El Juego de la seducción mortal - Capítulo 4
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4: Capítulo 4 4: Capítulo 4 Néctar exquisito Gralisa llegó al set de grabación esa mañana, como suele hacerlo siempre, puntual.
Inmediatamente fue llevada al área de maquillaje, debía estar lista para la escena siguiente, era el gran día de la grabación de la escena de esclava sexual que tantas horas de estres y tensión habían generado en ella desde que leyó el libreto.
Edgar como siempre aprovechó para acercarse y conversar con ella.
Él siempre buscaba la menor excusa para verla y hablarle, tal como lo hizo en ese preciso momento.
—¿Lista para tu escena de hoy?
—preguntó sonriendo con picardía.
—Siempre estoy preparada —respondió parcamente.
—Me encanta que seas así, intempestiva y eobre todo desinhibida.
—ella sonrió por un segundo.
Realmente, esa era una especie de coraza que ella usaba para distraer al resto de las personas, de su verdadera personalidad, retraída e insegura.
—Te deseo mucha suerte.
Estaré viendo la escena —le dio un guiño y regresó ao estudio de grabación.
Gralisa solo pensaba en aquella escena, tendría que estar vendada, amordazada y esposada con las manos en la espalda; eso la llenaba de incomodidad, pues no solo estaría inmovilizada físicamente sino incluso emocionalmente, no podría emitir sonidos de placer ni decir nada, ni siquiera podría ver el rostro del hombre con quien grabaría la escena.
Después de maquillarse, tomo el vestuario que debía usar y fue a su camerino.
El traje era poco convencional, el vestido era andrajoso y la malla con agujeros similar a una red negra de pescar.
Fue al set de grabación, una de las chicas de vestuario la ayudó colocándole el collar y la mordaza.
Aquella sensación de impotencia le dejó muy eb claro cual sería su papel de esclava sexual, estaba reducida físicamente y dependería de su amo esclavista.
Gralisa se arrodilló con la ayuda de la chica de vestuario, quien para terminar, le colocó la venda de satén negro en los ojos.
Esperar sin saber qué, apenas podía contar con su olfato y sus oídos.
Trató de poner atención a todo, esa incertidumbre la atontaba, escuchó los pasos acercarse, el hombre se acercó a ella, colocó el pie en su espalda y la obligó a inclinarse hacia adelante, dejándola con el rostro a pocos centimetros del piso, sus glúteos desnudos estaban expuestos.
El actor llevaba un látigo en la mano con tiras de cuero negro en la punta, inesperadamente levantó el instrumento y asestó el golpe directamente en los glúteos desnudos y expuestos de Gralisa, quien apenas sintió el escozor en sus nalgas, se cimbró.
No podía gritar ni quejarse de dolor.
El hombre tiró de la malla, en su espalda, haciendo que esta se internara entre sus glúteos y labios vaginales.
Aunque era incómodo, mientras el más tensaba, ella comenzaba a sentir placer en aquello.
Una mezcla de placer y dolor que la hacían estremecer de forma inesperada.
El actor, se arrodilló de detrás de ella y con la parte rígida y gruesa del latigo comenzó a frotar los labios carnosos de la chica.
Gralisa sintió como su vagina se humedeció rápidamente y comenzó a contraerse como una ventosa capaz de succionar lo que tuviese frente a ella.
El amo, metió sus dedos entre los huecos de la malla y con ambas manos jaló con fuerza, rasgando el traje.
La chica estaba ansiosa, sin imaginar que haría su amo.
Sintió el grosor de sus dedos hurgando entre sus pliegues y buscando su tan electrizante clitoris, comenzó a frotarlo con tal habilidad y destreza que Gralisa se estremecía con cada roce ¿Quién era aquel hombre?
Se preguntaba la mujer, mientras él disfrutaba haciéndola vibrar, colocó sus dedos dentro de su hendidura que se deslizaron más de lo que el amo esperaba, ella estaba realmente excitada, aunque no hablaba, ni podía expresar con gemidos el placer que sentía, sus movimientos pélvicos y de su vagina contrayéndose decían todo por ella.
Gralisa sintió cuando con su brazos la hizo caer de lado quedando en posición fetal y comenzó a meter sus dedos dentro de su vagina; con movimientos que iban de corto a profundos, de lentos a moderados y luego rápidos, el hombre disfrutaba provocando en ella excitación intensa y ganas de coger.
Aquella sensación de impotencia le excitaba, la hacía estremecer, nunca había sentido aquello, nunca.
El hombre repentinamente sacó sus dedos de su vagina y luego saboreó su néctar.
—¡Hummm!
—exclamó y ella enloqueció al oír el sonido de sus labios al extraer sus dedos, no tenía que verlo para saber lo que él había hecho.
Ansiosa por sentor su pene dentro, se retorció sobre la alfombra.
Pero el amo se levantó, ella escuchó sus pasos alejarse ¿a dónde iba?
No podía dejarla así.
Quería sentir su polla dentro, lo deseaba, lo necesitaba.
—¡Queda!
—se oyó la voz del director dando la orden para detener la grabación.
Todos los camarógrafos aplaudieron, mientras Gralisa sentía su vagina a punto de estallar y sus piernas temblaban como gelatina, su respiración era acelerada y su corazón latía rápidamente.
No podía creer que aquella sensación de incertidumbre e inseguridad despertaran en ella tanto placer y morbo.
No lograba recuperarse de aquel maníaco sexo de dominación unilateral que acababa de experimentar.
Nunca se sintió tan vulnerable como en esos minutos de grabación.
Uno de los empleados de utilería, la ayudó a sentarse, le quitó la esposa y la mordaza, ella misma se arrancó la venda de los ojos, se frotaba una de las muñecas con la otra mano, tal vez en alguno de sus movimientos bruscos se había lastimado.
—¿Estás bien?
—le preguntó el chico y ella asintió.
Realmente no lo estaba, seguía perturbada, respiraba agitadamente, su pecho se elevaba y descendía con rapidez; mas debía ocultar sus emociones ante el equipo de trabajo, por lo que comenzó a respirar profundamente para intentar calmarse, poco a poco recuperó el control de su cuerpo.
Mas, en su mente, rondaba sólo una pregunta que desde ese instante se convertiría en su mayor obsesión ¿Quién era aquel hombre que había logrado enloquecer de aquella manera?
¿Por qué la dejó así?
Haría lo que fuera para descubrirlo.
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