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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 59

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59: Capítulo 59 59: Capítulo 59 Una noche a solas Después de aquel ardiente encuentro sexual, Rómulo y Gralisa se preparan para cenar.

—No es lo que esperabas, pero logré conseguir algo para comer —destapó los dos envases de comida prepronta y los metió al horno a calentar.

—Deberías comer más sano —comentó ella y él bromeó, lo cierto era que en cualquier oportunidad que tenía Rómulo, dejaba ver sus intenciones con Gralisa.

—Quizás cuando te cases conmigo, me prepares comida más sana —ella sonríe brevemente, no desea hacerle un desaire, pero tampoco quiere darle falsas ilusiones de algo en lo que ella misma tiene dudas.

—¿Volveremos al piso?

—preguntó ella.

—Sí, no me atrevería a torturarte qyedandonos en este lugar, ya bastante hice con tenerte aquí todo el día.

—No la pasé tan mal —dice ella dándole un guiño.

Rómulo se acerca la rodea por la cintura.

—Para compensarte, mañana iremos de paseo.

—ella lo miró con el entrecejo fruncido, ya le había dicho eso antes y terminó dejándola sola.— ¿No me crees?

—ella movió su cabeza lado a lado.— Te lo demostraré, al llegar al piso haremos las maletas y nos iremos a conocer todo y cada uno de los pueblos cercanos.

La idea le agradó a Gralisa, aunque una cosa era que él se lo dijera y otra cosa, que se lo cumpliera.

Luego de cenar, salieron del laboratorio y regresaron al piso.

Comenzaron a hacer las maletas.

Ella estava maravillada al ver que Romulo esta vez le había dicho la verdad.

Terminaron de hacer el equipaje y él la tomó de la mano.

Salieron de la cabaña y subieron al auto de Rómulo.

—Te va a encantar, hay tantos lugares hermosos que parecen sacados de cuentos de hadas.

—Ella rio de su comentario.

—¿Tú crees en los cuentos de hadas?

—dijo en tono burlón.

—¿Por qué no debería creer?

Todo lo que ves frente a ti, es solo parte de una ilusión óptica.

—No vengas a enredarme con tus inventos de que todo es la realidad es alterna.

—Bien, como quieras.

Yo sólo te digo la verdad.

Mientras Rómulo conducía, Gralisa observaba por la ventanilla, las montañas altas, el verde de los árboles, el cielo tornándose oscuro.

El lugar estaba algo solitario, ya que era de noche y pocos autos transitaban por el lugar.

Rómulo y Gralisa reían por algún comentario jocoso de él o por cosas que ella no creía que fuese verdad, como cuando el pelirrubio de ojos gatunos, le contó sobre su triste niñez… —¿No me crees?

Te estoy diciendo la verdad.

Era un nerd.

Te lo juro.

—dijo él en tono serio.

—Pues un nerd muy apuesto y bastante sexy —bromeó ella.

—No siempre fui así.

Cuando era pequeño, mi curiosidad era tal, que me quedaba por horas observando los animales y viendo lo que hacían.

Te podrás imaginar que si veía una hormiga, seguía hasta ver donde llegaba.

—ríe contando su historia— Mis padres y mis maestros de la escuela juraban que yo era un retrasado mental.

—ella lo miró con estupor al escucharlo decir aquello.— Imagínate que mis padres me recluyeron dentro de casa, no me dejaban salir a ningún lado y aparte tenía que tomar un montón de medicamentos.

Casi todas las semanas me llevaban con un médico nuevo para ver si alguno daba con la razón de mi supuesta locura.

Por fin, me llevaron a un psiquiatra y luego de varios exámenes psicológicos descartó que estuviera loco y le dijo a mis padres que simplemente era un genio.

—Debió ser difícil para ti.

—dijo Gralisa conmovida por la historia de Rómulo.

—Un poco.

—respondió él evitando demostrar sus emociones.

—¿Sentías dolor?

¿Estás resentido con la gente que te hizo daño?

—preguntó ella.

Él elevó sus hombros y contestó: —No, les comprendo, de hecho tenían miedo de que me hiciera daño.

—¿Hacerte daño?

¿cómo?

No entiendo.

—Te explico, verás… cuando tenía doce años, estudié ese fenómeno, en el cual aseguran que el ‘amor’ hace que la gente haga daño inconscientemente a las personas que ama.

Eso es lo que les pasó a mis padres.

Aunque no estuviera bien.

—ella se quedó pensativa ante su explicación.

—Estoy de acuerdo, contigo.

Yo por ejemplo cuando supe que mi madre estaba enferma le tenía mucho rencor, porque tenía que ir a la escuela y ganar dinero al mismo tiempo y estaba tan cansada, que hasta le decía cosas para lastimarla.

Hasta que un día me avisaron que ella estaba en la sala de emergencia, y entró en coma.

Me asusté tanto que tenía miedo de que muriera y le pedí a Dios que todos los castigos me los diera a mí y no a mi madre… Rómulo se sintió triste al ver la expresión de culpabilidad en los ojos de su musa.

—Gralisa, no te culpes, seguro que tu mamá lo entenderá.

Eras muy joven aún y no podías entender muchas cosas.

Es parte de la vida.

Yo tampoco entendía la sobreprotección y el miedo de mis padres a que pudiera pasarme algo.

Pero ellos sin darse cuenta me herían teniéndome encerrado en casa.

A veces pensamos que por cuidar a nuestros hijos, le hacemos un bien, cuando realmente debemos dejarlos libres para que tengan su propio vuelo.

—Sí, pero la herí.

No sabes como me arrepiento de haberle dicho todas las cosas que venían a mi cabeza producto de mi frustración y mi inmadurez.

Fue cruel e injusta con ella, cuando ella misma tenía que lidiar con su enfermedad y con miincomprensión.

Rómulo la acercó hacia él rodeándola con su brazo derecho, mientras llevaba el volante con la izquierda.

Ella se refugió en su pecho, se sentía tan bien a su lado en ese momento.

Él aparcó el auto en una tramo de tierra y ella levantó la mirada, el pelirrubio acarició su rostro quitando el mechón que caía en su mejilla y llevándolo hacia la parte de atrás de su oreja.

—Eres hermosa Gralisa —sus labios se unieron en un beso tierno.

Ella se recuesta de la puerta y él reposa su cabeza en su hombro mientras contemplan el cielo estrellado.

—El cielo es inmenso ¿no crees?

—preguntó ella.

—Es infinito —respondió él.

—Somos como hormigas frente a cada una de esas estrellas.

—ella lo mira fijamente y Rómulo, le sonríe.

—Por eso debemos disfrutar de este y cada uno de los momentos que la vida nos da, al máximo.

Mira las estrellas, a veces están allí, aparecen y luego desaparecen, es un regalo de la naturaleza y del universo poder vivir estos instantes maravillosos y perfectos, y sobre todo estar compartirlos con alguien especial como tú.

La pareja comenzaba a sentirse conectados y sus sexos ansiosos de poseerse.

Ella se giró hacia él, dejando uno de sus muslos sobre el asiento.

Rómulo tomó su pierna, la levantó y la colocó sobre su hombro derecho, mientras con sus manos, acariciaba y apretaba suavemente los pechos de Gralisa, quien gemía de placer al sentir sus caricias.

Sus labios buscaron los de ellas con ansiedad, y en apenas segundos, sus lenguas se movían una dentro de la boca del otro, para Rómulo era una tentación tener cerca a la pelicastaña y no follar con ella.

La besó apasionadamente, mientras se contoneaba rozando con su falo, la vulva de Gralisa que empezaba a humedecerse y a arder de ganas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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