El Juego de la seducción mortal - Capítulo 41
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41: Capítulo 41 41: Capítulo 41 La propuesta de Gralisa Las palabras de Neves, aquella historia desconocida por ella hasta ahora, retumbaban en su cabeza, si bien Gralisa se sentía feliz por Neves, no menos cierto era que también se sentía triste con todo aquello.
Su alegría wra porque Neves había confiado en ella como para contarle su vida, se había abierto y había dejado que sus sentimientos que guardaba en su corazón, salieran a flote.
Pero por otro lado, se sentía muy triste al ver que aunque Neves sentía algo especial por ella, Gralisa nunca sería una candidata para ser su esposa.
Tenía que conformarse com ser la amiga y confidente de Neves.
Ella sonríe, lo irónico que era su vida, ahora ella cumplía el papel de Edgar en su vida, con el único detalle que Edgar nunca dejó de creer que podría estar junto a ella, casarse y ser felices.
Pero Neves, él no sacrificaría nada para estar a su lado.
Todo había quedado claro para ella, por lo que ya no había supuestos, ni confusión.
Decidió entonces proponerle a Neves una especie de trato sexual.
—Comprendo toda y cada una de las cosas que me has dicho y pensándolo en frío, tengo una propuesta para ti.
—¿Sí, cuál?
—preguntó él un tanto sorprendido con lo que ella pudiera proponerle.
—Bien, mientras ninguno de los dos esté comprometido, podemos estar juntos, disfrutar de nuestros encuentros sexuales… pero cuando uno de los dos decida tener una pareja, entonces todo se acaba.
Así ninguno de los dos sale perjudicados.
Al principio Neves se quedó pensativo, era una propuesta bastante conveniente para ambos, buen sexo y sin ataduras.
Ser felices y disfrutar sin que ellos les quite la posibilidad de encontrar a la persona que ambos buscan para ser felices.
—Bien, creo que es perfecto.
¡Estoy de acuerdo!
—Sonrió y levantó su copa para brindar por aquel trato.
Durante la cena, Gralisa no comentó más nada sobre el asunto, Neves en tanto, se veía relajado y entusiasmado, comentaba sobre algunos temas de tipo sexual y reía, ella apenas se limitaba a fingir una sonrisa breve.
Terminaron de cenar y él se puso de pie para ir al baño.
Ella se sentía presa de su propia decisión ¿Había tomado la decisión correcta?
Neves regresó y ella igual permaneció callada y pensativa.
—Me gustaría que pasaramos esta noche juntos— le propuso Neves, ansioso de su respuesta.
Pero ella lo miró fijamente y respondió: —Hoy no, Neves.
Quiero estar sola esta noche.
—ante aquella respuesta el hombre se quedó sorprendido.
—¡Bien!
No hay problema.
Entiendo que necesitas descansar.
Voy a pedir un taxi para que te lleve —ella asintió.
Neves la envió hasta la oficina de la empresa en un taxi.
No podía obligarla a algo que ella misma no deseaba.
Aunque a él, le parecía un tanto incongruente su actitud, tomando en cuenta que era ella quien había propuesto ese tipo de relación entre ellos.
¿Por qué entonces no quiso pasar esa noche junto a él?
Se pregunta.
Gralisa bajó del taxi, caminó hacia la entrada de la empresa, digitó la contraseña de su oficina, la puerta se abrió y ella entró.
Comenzó a desvestirse desde la entrada hasta llegar a su cuarto, lo primerp que hizo fue quitarse los tacones.
Luego largó la cartera en el sofá, caminó hasta su habitación y terminó de desvestirse.
A pesar de que la cena fue estupenda y la conversación con Neves bastante fructífera, se sentía sin ánimos y extrañamente melancólica.
—Vamos Gralisa —se dijo a sí misma—.
¿Qué te sucede?
¿No fue tuya la genial idea de sólo estar con Neves a ratos?
Miró la cama, pensó como la noche anterior ella y Neves habían estado entre las sábanas haciendo el amor una y otra vez, habían enloquecido de pasión y se habían entregado a sus deseos más íntimos.
Esa noche eran apenas, un hombre y una mujer que se deseaban demasiado y terminaron haciendo el amor, exhaustos de follar.
Pero hoy, ella había tomado la iniciativa y le había propuesto una relación un tanto conveniente para “ambos”.
Gralisa disfrutaría estando con él, con una perspectiva real y clara de lo que había entre ellos, sin dudas, ni malentendidos.
Eso era lo que deseaba, ¿no?
Sólo que dentro de ella, algo la hacía dudar.
¿Realmente era una buena decisión estar con él, sin involucrarse sentimentalmente?
¿Era ella misma capaz de controlar lo que hasta ese instante ni había logrado, su amor por él?
Las preguntas van y vienen en su cabeza.
Después de acostarse en su cama, esa noche al igual que Neves lo hizo tiempo atrás, ella ideó mentalmente su propio plan, el cual consistía en que ella tendría relaciones sexuales intensas con Neves por un tiempo prudencial, hasta que el se cansará de su cuerpo y ella encontrara un hombre que realmente deseara estar con ella.
A su mente, vuelven esos momentos intensos junto a su potente y resistente amante.
Revive mentalmente su primer encuentro, cuando él se ofreció a evaluarla para subirla de nivel en la lista de actrices.
Su cuerpo se estremece tanto como en aquel instante en que manoseo sus senos para luego saborear cada uno de sus pezones con sus labios y su puntiaguda lengua.
Instintivamente, Gralisa comienza a acariciar sus pezones e imaginar que son las manos de Neves que se posicionan sobre ellos y los apretan y amasan con placer, aquella sensación provoca en ella las primeras contracciones vaginales.
Debió decirle que sí, que deseaba estar con él esa noche.
“que tonta eres, Gralisa.
De haberle dicho que sí, estarías ahora sintiendo su potente virilidad” piensa y niega con su cabeza.
—¿Por qué tengo que desearte tanto, Neves?
—se pregunta y espeta— ¿Cómo puedo ser tan débil contigo?
Se deja caer sobre la cama y aún puede sentir el aroma de Neves entre sus sábanas, el olor de su perfume pero también de su semen.
Mete la mano debajo sus bragas y abre con sus dedos sus labios gruesos, siente su grosor y va directo a su clítoris, inicia con movimientos circulares lentos hasta sentir como de a poco toma mayor grosor y se endurece, con su otra mano, ejecuta los mismos movimientos en uno de sus pezones, comienza a sentir sed, a humedecer sus labios con su lengua, mientras su coño comienza a salivar sin detenerse.
—¡Neves, Neves, ven!
—bisbisea el nombre de su agente-amante.
Aunque Gralisa se niegue a sí misma, le pertenece a Neves, es algo que va más allá de su propia voluntad.
Basta y sobra pensarlo o tenerlo en frente para que todos sus sentidos se descontrolen y sólo desee sentir su pinga dentro.
—¡Ahhhhh!
—gime de placer a medida que sus dedos se mueven hábilmente entre sus pliegues carnosos.
Los movimientos de sus dedos son cada vez más frecuentes y aceleran el ritmo de sus latidos cardíacos, frota con mayor intensidad y rapidez su botón de placer, apreta sus glúteos con fuerza, y su mano se mueve hasta provocar en ella un intenso orgasmo clitoral, sus fluidos vaginales se desbordan.
Ella los siente, mientras introduce dentro de su hendidura, está tan calient¡”y húmeda que resulta un desperdicio no tener a su lado a Neves.
Suspira, levemente satisfecha de aquella auto-estimulación digital que acaba de propinarse.
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