El Juego de la seducción mortal - Capítulo 57
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57: Capítulo 57 57: Capítulo 57 Cunnilinguis extremo —Doctor —repitió el joven por segunda vez, Rómulo tuvo que abandonar los labios vaginales de Gralisa que apenas empezaba a saborear para responderle a su ayudante.
—Puedes irte, yo iré al raro.
Debo terminar lo que estoy haciendo —respondió Rómulo desde adentro en voz alta.
—Hasta mañana entonces, doctor —se despidió el ayudante, encogiendo ambos hombros.
A pesar de que su jefe era algo inquisitivo en sus investigaciones, pensó que hoy saldría más temprano al estar tan bien acompañado.
“Este es el único gilipollas que prefiere estar investigando que follando con semejante mujer, joder” Rómulo en tanto, regresó a su labor, Gralisa sonrió al mirar la fiereza con la que Rómulo la observaba.
Él sujetó con cada una de sus manos las rodillas de la chica separándolas al punto de dejar expuestos sus labios internos y su cavidad vaginal.
Se inclinó hacia adelante y con su lengua entró dentro del coño húmedo de su musa.
Gralisa se contoneó con rapidez mientras gemía de intenso placer: —¡Ahhhh!
—gritó con mayor fuerza, y luego se cubrió ella misma la boca para evitar ser escuchada en el largo pasillo.— Ooooh!
Para, tu ayudante debe estar aún cerca.
—No te preocupes por él, hará lo que yo le dije.
¡No regresará!
Entonces Gralisa decidió entregarse y disfrutar a las caricias cunnilinguis que su amante le proporcionaba.
Él chupó sus labios finos y ella se estremeció al sentirlo.
—¡Ufff!
Sigue, sigue así.
¡qué ricooooo!
—respondió moviendo sus caderas —joder cómeme el coño.
— Rómulo se mantuvo por algunos segundos, chupando, mordiendo, lamiendo el coño de la joven, quien con sus manos sujetaba la cabeza de su compañero presionando con fuerza su vagina, contra sus labios turgentes y húmedos.
Gralisa no podía contenerse, necesitaba sentir la polla de Rómulo dentro de ella.
Gralisa estaba completamente mojada por la excitación que sentía.
Rómulo succionó aquellos jugos y volvió a meter su lengua hasta donde le era posible, ella apretó las paredes de su vagina agregando al momento mayor placer y lujuria para ambos.
Rómulo chupó con fuerza aquellos labios grandes y carnosos, después siguió con los suaves labios menores y fue sobre el endurecido clítoris, para luego morder la parte interna de sus muslos con ternura, realmente aquella tersa piel lo excitaba mucho Sintió como ella se estremecía próxima a una segunda venida regia, él clavó su lengua ¡n su vagina y la movió con destreza, agitándola con rapidez.
Gralisa se contoneaba con desefreno, por lo que Rómulo abandonó sus labios vaginales y fue hasta los de su boca, mientras la besaba, ambos saboreaban conjuntamente el sabor de su exquisito sexo almibarado, Rómulo frotó el cartílago endurecido con movimientos circulares lentos y suaves, los cuales iba incrementando en la medida que su botón de placer comenzaba a tornarse cada vez más grueso y duro.
—¡Ahh!
,¡Ahhh!, ¡Ahhh!
—gimió de deseo al sentir como su cuerpo se estremecía con la habilidad manual de su compañero.
—Dirígeme —murmuró él—, apreta con fuerza mi antebrazo cuando desees que siga.
—Ella asintió mordiendo su labio inferior.
Mientras él frotaba su clítoris cual lámpara de Aladin, ella no dejó un momento de apretar con fuerza el antebrazo grueso y firme de su amante, hasta que enloquecida por el furor de un orgasmo extremo, gritó “Joder”.
Gralisa estaba quedó excesivamente sensible luego de aquel orgasmo.
Sentía que los pezones le dolían y una especie de escozor, le provocaba ganas de apretarlos con fuerza.
Rómulo en tanto, no dejaba de manosear los labios y la vagina de la chica.
Su dedo medio como una especie de garra inversa entraba y salía de su coño, provocando en ella ganas de seguir follando.
De pronto, su vagina comenzó a contraerse y las paredes internas y carnosas apretaban los dedos de Rómulo, como una especie de planta carnívora ansiosa de tragar a su víctima.
Él sonrió, sacó su dedo e introdujo esta vez el índice y medio, aumentando la presión de sus movimientos vaginales.
Rómulo los metió mucho más adentro y Gralisa comenzó a mecerse en el sofá de forma frenética, como si deseara tragarse parte de su mano.
El placer de la pelicastaña era de tal nivel que estaba casi al borde de las lágrimas por la intensidad de su deseo.
—¡Mmmmmm!
—gimió y suplicante le dijo a Rómulo— ¡Fóllame!
Anda mete tu polla dentro de mi coño.
—agregó un tanto resentida aún.
Había evitado ceder ante las caricias y el perfecto cunnilinguis de su amante, pero aún estaba enojada con él.
Rómulo sonrió ligeramente al escuchar de sus labios aquella excitqnte petición, buscó ansioso sus labios y la besó con pasión, se arrodilló entre sus piernas, la sujetó de los tobillos y subió ambas piernas dejando su coño expuesto y cerradito, para sentir como sus labios rozaba su pene de principio a fin.
—Tus deseos son órdenes para este simple mortal, mi diosa, mi musa —colocó suavemente su polla entre sus labios vaginales y se impulsó hacia adelante, metiendo su polla por completo dentro del coño hambriento de Gralisa.
Los dos acompasaron su respiración, en la misma intensidad y rapidez, mientras Rómulo hacía todo lo posible por demostrarle a Gralisa lo que sentía por ella, se enfocaba en verla gemir y darle placer, que ella sintiera a través del sexo cuanto él la amaba y cuanto deseaba quedarse con ella.
Entre suspiros y jadeos, Rómulo dejaba escapar palabras de amor que un primer momento trató de reprimir, pero que luego de coger con ella tanta¡”veces, se volvieron palabras más intensas y sentidas por él.
Los gemidos de Gralisa, se escuchaban cada vez menos, tras los sonidos del sofá que como cómplice emitía un ruido de queja o placer tras las embestidas feroces de Rómulo follando a su musa.
Ella deslizó ambas manos hacia los firmes glúteos del musculoso hombre, para luego presionarlo con mayor fuerza.
Si pudiera hacerlo metería hasta sus testículos dentro de su coño.
—¡Eres demasiado rica!
No puedo parar de meter mi pinga, Gralisa.
—Nadie te ha pedido que lo hagas, quiero sentirte, dame, dame duro.
Las palabras de la chica excitan aún más al amante, quien con movimientos ondulantes mueve su polla dentro de su vagina.
Ella sujeta sus propias piernas, llevándola casi a la altura de sus pechos para dejar que Rómulo penetre lo más profundo que pueda, sin ningún tipo de obstáculo o impedimento de por medio.
Las pelotas de él, se estrellan contra las nalgas de ella, de tan dentro que tiene su pinga.
El rostro de Rómulo destila gotas de sudor que bañan el pecho desnudo y también resbaladizo de Gralisa.
Besa desesperadamente sus labios y entre gemidos y jadeos le susurra al oido: —Quiero que hagas algo más que adorarme y admirarme.
Quiero que me ames más que eso, como los amas a ellos —ella asintió y tras decir aquellas palabras, Rómulo la penetró con fuerza, metiendo su pinga profundamente hasta llegar a su vientre.
Se movió con mayor rapidez y terminó eyaculando en el latex transparente que recubría su pene.
Aquel orgasmo fue tan intenso para la pareja de amantes, que Gralisa perdió el conocimiento por algunos segundos, mientras Rómulo se dejó caer a un lado de ella, intentando recuperarse, de aquel fenomenal orgasmo que acababa de tener.
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