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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 62

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62: Capítulo 62 62: Capítulo 62 ¡¿Secuestrada?!

Gralisa recuperó el conocimiento, intentó ver donde estaba, pero fue imposible, tenía los ojos vendados, por lo cual no podía ver el lugar donde se encontraba.

Tampoco podía saber que se había hecho la asistente de Rómulo.

¿La asistente?

Se preguntó, recordó entonces lo que había ocurrido en el Chalet: la mujer había estado buscando a Rómulo y le había pedido agua y fue allí que todo se quedó nublado y perdió el conocimiento.

¿Pero dónde estaba?

Aunque pudo ver que no estaba maniatada, ni tampoco llevaba cuerdas sujetando sus tobillos, como usualmente había visto en las filmes de terror, había sido secuestrada.

Levantó sus manos para quitarse la venda de los ojos y sintió que no tenía fuerzas para moverse.

Lo único que podía sentir era la tela suave y fría sobre la que se encontraba tendida.

Recordó el pañuelo húmedo con el que cubrieron su boca y su nariz lo que le hizo perder el conocimiento.

“Tal vez fue esa tela con la que me taparon la boca y la nariz, lo que me tiene tan débil” pensó ella, tratando de dar respuesta al sin número de preguntas que iban y venían en su aturdida cabeza.

Lo que no podía entender eran las razones por las cuáles la habían secuestrado y por qué la asistente de Rómulo había hecho eso.

Si era por dinero, no tenía sentido, ella no tenía ni un peso.

De pronto, Gralisa oyó una conversación, reconoció la voz distante y vaga de Laura, la ayudante de Rómulo pero junto a ella, podía distinguir la voz ronca de un hombre.

—¿Lograste traerla sin que nadie te viera?

—preguntó el hombre.

—Por supuesto Hades, tuve que esperar a que el Dr Hessen saliera y la dejara sola para poder secuestrarla.

—explicó la rubia.

—Muy buen trabajo, Laura, muy buen trabajo.

—respondió el hombre desgonocido.— Ahora será sólo cuestión de esperar a que él regrese y vea que su musa desapareció.

Entonces será mi turno de pedirle que me entregue la fórmula de su experimento y chantajearlo con la vida de su amada.

—¿Estás seguro de que funcionará?

—pregunta Laura, ella sabía que su primer intento había sido fallido.

—Tiene que funcionar, Laura.

He estado durante meses esperando este momento para acabar con el prestigio de Rómulo Hessen y apoderarme de su ingenioso invento.

Además sabemos que está enamorado de la actriz.

—recalcó con su voz esa última frase.

—Sí, bueno eso sí —respondió la mujer.— La verdad que no entiendo que le ven —resongó.

Gralisa se quedó petrificada al escuchar la conversación y saber el porqué estaba allí.

Pero ¿quién era ese hombre que acompañaba a la ayudante de Rómulo?

¿Por qué deseaba robar el trabajo de Rómulo y por qué su propia ayudante lo estaba traicionando?

Como si los captores la hubiesen escuchado mentalmente, la mujer respondió a su pregunta: —Recuerda que debes darme mi parte una vez que obtengas la fórmula para crear las armas y seamos millonarios, Hades.

—No te preocupes, cumpliré con mi parte.

Hiciste un buen trabajo, mereces que te dé lo que te corresponde.

Disfrutaría ver la cara de Rómulo cuando sepa que tengo en mi poder a su musa—la mujer se hacercó a Hades y acarició su pecho velludo con sus largas uñas.

—Estoy para servirle —dijo en un tono seductor, mientras él acarició sus nalgas y las apretó con fuerza.

Gralisa comenzó a temblar de miedo y preocupación, aquel plan era perverso.

Sabía todo el trabajo y esfuerzo que había invertido Rómulo para lograr aquel proyecto.

Ese pensamiento la condujo a una terrible verdad, pues sabía que Rómulo era un hombre recto y que sería capaz de todo por cuidar su proyecto.

Era posible, que incluso no permitiera aquel chantaje ¿Qué pasaría entonces con ella, si Rómulo no aceptaba el intercambio?

Él no pondría en riesgo a todo un país por protegerla a ella, por quedarse con ella, por más experta que ella fuese follando.

Si él, no la rescataba, ella moriría en aquel lugar, sin volver a ver a su madre, a Neves, a Edgar.

Nadie podría encontrarla, nadie.

Sintió ganas horribles de llorar, estaba perdida.

Las lágrimas no se hicieron esperar y se quebró por completo; de pronto oyó pasos que se hacercaban a donde ella estaba.

—Hola, Gralisa… que gustó volver a verte.

—dijo la voz ronca.

—¿Quién es usted?

¿Por qué me tiene aquí, en este lugar?

¿Qué es lo que quiere de mí?

—preguntó ella con desesperación.

—Tienes que calmarte, preciosa.

No te va a pasar nada… —hizo una pausa—.

Bueno, no si tú amante decide colaborar conmigo.

—agregó.

—No tiene derecho a traerme hasta aquí.

—gritó ella.

—Tengo sí, tengo el derecho de hacer lo que me convenga y lo que me conviene es ser el dueño de la fórmula que Rómulo tiene.

Con ello no sólo tendría mucho dinero, sino todo el poder.

Las lágrimas en el rostro de Gralisa no paraban de correr, el hombre se inclinó y deslizó sus dedos para limpiar las lágrimas de su rostro.

—No me toque, no vuelva a poner ni un solo dedo sobre mí.

—resongó Gralisa, apartando su rostro.

Al no poder ver el rostro de aquel hombre, no se percató de su siniestra sonrisa, ni notó cuando él se levantó para tomar una cuerda roja que estaba sobre la mesa del salón.

Gralisa sintió cuando con la cuerda comenzaron a atarla de forma erótica, aquello trajo a su mente el momento en que escenificó aquel rodaje de BDSM meses atrás en la compañía de AV.

¿Qué demonios estaba ocurriendo?

El hombre comenzó atando sus brazos en la parte de atrás de su espalda, haciendo un nudo de esposas, con la cual ató las muñecas juntas.

Tiró de la cuerda obligando a Gralisa a quedar de rodillas y usando el ballestrinque, ató sus manos y tobillos.

Hades acarició el cuerpo de Gralisa mientras la sujetaba, provocando que ella se erizara por completo, se colocó de frente a ella y con la punta de sus dedos presionó ambos pezones; la chica, gritó, aquel grito era una mezcla de dolor y placer.

Luego con su dedo acarició el coño de Gralisa, sintiendo satisfacción en su corazón al oír los gemidos que emitía la joven actriz, y ver las lágrimas que brotaban de sus ojos debido al miedo que estaba experimentando en ese preciso momento.

Aquel juego de sumisión y control lleva a Hades a un nivel de excitación superior, era estimulante para él ver como su esclava, temblaba de miedo y de impotencia.

Verla atada estimulaba el deseo de control de él, sobre su sumisa.

Hades se inclinó y lamió las lágrimas del rostro de Gralisa, lamió toda la superficie de sus mejillas.

Luego tomó un tarro de miel y lo vertió sobre su cuello y sus pechos, el liquido se deslizó por su cuerpo recorriendo su abdomen y llegando hasta su vulva.

Deslizó entonces su lengua por donde la miel iba descendiendo.

—¡Por favor, por favor, no me toques, suéltame!

—dijo Gralisa suplicante, pero Hades no contestó, apenas se limitó a lamer sus lágrimas dejando su rostro con una película espesa sobre sus mejillas…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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