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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 51

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51: Capítulo 51 51: Capítulo 51 Una excelente copiloto en el sexo Durante las más de treinta horas de vuelo, la pareja de actores no dejó de follar en ese tiempo.

Cualquier movimiento en falso y uno de los dos provocaba situaciones de placer en el otro.

Sus instintos sexuales estaban a la orden del día.

El único momento en que no cogieron, fue sólo cuando por unos diez o veinte minutos, Rómulo se dedicó a darle un mini tour en el avión.

Finalmente, el avión aterrizó y las miradas cómplices y las sonrisas del resto de los tripulantes eran una clara evidencia de que habían disfrutado del show orgásmico de Gralisa y de los encuentros intensos entre ellos.

No hubo quien siendo un tanto más espontáneo los felicitara, sin vergüenza alguna, por su aguante durante tantas horas de sexo.

—Felicidades Rómulo, eres mi héroe y te felicito por la copiloto que llevas al lado.

—Gralisa sintió como sus mejillas se enrojecieron, quería desaparecer en aquel momento.

“Ha sido culpa de Rómulo por ser tan pervertido y querer hacerme el amor a todas horas”, pensó ella sin decir ni una palabra, mientras Rómulo sólo sonreía.

—Por poco y se daña el motor del repuesto del ala derecha —bromeó él copiloto.

Gralisa pellizcó el brazo de Rómulo y susurrando le dijo: —Es tu culpa, te dije que debíamos parar.

—No te preocupes sólo son un par de envidiosos —le dio un guiño.

Rómulo era bastante despreocupado en cuanto aquellas bromas, siempre se enfocaba en lograr sus objetivos sin perder el norte.

Primero se enfocó en descubrir aquel enigma científico y ahora estaba enfocado en conquistar a Gralisa.

Ella estaba en su lista de objetivos y prioridades; lo que otros pensaran o dijeran, era irrelevante para él.

Subieron al auto que los llevaría hasta el laboratorio de Rómulo, el cual estaba algo alejado, en un pueblo distinto a la ciudad donde q acababan de llegar.

Al estar ubicado en una zona apartada, la conexión de Internet era bastante escasa y lis servicios principales un tanto antoguos.

Sin embargo, el paisaje era tan deslumbrante, que Gralisa se dedicó a observar a través de la ventana, aquel lugar lleno de árboles, ríos y cerros imponentes, la brisa fresca acariciaba su rostro y jugaba con su larga caballera oscura.

Después de una hora en la carretera, finalmente el auto se detuvo, Rómulo bajó para abrirle la puerta a Gralisa, la ayudó con el equipaje y entraron a la cabaña.

Con la ayuda de la ama de llaves, él logró abrir un espacio para que Gralisa se quedara en su mismo dormitorio.

Después de arreglar su equipaje, Gralisa se acercó a Rómulo y lo abrazó por la cintura.

Él sonrió y le informó que debía ir al laboratorio para continuar con su investigación y sus experimentos.

Gralisa se despidió de él con un beso tierno y durante ese día aguardó por él, pero Rómulo no regresó ni ese día ni los dos siguientes.

Al tercer día Gralisa se sentía tan sola como se hubiese sentido al quedarse en Madrid.

¿Cómo era posible que Rómulo se hubiese ido sin decirle por cuanto tiempo estaría ausente?

La chica no sólo estaba desanimada sino desconcertada por la ausencia de su compañero.

De haber sabido que iba a ser así, hubiese dosificado en tres días la cantidad de orgasmos que obtuvo junto a él, follando en el avión sin parar.

Rómulo en tanto, estaba tan metido en sus investigaciones que ni se percató del tiempo que llevaba encerrado dentro del laboratorio y sin recordar que Gralisa esperaba por él.

Entre las fórmulas y los experimentos, las horas transcurrían sin que él lo notase.

Era obsesivo y un tanto exigente cuando se trataba de trabajar en sus proyectos científicos.

Pasó una semana y finalmente, Rómulo regresó del instituto.

Llegó a su piso, estaba exhausto y necesitaba dormir, relajarse un poco para luego regresar a su laboratorio.

Cuando entró a su habitación y vio a la chica con los brazos cruzados y el rostro enfadado fue que cayó en cuenta que la había invitado de vacaciones y había terminado dejándola sola en su cabaña.

—¡Oh por Einstein y Galileo!

Lamentó haberte dejado sola por tanto tiempo mi amor.

—se acercó y la cubrió con sus brazos, pero Gralisa estaba sumamente enojada por su abandono.— Discúlpame mi reina, te prometo que para compensarte iremos mañana de paseo, te lo prometo —Coloca sus manos en posición de oración y le pide por tercera vez que lo perdone.

La verdad es que Gralisa no tenía más opciones que aceptar sus disculpas.

No podía tomar un bus y regresar a la ciudad.

Treinta horas de vuelo, era prácticamente atravesar por lo menos cinco continentes para poder llegar a Madrid.

Convencida de su arrepentimiento y de aquella promesa de llevarla de paseo, ella baja la guardia.

Al ver que ella cede, Rómulo la besa apasionadamente con ganas de liberar sus deseos reprimidos durante esa semana.

Pronto comienza a acariciarla, haciendo que el cuerpo de ella se encienda tras cada una de sus caricias perversas.

Al igual que él, Gralisa estaba cachonda, necesitaba desahogar su ira y ¿qué manera más eficaz que hacerlo follando con Rómulo?

Aún así, ella deseaba castigarlo, hacerle pagar por todo el rato que la dejó a solas en aquel lugar.

Gtalisa le propinó un mordisco en el cuello, susurrando a su oido que deseaba hacerlo pagar por su olvido.

Pero el efecto fue contrario, porque al hacerlo, la pinga de Rómulo se levantó de inmediato y sus ganas de poseerlas fueron inmediatas.

—Anda, continúa.

Deseo que me muerdas por completo, todo mi cuerpo es tuyo, te pertenece.

Márcame la piel con tus labios y tus dientes.

—murmuró tomando sus manos y besándolas.

Ella soltó sus manos y lo jaló por los hombros, haciendo que él cayera de espaldas en la cama, se puso de pie y caminó de frente a él, luego se posicionó a horcajadas encima de él, y comenzó a morder y chupar cada parte de su cuerpo.

Los gemidos de placer de Rómulo dejaban ver lo excitado que él estaba; su polla estaba cada vez más rígida, gruesa y palpitante…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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