El Juego de la seducción mortal - Capítulo 47
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47: Capítulo 47 47: Capítulo 47 Practicando a ser novios Neves entró al despacho, no tenía que ser un genio del otro mundo para sospechar lo que estaba ocurriendo en aquel lugar, la ropa desordenada en el salón, los tenis de hombre junto al pantalón deportivo que servía de alfombra, el vestido de Gralisa en el espaldar del sofá, las sandalias y la pequeña pantie enrollada dejaba en claro las evidencias de un encuentro sexual bastante efusivo.
Eso sin decir, la cantidad de fluidos corporales encima del sofá, en el piso, incluso en el picaporte de la puerta, el olor a cloro similar al de semen, lo entendió todo claramente.
Gralisa estaba con alguien más y ese alguien era Rómulo Hessen.
¿Cómo había podido fijarse en él?
Pensó.
Era obvio que se moría de celos porque realmente Rómulo era un potente rival para cualquier hombre, incluso para él que creyó tener control absoluto en Gralisa Tuvo tentado a ir hasta el baño y sorprenderlos, sacar de allí a Rómulo y luego coger a Gralisa hasta verla gritar su nombre una y otra vez.
Pero no lo hizo.
Se quedó inmóvil, pensando en todo lo que implicaba que ella no estuviera más con él.
La había perdido para siempre.
Aunque podía entender que él jamás podría darle lo que ella deseaba, un matrimonio, una familia.
Ambos tenían sus propios planes a futuro.
Ella casarse con alguien que deseara estar con ella para siempre y él elegir a una esposa por conveniencia que le asegurara un futuro próspero y lleno de riqueza y poder.
Era la cruda realidad ante sus ojos, ambos tenían caminos distintos a recorrer y sueños diferentes que cumplir.
Sólo les restaba poco tiempo como amantes, un tiempo que podían ser horas o quizás minutos.
Todo dependería de que ella le confirmara con sus propias palabras que lo de ellos había terminado, que la cláusula, la única puta cláusula de aquel trato entre ellos, existía y se había cumplido.
Estaban destinados a no estar juntos.
En ese instante Neves se arrepintió de haberle dicho toda la verdad, de haberle confesado lo que sentía por ella y lo que había tenido que hacer para no perderla.
De nada le sirvió sabotear la relación entre ella y Edgar, haberle abierto puertas con las mujeres más importantes del país, ni confesarle sus sentimientos.
Neves bajó la mano que intentaba abrir aquella puerta de la verdad y la despedida.
Se frotó el rostro, se dio la media vuelta y salió de la oficina.
A pesar de que dentro del baño, Gralisa estaba a la expectativa y aguardaba a que Neves abriera la puerta, no se detuvo de follar con Rómulo, ambos se metieron en la bañera, ella se quedó de pie, frente a él, dejando su sexo frente a sus ojos.
Él elevó la mirada y sonrió, mientras tomó una de sus piernas, la hizo descansar sobre su hombro y se aventuró a saborear los labios verticales de su amante.
Su lengua de deslizó de arriba hasta abajo como quien desliza una tarjeta magnética en la ranura de una puerta de acceso y tal cual, ella abrió aún más sus piernas para darle libertad a Rómulo de ir a lo más recóndito de su sexo.
Él, introdujo su lengua en su vagina una y otra vez, ella lo miraba, gemía y disfrutaba de cada una de sus caricias, sujetando su cabeza y presionándola con fuerza contra su vagina, mientra se contoneaba para acrecentar el placer de aquella sesión de sexo oral.
Los fluidos de su coño se mezclaban con la saliva de Rómulo, tornándose cada vez más húmedo y lubricado, listo para ser penetrado.
Rómulo se puso de pie, la hizo girar de espaldas a él, colocó su mano abierta sobre su espalda haciendo que ella se inclinara lo suficiente para que sus labios hinchados quedarán a su deleite y total disposición.
Abrió sus nalgas deslizando su falo entre ellas y metiendo sólo la punta de su pene en su húmeda vagina, después de ponerlo dentro, se sujetó de los hombros de ella y la embistió metiendo su pinga una y otra vez dentro de su coño.
Esa tarde, fue de intenso placer, de disfrutar de diversas posiciones y caricias, de reconocer los puntos más vulnerables de cada uno de ellos, de venidas y orgasmos fulminantes que los dejaron exhaustos.
Los cuerpos tendidos uno al lado del otro se envuelven entre las sábanas de seda de la cama de Gralisa.
—No imaginé que hoy terminaría aquí contigo, a pesar de desearlo desde el primer momento que grabamos aquella escena sexual.
—dijo besando su frente, ella se sorprendió ante aquella confesión.
—¿Te arrepientes?
—preguntó ella, besando sus pectorales.
—No, en lo absoluto.
Si debiera arrepentirme de algo, sería de no haberte tomado la primera vez que fuiste a ensayar a mi camerino y de follarte sobre mi escritorio.
—Te reirás si te confieso que también lo tuve en mente esa tarde.
—infirió ella.
—¿En serio?
—preguntó él con asombro.
—¿Qué sentido tiene mentirte?
—dijo ella sonriendo.
—Ninguno, realmente ninguno —suspiró.— ¿Sabes algo?
—preguntó nuevamente.
—¡No!
—respondió ella—.
¿Qué debería saber?
—Que me fascina ser tu novio de mentira —bromeó él, ella rio a carcajadas, luego se subió sobre él a horcajadas y cabalgó sobre su pelvis, con la enorme polla de Rómulo metida hasta el fondo.
—Podemos practicarlo a diario —dijo ella entre jadeos y respiración agitada.
—¡No se hable más!
—la tomó con ambas manos por la cintura y dirigió sus movimientos y su penetración profunda.
Gralisa se erizó por completo cuando con una de sus manos, él comenzó a frotar su clitoris mientras ella seguía bamboleando su trasero sobre su falo.
—¡Aaahhh!
—gimió ella.
Rómulo continuó frotando su cartílago carnoso y ella enloqueció, sus movimientos eran tan rápidos y frenéticos que sólo se detenía para volver a meter la pinga de Romulo dentro que se salía por sus movimientos incontrolables y vehementes.
—Wow!
—exclamó él al sentir como comenzaba a salir de forma imparable el líquido tibio y transparente de su coño.
Era sorprendente para él, ver a una mujer desbordarse de aquella manera tan intensa.
Gralisa en tanto, sentía como dentro de su interior se abría una especie de compuerta y aquella lluvia intempestiva salía de sus adentros, logrando el squirt más fascinante que ella no hubiese sentido jamás, en todo ese tiempo.
Rómulo no sólo había descubierto la fórmula famosa para equipos y armamentos de guerra, sino que había descubierto el botón que abría la compuerta de acceso a la represa de fluidos orgasmales contenidos dentro de Gralisa.
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