El Juego de la seducción mortal - Capítulo 46
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46: Capítulo 46 46: Capítulo 46 Fuera de escena/detrás de bastidores El rodaje de la escena finalmente concluyó.
Gralisa estaba exhausta, la sesión de sexo con Rómulo, siendo ella la dominante, le provocó mucho desgaste, por lo que tuvo que ser llevada en brazos, hasta la oficina de la empresa.
Rómulo la tomó entre sus fuertes brazos, la levantó y caminó hasta la oficina de Gralisa.
Era la primera vez para ella, sentirse así, una cosa era quedar agotada y perder el conocimiento por ser follada para despertar reluciente al igual que una estrella como cuando estuvo con Neves la primera vez, a tener que ser la que dirigía el acto sexual durante el rodaje completo de la escena.
Varias grabaciones había hecho con Rómulo en otras ocasiones, pero ella era pasiva, sólo debía soportar las embestidas de aquel hombre.
Gralisa suspiró entre sus brazos.
Digitó la contraseña y entraron a la oficina.
Con excesivo cuidado, él la colocó sobre el sofá y luego se sentó a su lado.
Ella se recostó en el espaldar dejando caer su peso al hacerlo.
—¿Estás cansada?
—preguntó él con cierta picardía y ella respondió sin percatarse de su intención.
—Wow!
Fue bastante fuerte hoy ¿No crees?
—Bien, buscaré algo para limpiarte —se puso de pie, entró al baño, tomó una toalla y la humedeció.
Regresó al sofá, se inclinó y comenzó a limpiar el sudor en su cuello, luego bajó hasta sus senos y dibujó con sus dedos el contorno de cada uno de ellos, Gralisa sintió escalofrío y su piel se llenó de puntitos.
Él sonrió y continuó limpiando con la toalla.
Limpió su abdomen y descendió un poco más.
Pronto la polla de Rómulo se endureció y engrosó como un roble.
Ella pudo notarlo tras la tela del pantalón deportivo de algodón que se levantó como una carpa de campamento.
Ella abrió un poco sus piernas y un ligero cosquilleó se apoderó de su cuerpo.
Pronto su vagina comenzó a palpitar cobrando vida.
Él la miró y dejó que sus dedos abrieran los labios carnosos e hinchados de Gralisa, rozó ligeramente con el dorso de su mano su clitoris, y ella elevó sus caderas, dejando escapar un gemido.
Pero Rómulo no se detuvo, por el contrario separó aún más sus labios mayores y jugueteó con su cartílago rosado.
—No quedé satisfecho, ¿quieres que sigamos follando?
—sus palabras excitaron aún más a Gralisa, quien se preguntó, si era el mismo actor del guión y le preguntó: —Rómulo ¿Sabes hacer el amor?
Nunca te has acostado con ninguna mujer ¿verdad?
Rómulo me siguió el juego y se imaginó que seguía siendo el físico del guión.
—¿Quieres enseñarme como hacerlo?
—le preguntó con una mirada perversa.
Ella se incorporó y lo miró fijamente.
—Por ahora, comenzaste muy bien, puedes continuar haciéndolo.
—él asintió, ella se apoyó en sus manos y observó como él acariciaba con sus dedos su clitoris, mientras ella detallaba cada movimiento de él.
—¿Así?
—preguntó y dejó que su dedo se introdujera dentro de la vagina húmeda y ansiosa de Gralisa, ella gimió y se contoneó al sentirlo dentro.
—¡Sí, así!
Así… —repitió ella entre jadeos y gemidos.
Rómulo al sentir la tibieza de su coño, sacó sus dedos y los introdujo en la boca de ella, Gralisa sintió el sabor de su propio sexo y luego él la besó con pasión, mientras ella le bajaba el pantalón y su pinga rebotaba frente a sus ojos en 3D (ancho, largo y grueso).
Él se abrió separó sus piernas, las levantó y, se arrodilló en el sofá, dejando sus labios juntos y luego metió su pene dentro de su coño mojado, se movió suave y lentamente, empujando su miembro dentro de ella.
Sus movimientos eran firmes y precisos, Gralisa disfrutó de ver como la pinga dura y curvada de Rómulo entraba y salía de su vagina con suavidad y placer.
—¡Dame duro!
—le pidió y Rómulo mordió su labio y aceleró sus movimientos con rapidez e intensidad.
Ella podía escuchar como la pelvis de él azotaba sus nalgas, intentando meterlo lo más profundo que sus cuerpos se lo permitían, Gralisa gritaba y gemía de placer al sentirlo dentro de su coño.
—Eres divina, mi reina —murmuró él.
—Y tú, un ángel —Sonrió ella.
Rómulo no entendía porque Gralisa decía que él era un ángel, pero en ese momento era lo más irrelevante.
Había dado un salto cuántico, de una escena, ahora todo era real, estaba follando con ella como una verdadera pareja de novios, Rómulo está maravillado con lo sensual que es su compañera de escena y como logra llevarlo a un nivel de placer en un solo abrir y cerrar de ojos.
Los gemidos y las pieles azotándose una a la otra, impiden que éstos puedan escuchar lo que ocurre a su alrededor.
No logran percatarse de los pasos que se acercan a la oficina, ambos sólo estaban enfocados en dejarse llevar por lo que sus sexos pedían y necesitaban “más, más y más sexo hard”.
Del otro lado de la puerta estaba Neves, quien tocó a la puerta y preguntó en voz grave y ronca: —Gralisa ¿Estás allí?
—el cuerpo de Gralisa se tensó y contrajo al reconocer la voz de Neves.
Rómulo quien sintió el coño apretado y contraído de Gralisa, no pudo evitarlo y se corrió dentro de ella.
Gralisa entró en pánico y le susurró a Rómulo para que se diera prisa y se escondiera en el baño.
—Ve, escóndete —dijo señalándole la puerta del baño, pero el negó con su cabeza.
Se negaba a retirar su pinga de dentro de ella, en lugar de hacerle caso a la petición de la chica, él metió sus manos debajo de sus glúteos, ella enlazó sus manos de su cuello, la levantó del sofá y caminó con Gralisa hasta el baño para continuar cogiendo.
Rómulo la sentó sobre el mesón del lavabo y continuó moviéndose dentro de ella, quien deslizó sus manos hasta su espalda baja y apretó sus glúteos para sentirlo mucho más adentro.
Aunque estaba preocupada porque Neves entrara, no quería parar, aquella sensación de miedo que disparaba su adrenalina, le provocaba mayor excitación.
Ella sabía que él conocía perfectamente la contraseña y podía entrar sin ningún problema y encontrarla en brazos de otro, follando con Rómulo.
La pareja continuó cogiendo, mientras Neves abrió la puerta y entró a la oficina, cosa que ambos oyeron al sentir los pasos dentro de la habitación.
Gralisa tuvo que cubrir su boca con una de sus manos para evitar que sus gritos de placer salieran de su boca, mientras le decía a Rómulo que se detuviera o no podría parar de gritar.
—¡Para!
—dijo en un tono casi inaudible, mas él la ignoró por completo.
Rómulo la levantó y fue hasta la bañera, se sentó en el borde, ella siguió sujetándose de su cuello con sus manos y de su cadera, con sus largas piernas entrelazadas.
Él colocó sus manos en sus nalgas redondas, dejando que Gralisa, como toda una experta amazona se meneara sobre su pinga.
Él la apretó con fuerza, separando sus nalgas y ella se pegó a su cuerpo resbaladizo y lleno de sudor.
Rómulo metió su lengua fálica dentro de su boca, besándola con pasión y evitando que esta gritara.
Aquella escena fuera del guión y tras bastidores se tornó más intensa y estaba a punto de ser presenciada por un invitado inesperado.
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