que pedir unos días extras en la empresa para poder terminarlos.
—Está bien.
Espero que regreses pronto.
—Tengo que dejarte mi amor —dijo él finalizando la llamada.
Ella pudo escuchar a la persona que estaba del otro lado apurando a Edgar por lo que tuvo que quedarse callada y no contarle las razones por las cuales ya no deseaba estar en su apartamento .
Quería decirle que estaba en peligro pero él parecía estar muy ocupado y ella no quería convertirse en una carga para él.
Gralisa tomó la maleta pequeña, recogió los objetos de valor que tenía, sus documentos y tres mudas de ropa.
Necesitaba salir de aquel lugar lo antes posible o terminaría desquiciada.
Cuando Gralisa llegó al lujoso piso de Edgar, se quedó sorprendida.
Realmente era una casa inmensa.
Su apartamento completo era aún más pequeña que la sala de aquella mansión.
Estaba deslumbrada con el lugar, nunca había estado en un sitio parecido.
Subió las escaleras y se hospedó en la habitación de Edgar.
Se tiró sobre la enorme cama King side y sintió la suavidad del edredón de seda, ella parecía apenas una hormiga en aquella habitación.
—Bien Gralisa, disfruta de todo esto.
Te lo mereces.
Se desvistió, aprovechó de meterse en la tina y darse un baño de espuma para relajarse, pensó en todo lo maravilloso que tendría una vez estando con Edgar como marido y mujer.
Aquello era el sueño de cualquier mujer hecho realidad.
Sin embargo, al poco tiempo, comenzó a sentirse incómoda en aquel lugar tan grande.
Casi todo el tiempo estaba sola, sobre todo en la noche cuando la empleada doméstica se iba.
A pesar de que tenía las llaves del auto de Edgar, no podía conducir ya que no poseía carnet para manejar.
Y lo más complicado era que aquella lujosa mansión quedaba lejos de la empresa por lo que tenía que pasar mayor tiempo en la carretera yendo y viniendo.
Sus miedos continuaban, sus inseguridades también.
Por lo que manejó la idea de encontrar un piso más cercano a la AV donde también se sintiera un poco más seguram Esa mañana se encontró con Neves en la empresa.
Ella llevaba una solicitud de vivienda en su mano.
—¡Gralisa!
¿En qué andas?
Te veo un tanto ansiosa y algo afanosa.
—Sí, la verdad es que he tenido unos días bastante ocupados con lo de la mudanza, de tener que armar el equipaje y llevar mis cosas de un lado para el otro.
—exhaló un suspiro— Sólo cuando tienes que mudarte es que te das cuenta de todas las cosas innecesarias que tienes, joder.
—¿Te estás mudando?
—preguntó achicando sus ojos y frunciendo el entrecejo— ¿A dónde te vas a ir?
¿Qué pasó con tu apartamento?
—preguntó con curiosidad e interés; pero a diferencia de querer contarle como a Edgar las razones de su mudanza, prefirió no darle explicaciones a Neves sobre lo que le estaba pasando.
No quería darle cabida en su vida.
—En estos momentos me estoy quedando en el piso de Edgar.
— La respuesta de Gralisa incómoda a Neves quien se lleva de enojo y de celos.
Aunque trata de ocultar lo que siente, no podía creer que ya Gralisa se había ido a vivir con Edgar.
—Que bueno, te felicito —respondió intentando ocultar su enojo, pero a pesar de sus esfuerzos, la chica notó que él estaba enfadado.
—¿Por qué entonces tienes una solicitud de vivienda en tus manos?
—le interrogó con suspicacia.
Ella tartamudeó antes de contestarle: —Bue… bueno, la verdad es que el piso de Edgar pues está bastante lejos de la empresa y prácticamente debo estar tomando taxi para ir y venir.
Eso me ocupa más tiempo del debido, sabes que me gusta ser puntual en mi trabajo, por eso preferí solicitar una oficina aquí mismo en la empresa.
—¡Ah ok!
Entiendo —se quedó pensativo y entonces decidió proponerle a la chica que se fuese a vivir con él, seguro de que ella no se negaría a hacerlo— Puedes venir a vivir conmigo, si quieres.
Conoces mi apartamento, tengo una habitación desocupada y sabes que queda cerca de aquí.
—dijo en un tono bastante sugestivo, provocando incomodidad en Gralisa.
Pero ella no quería caer en su juego una vez más, por lo que sin dudarlo le contestó: —Agradezco lo que haces por mí, Neves… pero prefiero no incomodarte, tú estás acostumbrado a vivir solo.
Yo sólo sería un inconveniente en tu casa y pues, tampoco deseo tener problemas con Edgar.
—elevó ambos hombros y continuó hablando, ysando argumentos que más que convencer a Neves, terminaran convenciéndola a ella misma— No se vería nada bien, que siendo yo su novia, esté viviendo contigo, tío.
¿No crees?
—Nuevamente su respuesta desconcierta y provoca en Neves, enojo.
A pesar de que ella hubiera querido gritar y decirle que sí, que deseaba vivir cerca de él, terminó negándose.
No quería ponerse a prueba, terminar cayendo en brazos de Neves y traicionando a Edgar.
Neves en tanto, no pudo negar su desconcierto.
Siempre estuvo tan seguro de controlar a Gralisa, por lo que ver que estaba perdiendo el control sobre ella, le provoca rabia y mucha ansiedad.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com