El Juego de la seducción mortal - Capítulo 54
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54: Capítulo 54 54: Capítulo 54 Un recuerdo de aquella noche especial Aquellos besos eran de ternura y a la vez nostalgia, ambos se decían lo mucho que se extrañaban: —No te imaginas cuanto te he extrañado, mi reina.
—No… —negó ella— tú eres quien no se imagina cuanta falta me has hecho durante este tiempo.
Pensé que no volvería a verte.
—lo abrazó con fuerza.
—Eso jamás, yo nunca podría estar lejos de ti.
Estoy haciendo todo lo que te prometí para estar a tu lado.
—¡Lo sé!
Sé que… —ella estuvo a punto de confesarle que no había cumplido como él, pero Edgar se encargó de callarla.
—No digas nada, no quiero saber nada de lo que has hecho sin mí a tu lado.
Sólo me importa este momento, aquí, junto a ti.
Esta noche que deseo sea especial para ambos.
Gralisa levantó su rostro y lo miró a los ojos: —Siempre estaré agradecida por todo lo que has hecho por mí, mi amor.
Eres el hombre en quien más confío.
Me has demostrado con hecho lo que otros no.
Edgar la besó esta vez con profunda pasión, devorando con su boca hambrienta y sedienta, los labios carnosos de Gralisa.
Sus manos se deslizaron por la espalda de Gralisa, hasta llegar a su redondo trasero, el cual apretaba con deseo e intensidad.
Ella gimió al sentir sus manos masajeando sus glúteos.
Edgar hurgó en el dobladillo de la falda y acarició sus muslos.
Lentamente se fue agachando y de rodillas besó su vientre.
Luego recogió la falda del vestido y ella la sujetó con sus manos sin dejar de mirarlo y ver sus intenciones.
Gralisa sintió como su vagina se humedecía de inmediato, la proximidad de los labios de Edgar a su sexo, la excitó mucho más.
Él besó su piel y luego se abrió paso entre sus firmes muslos, ella separó un poco ambas piernas dejando que él pudiera no sólo contemplar sus labios y pliegues que como una rosa se abrían mientras él deslizaba su puntiaguda lengua y saboreaba el néctar de su flor.
Gralisa gimió de placer, extrañaba aquella manera singular de hacer el amor con Edgar, él era el único en conocer perfectamente su anatomía y sus puntos más sensibles.
Su lengua lamió y penetró su vagina.
Los movimientos de la chica fueron inevitable quien se contoneó al sentirlo.
—¡Así, así!
—exclamó, dando indicaciones de dónde y cómo seguir haciéndolo.
Edgar jaló con sus labios los pliegues de su coño.
Y ella gritó al sentirlo— ¡Ahhhh!
¡Ahhhh!
—gimió una y otra vez, sus piernas temblaron y ella cayó de espaldas sobre la cama.
Y como dirían en el cualquier combate, ella quedó a merced de su contrincante.
Edgar metió entonces su lengua en un movimiento firme y preciso enloqueciendo a Gralisa con el roce de su mentón en la parte baja de su hendidura.
Aquello hizo que la chica apretaba sus piernas alrededor de la cabeza de Edgar, esperando que este metiera su lengua más adentro.
Mientras él la penetraba con su lengua, con sus manos trataba de inmovilizar a Gralisa cuya pelvis subía y bajaba con fuerza, obligándole a sacar su cabeza de su divino coño para poder tomar aire y volver a sumergirse.
Él lamía, chupaba y movía sus labios como quien saborea una almeja, emitiendo el mismo sonido succionar del interior de aquel molusco la exquisita carne jugosa y llena de fluidos vaginales.
Fue inevitable que el vestido de novia, se llenara de los fluidos corporales de ambos.
El pene de Edgar estaba tan duro que casi atravesaba la tela del pantalón de gabardina que llevaba puesto.
Su polla estaba ardiente y palpitante, los fluidos sanguíneos iban hasta su pinga, tornándola cada vez más dura.
Mas, Edgar no quería penetrarla aún, quería disfrutar de ella, verla enloquecer y pedirle suplicante que la hiciera suya.
Por lo que se puso de pie, ella lo miró y él la ayudó a levantarse.
—¿Qué haces?
—preguntó con estupor.
¿Era posible que tuviera la intención de dejarla con su coño latiendo y hambriento de su pinga?
—Quiero disfrutar este momento intensamente, no quiero sólo meter mi polla y sentirte tu húmeda vagina.
Deseo contemplarte y llevarte al límite —dijo, y comenzó a desvestirla lentamente, como si estuviera destapando y mirando su regalo favorito.
Al verla totalmente desnuda, la miró desde abajo como quien observa una inmensa torre, Edgar a besarle lentamente por la cintura, luego subió por el centro de sus pechos hasta llegar a la boca de Gralisa.
Una vez de pie, bajó su cremallera, sacó su falo y lo introdujo con fuerza en el coño de la chica, quien jadeó de place¡”al sentirlo dentro.
—Deseaba tanto estar contigo —bisbiseó en su oido, ella no paraba de moverse, acrecentando el deseo que le provocaba el estar con Edgar.
La humedad de Gralisa era cada vez mayor, su vagina chorreaba líquidos bautizando la pinga de Edgar, dándole la bienvenida.
Aunque Edgar era resistente, cada vez que sentía el coño de la pelicastaña, quería venirse dentro de ella, sacó entonces su polla antes de correrse y comenzó a desvestirse.
Ella lo observaba ansiosa mordiendo sus labios, esperando que volviera a embestirla.
Edgar sujetó su pene y lo introdujo lentamente, ella lo observó con malicia, y cuando él terminó de meterlo completo, Gralisa se contoneó con más rapidez, quería sentir que se corriera dentro de ella.
—Si te sigues moviendo, voy a correrme, joder.
—exclamó él y ella respondió: —¡Es lo que deseo!
Edgar se echó hacia un lado y con fuerza la obligó a quedar sobre su cuerpo.
Gralisa entonces, se sentó a horcajadas, pero esta vez le dio la espalda, sino llegaba dentro de ella, lo torturaría mostrando su trasero y su ano, aún virgen.
Ella encajó con su mano, la polla de Edgar dentro de su coño y comenzó a moverse de forma ondulante, mientras su vagina disfrutaba de la dureza y virilidad de su amante.
Edgar veía su redondo trasero, por lo que no dudó en apretar sus nalgas mientras dirigía los movimientos de la chica y su pinga entrando y¡saliendo con mayor intensidad, ahora quien gritaba desesperada era ella y quien estaba a punto de correrse sobre su polla.
Edgar separaba sus nalgas para comprobar que su pene entrara por completo en su vagina húmeda y tibia.
Ella se sujetó de los tobillos de su amante mientras él movía su pelvis para hacerla estremecer y ver como explotaba de placer.
Efectivamente ella tuvo su primer orgasmo de esa noche y como buenos amantes, hicieron el amor durante toda la noche.
Ella podía sentir un leve ardor pero quería seguir cogiendo con él.
No sólo cambiaron de posición esa noche, sino que lo hicieron por todos lados, sobre la cama, luego en el sofá de cuero, después sobre la alfombra y hasta en el balcón a bajo la luz de la luna.
Todo el lugar estaba impregnado del olor de sus fluidos corpóreos y los rastros de esperma de Edgar yacían por todos lados.
Durante la última sesión de sexo hardcore, Edgar sacó su móvil y comenzó a grabar cuando su polla entraba y salía de su coño.
Aquello era diferente a cuando eran grabados en algún rodaje de AV, una extraña sensación ciertamente excitante los invadió a ambos.
—Deseo llevarme un recuerdo visual de este momento.
—ella asintió, quería complacerlo, sabía que al amanecer él tendría que regresar con su familia y luchar para conseguir el poder que le correspondía…
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