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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 58

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58: Capítulo 58 58: Capítulo 58 Garganta profunda Minutos después de aquel encuentro de sex hardcore en la oficina de Rómulo, en el que la chica quedó semi inconsciente, Gralisa reacciona, abre los ojos y se encuentra en una habitación diferente.

—¿Dónde estamos?

—le pregunta Gralisa a su compañero sexual.

—En mi habitación —responde él, ella acaricia su cuerpo y ve que está limpia, debió ser él quien se ocupó de limpiar por completo.— Voy a ducharme, descansa.

Ella admiró el cuerpo perfecto, la amplia espalda, los torneados glúteos y los muslos definidos de Rómulo.

Él entró al baño, mientras ella se recostó nuevamente.

Gralisa se quedó pensativa por algunos minutos.

Estaba aturdida, pensando en lo que Rómulo le había dicho minutos atrás.

Le pedía que lo amara como a los otros.

¿Cómo podía saber él de los sentimientos de ella hacia Edgar y Neves?

Exhaló un suspiro.

Además de sentirse culpable por haber cogido con Edgar estando de viaje con él, no podía entender por qué aquellos hombres tan perfectos, inteligentes, sensuales y viriles¡que tenían la oportunidad de escoger a la mujer más hermosa del mundo, estaban dispuestos a darlo todo por ella.

Su complejo de inferioridad y autoestima es algo con lo que Gralisa ha tenido que luchar siempre.

Y si bien se siente deseada por ellos cuando follan, no menos cierto es que las dudas la invaden cuando está a solas, como en ese momento.

Gralisa se percibe a sí misma como una chica corriente, con un cuerpo poco envidiable, que incluso debe cargar con la condición de salud de su madre enferma.

Una madre que necesitaba dinero para poder cumplir el exigente tratamiento médico.

Su vida era un completo caos emocional.

¿Cómo era entonces que Rómulo y Edgar, desearan estar a su lado y hacer todo por complacerla?

Esa sensación de inseguridad y autoestima la llevan a reflexionar sobre lo que debe hacer y la decisión que debe tomar.

No quería herir a ninguno de ellos, ambos eran hombres realmente maravillosos; pero tampoco quería salir herida como siempre.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que no notó cuando Rómulo salió del baño y se hacercó a ella.

Él se inclinó y besó su frente, susurrando le preguntó: —¿Qué tanto piensa esa cabecita?

¿Qué oscuros pensamientos te tienen en medio del limbo?

—ella levantó la mirada para verlo pero no le contestó, no sería capaz de decirle lo que estaba a punto de decidir.

Rómulo prefirió no insistir en preguntarle.

Si ella no había respondido, era mejor dejarlo así.

Quizás él tampoco deseaba escuchar lo que ella estaba pensando.

Su rostro reflejaba melancolía y a la vez frustración.

No estaba preparado para oir un No tajante de su parte, él sabía cual era su rol en la vida de Gralisa.

Prefirió entonces hacer lo que mejor sabía hacer, se sentó en la orilla de la cama, a su lado y comenzó a acariciar su hermoso cuerpo.

Deslizó sus dedos por su abdomen y ella se erizó por completo.

Él continuó mirando como su cuerpo iba reaccionando ante cada una de sus caricias.

Deslizó unos de sus dedos hasta su pelvis y llegó hasta la raya que separaba sus labios, abrió con ambos dedos aquella rajada, mientras ella comenzaba a excitarse y dejaba escapar algunos gemidos.

Rómulo se inclinó para besarla con pasión, su lengua se movia dentro de su boca, ella acarició su espalda al sentir la frialdad de su cuerpo recién bañado y fresco.

Luego de besarla él se incorporó y volvió para juguetear con su coño.

Abrió los pliegues con una de sus manos y con la otra frotó su clítoris, dejó caer un hilo de saliva sobre sus pliegues rosados, lubricando sus labios y frotando con mayor facilidad entre los surcos de su coño y su cartílago rosado, endurecido y palpitante.

Gralisa gime, gime de placer al sentir los dedos de Rómulo hurgando entre sus pliegues, ella se mueve con suavidad, quiere ir lentamente esta vez.

Rómulo contempla como su hendidura se humedece y pronto sus labios están tan húmedos que él no puede evitar introducir sus dedos en aquel orificio tan divino.

Mueve sus dedos con maestría, a ratos ella sostiene la mano de él para que no se detenga y siga dándole placer.

—¿Te gusta así?

—pregunta él y ella lame sus labios secos con su lengua, gime y asiente.

—¡Sí!

—alcanza a decir entre un gemido y otro.

Rómulo introduce con mayor rapidez e intensidad sus dedos, entra y sale del coño de Gralisa una y otra vez, mientras ella se menea intensificando sus roces.

Él acelera el movimiento de sus dedos y ella aumenta el ritmo con el que mueve sus caderas.

Está tan húmeda y tibia su hendidura que en un intento feroz de verla correrse, él introduce sus dedos y lame su clítoris logrando que ella estalle de infinito placer.

Para Rómulo es excitante y gratificante ver como Gralisa se corre y como sus fluidos salen en gran cantidad al tener aquel orgasmo.

—Eres una mujer increíble, maravillosa y especial y mereces el cariño y el respeto de cualquier hombre.

Volvió a besarla y al ver que ella no reaccionaba, la tomó entre sus brazos y la llevó cargada hasta la tina del baño, ella se quedó sentada, y él se paró de frente a ella colocando su polla frente a sus labios.

Gralisa tomó su pene y lo introdujo en sus labios, comenzó a chuparlo suavemente, moviendo su cabeza y su boca de forma ondulante, permitiendo que su polla entrara y saliera, mientras Rómulo disfrutaba, jadeando y moviendo su pelvis de atrás hacia adelante.

Su pinga estaba cada vez más gruesa, palpitante y dura.

—¡Oh por Dios!

Eres la mejor —dijo, sujetando la parte de atrás de su cabello y acrecentando la rapidez con la que su pimga entraba y salía de su boca.

Gralisa lo miraba fijamente, mientras su lengua se enrollaba en el glande de su enorme pene.

Gralisa sujetó su pinga con una de sus manos y golpeó sus labios con toques leves, Rómulo se encendió aún más y entre jadeos le preguntó: —¿Puedo correrme en tu boca?

—ella no respondió, apenas abrió su boca y lo introdujo lo más profundo que pudo en su garganta.

Rómulo enloqueció, jaló con fuerza su cabello y dirigió el movimiento con que su polla entraba y salía de la boca de la chica, mientras él movía su pelvis con rapidez, aceleró sus movimientos provocando náuseas en la chica, quien dejana salir de la comisura de sus labios un hilo espeso y transparente que provenía de su garganta.

—¡Ah, ah, ah!

—jadeó Rómulo, mientras sujetando y felando su polla se corrió en los labios de Gralisa.

Ella entreabrió sus labios y recibió la miel que fluía de su punga como una manguera de forma intermitente e imparable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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