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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 42

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42: Capítulo 42 42: Capítulo 42 Cómplices del deseo Sonó la puerta, Neves se encargó de abrir la puerta.

—No te preocupes Felicia, yo abro —le ordenó a su empleada, quien se disponía a atender la visita.

Neves quedó sorprendido al ver a Gralisa frente a él, sosteniendo en una de sus manos, la maleta rodante.

—¡Hola!

—dijo sonriendo.

—Pasa —se abrió paso y la ayudó con la maleta.

Neves estaba sorprendido con la llegada de Gralisa.

Sus últimas decisiones lo llenaban de asombro y satisfacción.

Ver como ella actuaba de forma madura y sin complicaciones.

Y sí, Gralisa estaba decidida a no complicarse la vida, solo deseaba disfrutar de ella.

Vivir intensamente lo que le correspondía vivir con Neves y seguir con su plan.

En aquella lujosa mansión, ella vivía como una mujer de la alta sociedad.

No tenía que ocuparse de los quehaceres de la casa, para eso estaban las empleadas de limpieza y cocina.

Sólo debía cumplir con su rol de amante exclusiva junto a Neves.

Por lo que la pareja, no tuvo el menor recato ni limitaciones a la hora de tener encuentros lujuriosos y sexuales.

Constantemente y de forma creativa se divertían follando en cualquier rincón de la casa y en los ratos libres de Neves.

Cada vez que ella y Neves deseaban coger, se iban a cualquier habitación, al baño, sobre el mesón de la cocina, en el área de la piscina y mantenían relaciones sexuales extravagantes y llenas de pasión, de adrenalina, de deseo, de place¡”y lujuria.

Esos encuentros donde ninguno de los dos deseaba parar de follar y disfrutar de sus sexos.

Caricias que pasaban de tiernas a vehementes, de movimientos suaves a hardcore, encuentros siempre distintos que parecían no agotar el repertorio de ambos amantes.

Neves estaba flipando con aquella relación.

Muchas veces se lo comentó a Gralisa entre gemidos y jadeos.

—¡Es la mejor idea que has tenido!

Me encanta sentir tu coño y meter mi polla mil veces en él… ¡Joder, que eres la mujer más ardiente que he conocido!

Gralisa se excitaba con cada una de sus palabras y gozaba a plenitud de las sesiones multiorgásmicas que obtenía en brazos de Neves.

Fue el período más lujurioso de su vida, no pensaba en nada, siempre que ambos estaban desocupados terminaban teniendo sexo rápido o por horas.

Los momentos de ocio no existían para la ardiente pareja.

Neves era excesivamente apasionado y además de ello, con una resistencia sobrenatural.

Gralisa no lograba descansar más de un par de minutos, muy por el contrario, lo secundaba tal cual una cómplice en cada una de sus creativad posiciones.

Cuando de tener sexo se trataba, ambos estaban dispuestos.

Era como si tuviesen conectados o mejor aún telepáticamente excitados para entregarse y dejarse llevar por su instinto animal.

Realmente eran, el uno para el otro.

Para Gralisa, era ventajoso no sólo aprender de Neves, sino que en medio de alguna grabación o rodaje de alguna escena, se imaginaba al actor con quien grababa como si fuese Neves, como si él era quien filmaba en ella en ese momento.

Su nivel de excitación y placer era tal, que los directores terminaban felicitándola por lo bien que lo había hecho, sin imaginar que ella expresaba esos sentimientos pensando en Neves, su amante y cómplice sexual.

La chica, evitaba reír ante aquellos halagos, pues bien sabía que eran parte de lo que ella sentía por Neves, de un amor genuino que profesaba por su agente-amante desde hace un buen tiempo, sólo que ahora aquel sueño basado en imágenes mentales, hoy eran reales, las había vivido y experimentado con él.

Neves era su inspiración, su musa.

Una tarde mientras cenaban, Neves salió fuera del restaurante para fumar un cigarrillo, en mitad de la comida.

Era un vicio algo incontrolable para él.

Gralisa esperaba por su regreso cuando vio a la Emma, la madre de Edgar acercarse a ella, con intención de reclamarle por la actitud de su hijo, quien se había propuesto trabajar para obtener su independencia económica y recuperar a Gralisa.

—Tienes que alejarte de Edgar, me entiendes —dijo sacudiendo del brazo a la chica.

—No tengo nada con Edgar, usted se ocupó de dejarme en claro lo poco que soy para su hijo.

Lárguese y déjeme en paz.

—Es tu culpa que mi hijo no quiera casarse con una verdadera dama, una mujer que le garantizaría prestigio y sobre todo, suplicar su fortuna.

Se ha puesto en contra de su propia familia, compitiendo para obtener mayor poder y terminar casándose con una mujer como tú.

—No es mi culpa, que Edgar no quiera casarse sin amar a una mujer —espetó.

—Si tanto te importa Edgar, debes decirle que es lo que le conviene, que debe aceptar casarse con alguien de su misma clase.

—Gralisa la miró con enojo, no entendía como Emma era capaz de arrojar a su propio hijo en brazos de la infelicidad.

Neves vio la discusión y se acercó a la mesa, interrumpió la discusion al ver que se trataba de Emma.

—¿Qué está pasando aquí?

—dijo en voz alta y miró a la elegante mujer con el ceño fruncido.

Emma se quedó impávida sin responderle.

Neves cargó a Gralisa en brazos y de forma sarcásticamente le dijo a Emma.

—Gralisa no necesita a tu hijo ni su fortuna, para eso me tiene a mí.

—salió del restaurante y Gralisa sonrió ante la cara larga y patética de su ex suegra.

Llegaron a la mansión de Neves, pero Gralisa quería estar sola esa noche.

Se sentía triste con todo lo que había pasado con la madre de Edgar.

No pido evitar sentirse avergonzada o culpable al saber que él estaba haciendo todo lo posible por estar con ella.

Edgar estaba cumpliendo su promesa, mientras ella se entregaba a outro hombre.

—¿Me dejas sola?

—le pidió a Neves.

Él asintió y se fue a la habitación continua.

Gralisa lloró en silencio.

Edgar siempre fue bueno, tierno y comprensivo con ella.

Era el único en quererla tal y como era y aún así capaz de luchar por estar a su lado.

No supo cuando se quedó dormida.

Pero los labios de Neves saboreando su entrepierna la despertó súbitamente, aunque quiso oponerse en un principio, terminó dejándose llevar por las caricias de él.

Neves sabía cómo y dónde tocar a Gralisa.

En apenas segundos, su coño destilaba más fluidos que las cataratas del Niágara y su vagina palpitaba más que un maratonista amateur.

—Humm!

—se saboreó él y levantó ambas piernas de ella dejándolas a la altura de su pecho.

Su coño estaba perfecto y jugoso.

Neves metió su pinga de un solo golpe, Gralisa gimió al sentirlo dentro, después de ese primer movimiento, ambos se desataron de pasión, roces, choques, fluidos, gemidos, jadeos, sudor y éxtasis se conjugaron en esa escena.

Luego de que ambos saciaran sus deseos carnales, él descansó exhausto sobre su pecho.

La miró fijamente y le dijo aquello que llevaba tiempo perturbándolo.

—Siempre he sentido celos de Edgar.

—¿Celos?

—preguntó ella.

—Sí, Gralisa.

Yo sé que estás enamorada de él.

—ella guardó silencio, no quiso decir nada de lo que pudiera arrepentirse luego.— Yo estuve hablándole a algunas familias poderosas sobre él sin que Edgar lo supiera.

Les he dicho que es un hombre muy bueno.

Gralisa no puede creer lo que Neves le está diciendo, estuvo intentando alejarlo de ella.

Aquel marketing personal que le estaba haciendo a Edgar, era sólo para separarlos.

En cambio, para Neves lo que él había hecho era sólo anticipar algo que ya estaba destinado a suceder en algún momenro.

Para él, Edgar era un hombre rico que dependía de su familia, y que por ello estaba destinado a obedecer a su familia y Gralisa nunca podría ser su esposa.

—¿Dices que estuviste qué?

—preguntó con enojo.

—Nunca se iba a casar contigo.

No eres de su misma clase.

Lo hice por tu bienestar.

¿Qué sabía él lo que era bueno o no, para ella?

Se pregunta Gralisa a sí misma.

Lo único que le quedaba claro, era que aquel hombre al que tanto admiraba, no era la persona que ella creyó…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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