El Juego de la seducción mortal - Capítulo 38
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38: Capítulo 38 38: Capítulo 38 Una reacción incontrolable Gralisa levanta la cabeza de entre las piernas de Neves, lo mira, saca su lengua y limpia con su dedo algunos hilos plateados que quedaron en su boca, tras las embestidas de su amante.
Al ver aquella escena tan soez, Neves la estruja entre sus brazos, y la besa apasionadamente.
La chica se sorprende al sentir la vehemencia y lujuria con la que Neves la devora con sus labios y mete su lengua lo más profundo que puede dentro de su boca.
En una reaccion inesperada, él se levanta sosteniéndola de la cintura; la hace girar de espaldas a la cama, la empuja, ella cae abruptamente, pero esa escena salvaje para excitatlos a ambos.
Neves comienza a quitarse ansiosamente el cinturón, mientras su pantalón cae al piso, saca su falo grueso y palpitante.
Toma a Gralisa de los tobillos, la jala con fuerza dejando la orilla de sus nalgasen el borde del colchón.
La sujeta de ambas piernas enlazando cada una de ellas en sus antebrazos, las abre y mete su polla en el coño húmedo y ardiente de la chica.
Ella está tan lubricada que su pene entra por completo dentro de su vagina.
“¿Por qué no puedo controlarme, sólo de verte deseo poseerte?”.
Se pregunta Neves a sí mismo; pero su orgullo es tal, que él sería incapaz de admitir lo que siente por ella, admitir que le pasa igual que a ella, que le basta verla para encenderse y querer follarla.
Gralisa gime al sentir como su pinga entra y sale de su coño húmedo y resbaladizo.
Él se mueve sobre ella dejando caer su peso en su pelvis.
Ella agarra los dedos de Neves y lo mira, mientras él acaricia su mejilla.
Las miradas dicen lo que sus labios callan.
Él la desea, pero también siente cosas un poco inusuales por su compañera.
Todo aquello, le resulta un tanto incomprensible y excesivamente raro, a Neves.
Se concentra entonces en su papel¡de macho alfa, la masturba tomando con su mano su polla e introduciendo sólo la punta de su falo con fuerza para luego sacarlo y repetir esto un par de veces, mientras Gralisa se estremece y mueve su cadera para sentirlo aún más adentro, ansiosa y hambrienta de su pene.
Se sostiene de los brazos musculosos y fuertes de Neves, para elevarse su vientre lo más que puede y sentir su miembro en lo profundo de su vagina.
La sensación de su polla golpeando dentro de ella, no es muy cómoda para la chica, pero logra excitarla notablemente, la desespera, la enloquece de ganas.
Bisbisea entonces, una y otra vez el nombre de su amante ocasiónal.
—¡Neves, Neves, Neves!
—repite su nombre y eso es lo único en lo que ella puede pensar, se siente obnubilada durante esos breves instantes de plena pasión y absoluto placer.
—Me estoy enredando demasiado con la apuesta, Gralisa —murmura Neves al oido de la chica, mientras empuja su pinga contra el pequeño bulto que hay dentro de Gralisa.
Se abalanza hacia dentro y se mueve sobre ella.
Gralisa tiembla al sentirlo, luego Neves saca su polla lentamente para dejar que ella recupere el aliento, ya está apunto de desfallecer.
Sus ojos están llorosos y su garganta y labios secos, ella pasa su lengua tratando de humedecerlos y tratar su propia saliva.
El nivel de excitación es extremo.
—Quizás pueda hablar contigo… —le dice Neves, pero luego vuelve a desistir de su idea— No, si es así, pierdo la bet… —él prefiere callar; mas Gralisa no se ocupa en entender ni descifrar sus palabras entredichas o entrecortadas, sólo desea disfrutar de la pinga de Neves entrando cada vez más profundo en su vagina.
Neves permanece en silencio, mientras la punta de su polla está tan profundo que siente su útero y se impulsa mucho más adentro.
Quiere sentirla y poseerla.
Gralisa gime y murmura entre jadeos: —¡Ohhh, Neves!
—lo abraza con fuerza y sus pezobes se eyecta de sangre, se hinchan y enrojecen de placer.
La camisa de Neves está totalmente abierta, apenas la corbata cuelga de su cuello.
La bata que llevaba puesta Gralisa ya hace rato dejó de interponerse entre sus cuerpos, ahora yace sobre la alfombra.
Sus cuerpos desnudos, sudorosos, transpiran de deseo y de intensa pasión.
Se amalgaman, se resbalan, se acicalan uno al otro, como si ambos fuesen el par de piezas de un rompecabezas que encaja a la perfección, sus sexos encajan de manera exacta.
Su respiración es cada vez más agitada, ambos buscan controlarse un poco.
Cuando Neves, ya ha recuperado el aliento, la mira fijamente: —¿Puedo disfrutar de tu útero?
—pregunta él, con voz apagada.
Ella niega con la cabeza, eso es algo con lo que no puede jugar en ese momento tan importante de su carrera, mucho menos ahora que empieza a saborear el dulce sabor de la fama y del éxito; dejarse llevar por lo que siente por Neves, podría poner en riesgo todo lo que ha logrado hasta ahora.
Pero Neves, no necesita su consentimiento para seguir disfrutando de su vagina; él continúa embestiendo con fuerza el coño de Gralisa.
Ella se estremece de placer al sentir su verga dura rozando las paredes de su útero, abre sus piernas lo más que puede para que él alcance meter toda su polla en su coño.
Por los muslos y la entrepierna de Gralisa se deslizan y chorrean, los distintos fluidos que emanan de su hendidura enrojecida y ardiente y los fluidos preseminales de Neves, entremezclados.
Él se mueve tan de prisa que la chica no logra entender de dónde proviene su mayor nivel de excitación; cada nueva sensación es más intensa que la anterior y ella ya no puede contener las ganas, por lo que estalla en un orgasmo intenso, su vagina devastada se retuerce, mientras Neves se estremece y convulsiona aún dentro de ella, para luego sacar su falo y sacudirlo.
Lo sostiene con firmeza y luego lo sacude con fuerza, lo frota dejando que su semen salga a chorros sobre la alfombra y el piso.
Seca su frente con su antebrazo, exhala un suspiro y se tiende al lado de Gralisa.
Ella se gira hacia él, quedando sus senos pegados del costado de Neves, luego rodea su cuello con sus brazos y coloca su pierna se mueve sobre la pelvis húmeda y resbalosa de Neves.
Ambos descansan, ella recuesta su cabeza sobre el pecho sudoroso y agitado de Neves que lentamente se va desacelerando y obteniendo su ritmo cardíaco normal.
Gralisa cierra los ojos, está agotada, exhausta, pero plenamente satisfecha y feliz de estar en brazos de Neves, lo que siente por él, aún vibra dentro de ella.
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