El Juego de la seducción mortal - Capítulo 31
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31: Capítulo 31 31: Capítulo 31 Un amor al estilo de Shakespeare Después de negarse a vivir con Neves, Gralisa recibió la aprobación de la solicitud que había pedido.
Inmediatamente recibió el código para mudarse cuando ella misma quisiera.
La chica estaba feliz, se moría de ganas por visitar su nuevo “hogar”.
Al verla tan contenta, Neves mandó a su asistente a comprarle un ramo de rosas para obsequiárselas a Gralisa.
Ella se sorprendió cuando lo vio entrando al camerino y entregándole el ramo de rosas.
—Son para ti —se recostó del marco de la puerta, le sonrió pícaramente y extendió el brazo.
Ella las tomó y le devolvió la sonrisa.
—¡Están hermosas!
Pero… —hizo una pausa— ¿A qué se deben?
—preguntó con curiosidad.
—Es un simple detalle, sé que te aprobaron la solicitud y quise venir a felicitarte por ello.
—¡Gracias!
—dijo emocionada, encogiéndose de hombros y oliendo el aroma de las flores.
Después de terminar su jornada, Gralisa tomó un taxi y se dirigió al piso de Edgar.
Quería empacar sus cosas y salir de allí.
En el momento que se encuentra arreglando todo dentro de su maleta.
El timbre sonó.
Ella se puso un tanto nerviosa, era raro que alguien estuviese visitando a Edgar, pensó ella.
Dejó lo que estaba haciendo, se arregló el cabello y se dispuso a bajar las escaleras y a ver quien tocaba a la puerta.
El timbre sonó con insistencia, un par de veces más, por lo que ella se apresuró a abrir.
Frente a ella estaba parada una elegante mujer, bien vestida, impecable en su maquillaje y peinado, con un atuendo al estilo de la realeza, ropa exclusiva y un perfume que inundó la sala al ella entrar.
—¡Buenas tardes!
—dijo la mujer, abriéndose paso y entrando a la mansión.— ¡Tú debes ser Gralisa!
—la chica asintió algo sorprendida por la presencia de aquella dama tan elegante.
—Sí, soy yo.
¿Nos conocemos?
—respondió toscamente.
—Bien, no pienso andar con muchos rodeos, ni menos con tantas explicaciones.
Soy Emma, la madre de Edgar —Gralisa abrió los ojos como platos— y vine a conocer a la supuesta novia de mi querido hijo —dijo en tono sarcástico.
Gralisa tragó en seco, se puso muy nerviosa al saber de quien se trataba.
Aquella mujer destilaba glamour por los poros.
—¿Desea algo de tomar?
Puedo servirle una copa de vino si gusta.
—Fue lo único que se le ocurrió decirle a su “suegra”.
La mujer asintió y sonrió.
Mientras Gralisa sirvió la copa de vino, la mujer se sentó en el sofá de tres puesto, con excesivo glamour y delicadeza.
Cruzó una de sus piernas, dejó su espalda y cabeza en forma recta.
Ahora la chica entendía porque ella, nunca podría actuar de esa manera, nunca podría ser tan elegante y sofisticada como la madre de Edgar.
Aquella mujer mostraba tener mucha clase y ser refinada.
Tan distinta a ella.
Por suerte, pensó ella, Edgar no era como Amado, que la despreciaba por ser humilde y poco elegante.
Él me había dicho que la amaba y la había defendido de quienes se burlaban de ella eso le brindó un poco de tranquilidad y seguridad.
¡Pero qué poco le duraría a decir verdad!
Gralisa le entrega la copa y se sienta en el sofá pequeño de un solo puesto.
La mujer vira la copa, olfatea y degusta el trago de vino.
—¡Humm!
Excelente elección la de mi hijo.
—dijo refiriéndose al vino francés.— Gralisa… es así que te llamas ¿no?
—Sí —respondió la chica, aún nerviosa.
Pero Emma cuya inteligencia es excesiva al igual que su elegancia, comienza a hablar con Gralisa, usando un tono suave y mostrando amabilidad en cada una de sus palabras.
—Querida, creo que sabes quién es Edgar y quien es su familia —Gralisa asiente— La familia Isler, es una de las familias más importantes del este de España.
Su bisabuelo y todos sus hijos y descendientes siempre han velado por mantener su estatus social.
Cada uno de los miembros de está prestigiosa y multimillonaria familia, se han casado con mujeres de alto nivel social.
Digamos que¡el linaje de la familia Isler, es de lo más selecto de Europa.
¿Entiendes lo que te quiero decir?
—le preguntó saboreando un segundo trago de vino.
—Sí, entiendo perfectamente —respondió ella, disimulando su tristeza.
A pesar de que la madre de Edgar no había dicho abiertamente que estaba en contra de la relación de su hijo con una mujer de bajo nivel social y económico, le había enfatizado la importancia de que cada uno de sus miembros se casaban con mujeres de la alta sociedad y ella, no pertenecía a ese grupo selecto.
—No se preocupe, no es lo que parece.
Hoy mismo me mudo a otro lugar.
Edgar solo me presto su piso por unos días.
Por favor, no me malinterprete —aclaró Gralisa.
—Me alegro entonces de que hayamos conversado y me entiendas perfectamente.
—dejó la copa en la mesa de centro y se puso de pie.— Espero que esta conversación entre mujeres quede entre nosotras —Sonrió.
—Sí, no se preocupe.
No tengo porque decirle a Edgar que estuvo aquí.
—Eres una chica muy inteligente —dijo tomándola de la barbilla.
Gralisa entiende perfectamente el mensaje de Emma y lo que está esperaba que ella le respondiera.
Quedaba muy en claro que Gralisa no pertenecía a esa clase social, y ella misma no sería el motivo de discordia entre Edgar y su madre.
Au baja autorstima era mas que sificiente para saber cual era su lugar en la vida de Edgar.
—Termina de arreglar tus cosas, mi chofer te llevará hasta tu nueva oficina.
—le ofreció Emma a Gralisa.
—No es necesario.
Puedo irme en taxi.
—respondió algo apenada.
—Ni pensarlo, que diría mi hijo si sabe que te dejé sola en un taxi.
Ve, yo aquí te espero.
Gralisa no tuvo más opciones que aceptar el ofrecimiento de Emma de llevarla hasta su oficina.
Lo más seguro era que quería cerciorarse de que no estuviera en la lujosa mansión.
Minutos después el auto se detuvo.
El chofer se bajó para abrirle la puerta a Gralisa y ayudarla con el equipaje.
El sueño de princesa de cuentos se estaba esfumando frente a ella.
Gralisa entró a la oficina, dejó su maleta sobre la cama y rompió en llanto.
—¿Por qué, por qué tiene que pasarme esto a mí?
—se pregunta entre lágrimas y dolor.
Ahora parecía entender las palabras de Neves cuando se rió de ella y le aseguró que nunca podría casarse con Edgar.
Tenía toda la razón.
¿Cómo podría un hombre con su posición social y su dinero, casarse con una chica como ella?
¿Cómo se le pudo ocurrir a ella, que finalmente sería feliz?
Todo se le venía a bajo, su mundo, sus ilusiones, sus sueños, sus ganas de ser feliz y de haber creido encontrar a alguien como Edgar, que realmente la amara.
La familia de Edgar necesitaba a una esposa que tuviese a su mismo nivel social, una de noble cuna, digna de él y de la prestigiosa familia Isler.
Cuando apenas, Gralisa creia haber encontrado el amor junto a Edgar, cuando apenas estaba comenzando a ser feliz, los padres de Edgar querían separarlos.
Ella se sentía como Romeo y Julieta, cuyo amor apenas duró tres días.
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