El Juego de la seducción mortal - Capítulo 63
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63: Capítulo 63 63: Capítulo 63 ¿Síndrome de Estocolmo?
Cuando Gralisa pensó que aquel hombre finalmente se había detenido, sintió le untaba los pezones con miel.
Hades se inclinó, le sujetó uno de sus senos y mordisqueó con sus dientes, provocando un leve dolor en Gralisa, al mismo tiempo tensó las cuerdas tirando de ella, los pelos de la cuerda provocaron ardor y picazón en los senos turgentes de la pelicastaña.
La cuerda se incrustó en su rajada presionando su clítoris y haciendo que ella gritara de deseo.
La sensación de dolor y placer llevó instantáneamente a Gralisa a un inesperado orgasmo.
La pelicastaña sintió ganas terribles de llorar, no entendía como siendo objeto de abuso sexual en manos de aquel hombre, ella podía excitarse y lograr tener un orgasmo placentero.
Las habilidades de ese hombre eran realmente buenas, pensó; mientras enjugaba el dolor y la vergüenza, en su llanto.
Hades no podía notar el sufrimiento de Gralisa, ni mucho menos su temor.
El sólo deseaba poseerla como otras tantas veces en el set de grabación.
Sí, él era el hombre sin rostro con el que ella tuvo que rodar las escenas de BDSM, sólo que la actriz nunca llegó a ver su rostro, y no podía imaginarse de quien se trataba.
El hombre de rostro triste que ella vio en la plaza meses atrás, no era sino un demonio con rostro de ángel.
Un hombre cuyo interés era obtener placer y satisfacer sus ganas a costa se lo que fuera.
Amasó los pechos de Gralisa, observando como de sus labios trémulos salían sonidos excitantes de placer, suspiros y gemidos controlados por el deseo incontenible que le provocaban aquellas caricias sadomasoquistas.
Hades se incorporó un poco, lo suficiente como para que su miembro erecto quedara frente al pecho de Gralisa, y sujetándole ambos senos se masturbó para luego depositar sobre su boca el semen tibio que salía de su polla, chorrando el rostro, los labios y el pecho de la joven actriz… Aquella imagen lo llevó a un nivel más elevado de deseo.
Una mueca de sonrisa malvada se dibujó en su rostro.
Él placer de ver subyugada a sus antojos a la hermosa chica, aumentaba su ego.
Apoyó una de sus rodillas en la cama, y con sus dedos separó los labios de la chica, buscó su clítoris, y comenzó a frotarlo, mientras su dedo medio se introducía en el coño húmedo y ardiente de Gralisa.
Metió su dedo varias veces y lo movió hábilmente dentro de su coño.
Estimulando con cada movimiento las terminaciones nerviosas de su cavidad vaginal.
Sus movimientos iban acelerando en la medida que venía los gestos de placer de Gralisa y sus gemidos escapaban involuntariamente de sus labios superiores.
—¡Que rico coño tienes!
—bisbiseó junto a su rostro.— Me fascina ver como salen de tu interior esos exquisitos fluidos.
—¡Ahhh!
—gimió ella y movió ligeramente su pelvis.
—Te gusta follar Gralisa, sé que esto te encanta, porque eres caliente… La sensación de humedad en la vagina de Gralisa, excitó a Hades, quien deseaba penetrarla con su polla.
Mas, era algo que no podía hacer, ella reconocería quien era y deseaba mantener su identidad hasta tanto no apareciera Rómulo, por eso la mantuvo vendada durante el tiempo que estuvo frente a ella.
Ansioso y ocioso, metió ahora dos de sus dedos (índice y medio) en la vagina de la chica, penetrándola varias veces, moviendo sus dedos en distintos sentidos dentro de su coño.
—Anda, muévete, imagina que es mi pinga y deseas tragártelo entero.
Las palabras del extraño, excitan a Gralisa, quien como puede se contonea con cierta dificultad, ya que la cuerda le impide moverse como desearía hacerlo.
—Eso, así.
Mueve ese coño, Gralisa, muévete… repite la orden mientras él acelera el movimiento de sus dedos entrando y saliendo del coño de la pelicastaña.
Gralisa se contonea y gime con vehemencia, quiere esa polla dentro de su coño.
Aunque en su mente se debate entre el ser y el deber ser, ella disfruta de aquel oscuro deseo; le gustaba todo aquello.
Su lado racional le dice que es algo perverso, pero en su lado irracional, lo que siente es fascinante y rico… Gralisa alcanza su segundo orgasmo en las manos pervertidas de su raptor.
¿Era aquello una especie de enfermedad mental?
Ella había oído hablar del Síndrome de Estocolmo, en el cual la víctima desarrolla un afecto positivo por la persona que le mantiene cautiva o abusa de ella.
Esa era la única razón lógica para poder darle una explicación a lo que estaba sintiendo y viviendo en ese preciso momento.
Había logrado correrse dos veces con la estimulación fálica de su raptor.
Aquello sonaría atroz en otro contexto, pero para la chica estaba siendo simplemente una alucinante experiencia sexual.
Hades miró el rostro de Gralisa, por cuyas mejillas descendían sus lágrimas.
Acercó sus labios a su oido y con voz suave y ronca susurró: —Querida, te tengo.
Eres mía y la próxima vez que nos veamos quiero meter mi polla en tu vientre y llenarte de mi exquisita miel.
—acarició el rostro de la chica— ¡Estoy ansioso y deseando que llegue ese divino momento… Gralisa permanece muda, ante aquel panorama de incertidumbre para ella.
Pronto Hades, comenzó a desatarle las manos y los pies, aprovechando su debilidad y aturdimiento.
La actriz se sentía tan perturbada emocionalmente que no recuerda nada más, se quedó tendida sobre la suave sábana de seda hasta caer en un profundo letargo.
Del otro lado de la habitación y desde las cámaras de vigilancia, Laura observa con enojo las escenas eróticas y sexuales entre Hades y la actriz porno.
Los celos la llenan de rabia, no puede entender por qué todos los hombres que rodean a aquella mujer quieren follar con ella.
Gralisa a su parecer, no sólo era simple y poco exuberante, pero su coño tenía una especie de imán para atraer las pollas que ella misma no había logrado saborear del todo, la de su jefe, Rómulo y la de Hades, su cómplice.
—Perra, ¿qué es lo que tienes que tienes flipando a estos gilipollas?
La puerta se abre y Hades entra, Laura se levanta para recibirlo.
Él tira de sus cabellos, y la recuesta sobre el escritorio, le sube las faldas hasta las caderas, corre con una de sus manos a un lado la pantie que le estorba para su firme objetivo; coloca su pinga dentro de su coño y la embiste una y otra vez, ansioso de quitarse los espasmos que tuvo mientras masturbaba a Gralisa.
—No me toques, Hades —esgrime ella, tratando de zafarse de él.
—¿Me vas a decir que no te excitaste viéndome actuar desde aquí?
—ella voltea a verlo, lo mira y muerde su labio provocativamente.
Hades se aferra a sus caderas con ambas manos, mete su polla en el coño de Laura quien está muy mojada, lo cual confirma la hipótesis de él.
El mafioso, la penetra una y otra vez, imaginando que es Gralisa a quien tiene frente a él, jadea y termina liberando toda la excitación que provocó la actriz minutos atrás, saca su pene y riega los glúteos blancos y redondeados de su cómplice…
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