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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 61

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61: Capítulo 61 61: Capítulo 61 Un plan perverso Al amanecer, cuando finalmente Gralisa despertó, el coche de Rómulo estaba aparcado frente a un lujoso Chalet.

Ella se incorporó un tanto desorientada al ver aquello.

No era allí que estaban cuando follaron toda la noche, cuando volteó a su lado, estaba Rómulo mirándola con ternura y aguardando para tomarla en brazos, sacarla del coche y llevarla dentro de aquel hermoso lugar.

—Ven, vamos.

Quiero que conozcas este hermoso lugar.

Era de mi abuela y ahora me pertenece, ella me lo heredó.

Ella se dejó tomar entre los fuertes brazos de su ángel y el caminó con ella en brazos hasta la construcción hecha de madera.

Tenía una forma triangular en la parte superior con forma de pirámide, los grandes ventanales dejaban ver que la habitación estaba ubicada en la parte alta de la casa.

Él abrió la puerta y entró con ella, Gralisa escaneó el lugar con la mirada sin pestañear, aquel lugar estaba lujosamente decorado con obras de arte pictórico, las lámparas labradas en bronce y con adornos de cristal daban un toque antiguo y sofisticado al salón principal.

Rómulo colocó a Gralisa de pie, ella seguía atontada, girando para todos lados y detallando el espacio acogedor y fresco del Chalet.

—Supongo por el brillo de tu mirar que te ha gustado.

—comentó él.

—¿Qué si me ha gustado?

Me ha fascinado, estoy flipando… Es hermoso y acogedor.

Se nota que tu abuela tenía muy buen gusto para la decoración.

—respondió ella con emoción.

Estaba fascinada con aquel lugar.

—Sí, realmente sí.

Este lugar me trae tantos recuerdos —suspiró él con cierta melancolía.— Lo bueno de todo es que está lejos del bullicio y poca gente sabe como llegar hasta acá.

—se acercó a Gralisa y la rodeó por la cintura con sus manos.— Lo cierto de todo es que quiero estar a solas contigo sin que nadie nos moleste.

Rómulo besó sus labios con ternura y ella enlazó sus manos en el cuello del pelirrubio.

—Si deseas, puedes ir y ducharte.

Yo iré al otro lado donde está la mansión.

Allí se cultivan verduras y frutas frescas.

Iré por algunas para comer.

—¿Irás solo?

—preguntó ella, quien parecía no querer quedarse sola.

—Sí, no tienes nada de que preocuparte.

Nadie sabe que estamos aquí.

En la mansión hay algunos empleados que se encargan de cuidar todo lo que hay allí.

De todas formas, si alguien llega a venir, no le abras la puerta, ¿entendido?

Recuerda que no traje a mis guardaespaldas.

Nadie, excepto algunos de los colegas del laboratorio saben que estoy aquí ¿vale?

—ella asintió tras oír la advertencia de Rómulo.

—Pero, no conozco la casa ¿Dónde está el baño?

—preguntó ella encogiéndose de hombros.

—Bien, te la muestro.

Ven —tendió su mano y ella la tomó.

Recorrieron el lugar, y él le mostró cada uno de los espacios de la casa, excepto la parte alta.

—En la parte de arriba está la habitación, pues acostarte y descansar.

—Quiero verla, acompáñame —tiró de su brazo.

—No, no es conveniente que suba.

—¿Por qué?

—preguntó con curiosidad.

—Si subo contigo a la habitación, no voy a querer salir de allí.

—le dio un guiño.

—¿Eso qué tiene de malo?

—respondió ella con picardía.

—Que moriríamos de hambre porque no dejaría de follarte día y noche.

Sabes como me pones cuando te tengo cerca —subió y bajó su pelvis restregando su polla del coño de Gralisa.

Ella jadeó al sentir su falo que rápidamente comenzaba a ponerse duro.

—Sería una muerte genial —bromeó ella, colocando sus manos sobre las nalgas de Rómulo e impulsando su cadera para presionarlo contra su coño.— Bien, como quieras iré a ducharme, quizás cuando regreses podamos estrenar la habitación —se giró de espaldas a él y Rómulo le dio una nalgada, ella volteó y mordió su labio inferior de firma provocativa.

El pelirrubio, sintió ganas de quedarse y coger con ella nuevamente, pero debía buscar algo de comer, ya luego podría pasar el resto de la tarde, la noche y el día siguiente con su pinga dentro de ella.

—No olvides cerrar bien y no le abras a nadie.

Descansa que cuando regrese quiero colocar cada una de las zarzamoras que traiga sobre tu cuerpo y comerlas sin usar mis manos —comentó él, en tono seductor.

Gralisa sintió que su vagina comenzaba a contraerse sólo con la idea de pensar en sentir los labios de Rómulo hurgando en su coño y dándole el más exquisito placer.

Rómulo salió, ella pasó el cerrojo de la puerta y fue a ducharse, se desvistió y se metió en la tina, mientras tarareaba una canción.

Gralisa creyó escuchar que el timbre de la puerta sonó, hizo silencio, no escuchó nada y volvió a cantar con mayor fuerza.

Después de algunos minutos, salió de la tina, tomó la toalla y se cubrió con ella, uno de los trucos de belleza para cuidarse la piel ¡ue aprendió en un turorial, era el de no secarse su cuerpo con la toalla, sino dejar que la piel se secara por su propia cuenta.

Regresó a la cocina, para ver que podía encontrar para comer, estaba hambrienta desde que cenó con Rómulo en el laboratorio la noche anterior.

Abrió el refrigerador y no encontró nada apetecible.

Revisó los armarios y justo en ese instante volvió a escuchar el timbre de la puerta.

Esta vez estaba segura de que había sonado.

Gralisa se acercó a la puerta con cierta desconfianza, se asomó por el timbre visible y vio que del otro lado se encontraba la ayudante de Rómulo.

En ese momento, Gralisa sintió un poco de vergüenza, al recordar que la mujer pudo haberla escuchado gritar cuando estaba cogiendo con Rómulo en la oficina del laboratorio.

Siguiendo las instrucciones de él, le preguntó a la asistente el porqué de su visita.

—¡Rómulo está de vacaciones!

¿A qué has venido?

—preguntó.

—Es que se nos ha presentado un inconveniente en el laboratorio y necesitamos que él vaya hasta el instituto.

—¡Aguarda!

Voy a llamarle y le diré que regrese.

—Gralisa tomó su móvil y comenzó a llamarlo, pero no recibió respuesta de Rómulo.

Intentó un par de veces más y finalmente desistió.

Colocó su mano sobre el picaporte de la puerta para abrirla, pero se detuvo al recordar las palabras de Rómulo diciéndole que no abriera a nadie desconocido.

Mas, ella conocía a su ayudante y si tenía Rómulo que ir al laboratorio, lo más lógico era que la rubia lo esperara.

Notó entonces, cierto nerviosismo y ansiedad en la mujer, por lo que sin dudarlo le abrió la puerta, además de ello, la mujer estaba sola y no venía acompañada.

Abrió la puerta, y la chica le pidió un vaso con agua.

—Puedes pasar, si quieres —le ofreció Gralisa y la mujer le agradeció con una sonrisa—.

¡Siéntate!

—No te preocupes, así estoy bien.

¿Me darías un poco de agua?

—pregunto, Gralisa asintió— es que vengo sedienta.

—Sí, sí.

Ya te lo busco.

Gralisa se giró de espaldas a ella y fue hasta la cocina, abrió el armario para tomar un vaso.

Sólo sintió un paño húmedo cubriendo su boca y su nariz, dejó caer el vaso de vidrio y se desmayó antes de poder siquiera defenderse de aquella mujer…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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