El Juego de la seducción mortal - Capítulo 49
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49: Capítulo 49 49: Capítulo 49 Despedida de Amantes Gralisa estaba muy emocionada y satisfecha con los elogios que había recibido del director, se sentía feliz por todo lo que estaba logrando en su carrera, por lo que para celebrar, se sirvió una copa de vino blanco antes de irse a la cama.
Luego de beber su copa, fue hasta la habitación, se quitó toda la ropa y se tendió sobre la cama, ¿la noche estaba algo calurosa o era el vino que la había calentado más de lo debido?
Aunque no era dormir sin pijama aquel momento lo ameritaba, se quedó semi desnuda, sólo con las bragas puestas.
Pronto se quedó dormida con aquel trago relajante.
En mitad de la noche, sintió algo en su piel, sobresaltada abrió los ojos y aterrada dejó escapar un grito, instantáneamente las luces de la habitación se encendieron encontrándose frente a Neves.
—¡Joder!
¿Qué haces aquí?
—preguntó ella, mientras él se saboreaba luego de chupar ávidamente sus senos.
Ella pudo ver la humedad y erección en sus pezones, lo cual provocó que ella se mojara al instante y que sus bragas estuvieran empapadas de flujo.
—¿Te sorprende que venga a verte?
Se supone que estamos juntos ¿no?
—ella no contestó a su pregunta aunque la respuesta era evidente.— No puedo negar que me llené de celos al saber que estabas follando con Rómulo en mi propio baño, incluso sentí ganas de tomarlo del cuello y extrangularlo.
—Gralisa lo mira con asombro— Sólo me detuve al pensar que tal vez, es a él a quien escogerán como novio finalmente.
—Sí, así es —respondió ella, y ante aquella respuesta Neves se sintió desconcertado y triste.
—Bien, creo que esta vez perdí —dijo, luego agregó— ¿Podrías regalarme una noche juntos?
Sólo esta noche y ya luego no te molesto, volveremos a ser lo que éramos antes, buenos colegas de trabajo.
Gralisa rio con la actitud dramática de Neves, aún así accedió a cumplirle su última petición.
—¿Por qué no?
—Sonrió.
—Te invito a la playa, quiero que vayamos a un lugar diferente, lejos de AV.
—Sí, no hay problema.
Me alisto y salimos.
—No tienes que llevar mucha ropa —ella lo miró confundida— , iremos a una playa nudista —aclaró el.
Gralisa tomó su bolso con cosas esenciales y salieron de la oficina.
Neves ya había reservado una suite de un hotel para pasar dos noches en Asturias al norte de la capital madrilense.
Durante el trayecto, no faltó algún acto perverso de Neves, quien aprovechando el vestido corto de Gralisa y alguna luz en rojo, aprovechó de besarla y dejar que su mano se deslizará entre sus muslos y acariciara su vulva, mientras ella se mojaba por completo.
Fueron al hotel para dejar sus cosas y tomar la llave de la suite real en el hotel.
Luego fueron hasta la playa, Gralisa quería disfrutar de aquel viaje, no pensar mucho.
A fin de cuentas sabía lo que terminaría pasando entre ellos, folladas y más folladas.
Al llegar a la playa, caminaron por aquel lugar, estaba bastante solitario ese día, por lo que se tiraron en la arena y él le pidió hacerse una foto juntos.
Luego corrieron a meterse dentro de la playa, mientras sus cuerpos desnudos se erizaban al contacto del agua, Neves terminó tomándola de la cintura, ella se prendió a su cuello y enlazó sus piernas a sus caderas.
Sus sexos quedaron frente a frente, él caminó un poco hasta lo más hondo y follaron dentro del agua, el vaivén de las olas movía sus cuerpos se un lado a otro, y su polla entraba y salía de la vagina de Gralisa, quien se estremecía con cada movimiento de sus cuerpos.
Más tarde, regresaron a la habitación del hotel, Neves le sirvió una copa y brindaron.
Él la tomó de la cintura y Gralisa se colgó de su cuello, ambas dejaron las copas a un lado y se besaron, se dejaron caer sobre la cama.
Sus labios ansiosos se prendieron de aquella boca carnosa y sensual, la lengua de ella salió como una víbora y se clavó entre los labios de Neves, moviéndose libremente, recorriendo cada rincón de ese lugar, despertando sensaciones en él, quien la abrazaba con fuerza tratando de fundirla con su propio y ardiente cuerpo.
Volvieron a follar y luego él pidió la comida para tener una velada romántica.
Comieron y bebieron una exquisita botella de vino, que les encendió las ganas y terminaron haciendo el amor por tercera vez.
Neves susurró a su oido lo que sentía por Gralisa y aunque ella también lo amaba, no le servía de nada estar con él como su amante.
Aún así, ella disfrutaba de sus embestidas taurinas, él metía su pinga dentro de su coño una y otra vez, haciendo gemir a la chica como otras tantas veces.
No era un secreto para ninguno de ellos, lo vulnerable que ella resultaba reaccionar ante los estímulos sexuales de Neves.
—Repite mi nombre, quiero oírlo de tus labios, Gralisa —dijo, empujando su pene lo más profundo que podía.
—Sí, Neves, sí.
—respondió ella.
—Nunca podré olvidarte, Gralisa.
¡Nunca!
—jadeó— Siempre serás mía.
Gralisa rio con la última frase de Neves, él juraba que ella le pertenecía y que nunca encontraría a alguien que la hiciera estremecer como él.
—¡Neves, qué egoísta eres!
Neves se siente seguro de sí mismo, y aunque ella diga lo contrario él sabe como enloquecerla, por lo que se contonea con fuerza haciendo que las piernas de ella tiemblen y se corra.
Esa noche no dejaron de follar hasta quedar exhaustos.
La mañana siguiente Gralisa despertó llena de sudor y fluidos corporales por todo su cuerpo, en su húmedo coño, en su pelvis, en su abdomen y hasta en sus pechos.
Recordó entonces, como follaron durante toda la noche y como Neves la persuadió para que le comiera la polla y luego correrse dentro de ella.
Lo miró tendido a su lado y trató de incorporarse para no despertarlo con algún movimiento brusco, Gralisa se levanta de la cama y camina en dirección al baño, un bostezo escapa de sus labios para luego dibujarse una sonrisa soñadora.
Otra sonrisa surca su rostro, al encontrarse desnuda frente al espejo puede ver con claridad las pequeñas chupetones rojos cerca de sus senos, y a su mente acuden los recuerdos de cómo Neves se los hizo.
Mientras Neves, estimulaba su entrepierna, atendía sus senos con su boca robándole más de un gemido.
Gralisa cerró sus ojos, y sin poder evitarlo los dedos de su mano derecha cobran vida, acaricianndo su brazo izquierdo con pericia, luego los lleva a su cuello y traza delicadamente los huesos de su clavícula, después baja hasta sus senos.
Un cosquilleo se instala en su vientre, encendiéndole las ganas del amante que duerme plácidamente.
Neves despertó soltando un bostezo, buscó con su mano y luego con sus ojos el cuerpo de su amante, quedando confundido al no tenerla a su lado, se incorporó mientras que a su mente acuden imágenes de la noche anterior.
Se levantó de la cama para ir al baño y encontró la puerta abierta, entró y la contempló en silencio, caminó hacia ella cuidadosamente, para luego abordándola por la espalda haciéndole notar en su trasero la muestra de su deseo, frotando contra ella su polla endurecida y rígida.
La chica pega un respingo y abre sus ojos para fijarse en el espejo los ojos tan profundos y llameantes de Neves que le devuelven la mirada.
Nota tanta intensidad y perversión en sus ojos que su vagina se humedece, entreabre sus labios para decir algo, pero no sale sonido alguno excepto un breve gemido…
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