El Juego de la seducción mortal - Capítulo 64
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64: Capítulo 64 64: Capítulo 64 Intentando huir Rómulo regresó al Chalet, entró emocionado con una cesta de verduras y frutas frescas para su musa.
—Gralisa —gritó desde abajo— Ya estoy de vuelta —dijo, pensando en que tal vez estaba en la habitación.
Dejó la cesta sobre la mesa y subió a buscarla.
Al ver la cama tendida, supo de inmediato que ella no había estado en la habitación, recorrió la casa y regresó a la sala principal.
Un extraño presentimiento le hizo estremecer.
Vio entonces en el piso, el vaso de vidrio hecho pedazos y la madera aún húmeda.
—¿Dónde estás Gralisa?
—se pregunta con preocupación.
A diferencia de la primera vez que ella desapareció, él pudo dar fácilmente con ella, ya que todos en el pueblo lo conocían y vieron cuando subió al auto de Edgar, pero en aquel lugar, en el chalet era muy difícil, por no decir imposible, que alguien pudiera ubicarlos.
—Si algo te ocurre, no podré perdonarme jamás.
¡Joder!
No debí dejarte sola —golpea la mesa con impotencia.
Rómulo trata de calmarse y pensar con sangre fría, ve el móvil de Gralisa, intenta acceder pero está bloqueado.
Mas para un físico como él, desbloquear un móvil resulta más fácil que quitarle un caramelo a un niño de la boca.
Logra desbloquearlo y revisa sus mensajes, no tiene ningún mensaje de Edgar o de Neves, lo cual provoca mayor angustia y desesperación en Rómulo.
Revisa la lista de llamadas, y ve que ella lo estuvo llamando hace varias horas atrás.
Busca en su chaqueta, recuerda que el móvil estaba en su coche.
Sale apresuradamente, revisa en las puertas, en el piso y de pronto nota un dispositivo colocado debajo de la guantera de su auto.
—¡Joder!
¿Qué mierda es está?
Su peor pesadilla parece hacerse realidad.
¿Alguien había estado siguiéndolo?
¿Habían secuestrado a Gralisa?
Gralisa despertó aturdida, notó que ya no estaba maniatada, inclusive se sentía con un poco más de energía.
Lo primero que pensó fue en quitarse la venda para saber donde estaba y ver si tenía oportunidad de huir de aquel lugar.
Al abrir los ojos, percibió que estaba en un almacén abandonado, habian varias mesas desordenadas y baldosas rotas.
¿Qué lugar tan horrible era ese?
Se pregunta Gralisa.
Era obvio que la trasladaron mientras dormía.
Aunque estuvo vendada en el otro lugar y no pudo ver nada, percibió que había estado en una habitación, sobre una cama.
—Me han traído a otro lugar.
Estoy segura que debí estar en la habitación de ese hombre —murmura Gralisa.
No era tan despistada como para ni sentir la suavidad del lugar donde estuvo tumbada varias horas.
El miedo invade a Gralisa, aunque intente no puede negar que teme por su vida.
Rómulo no había aparecido, ni ido por ella ¿Acaso la había abandonado y no le importaba su futuro?
Todas las preguntas se agolpan en su cabeza.
Lo otro en lo que no deja de pensar es en cómo aquel hombre la violó, su deseo de dominarlaz de controlarla y humillarla parecía alegrarle y hacerlo sentir satisfecho.
Gralisa lloró, le suplicó y él nunca mostró la mínima compasión por ella.
¿Quién era aquel ser tan perverso y despiadado, y por qué precisamente con ella?
Repentinamente vino a ella la sensación de asco y repulsión cuando luego de él frotar su pene en sus labios, introdujo sus dedos humedos, llenos de sus fluidos seminales y los metió dentro de su boca para luego obligarla a lamer y tragar su esperma.
De pronto, la puerta del almacén se abrió, Gralisa dio varios pasos en retroversa, chocando contra una de las mesas, el pánico la invadió de inmediato y comenzó a temblar.
Laura entró y le preguntó quién era realmente y por qué había traicionado a su propio país.
—¿Quién eres?
¿Por qué me trajiste hasta aquí?
—Preguntas demasiado, puta.
Pero sólo voy a contestar una sola de tus preguntas, y eso porque quiero que cuando esté acabando contigo me llames por mi nombre y me supliques.
Soy Laura.
—se acercó y tiró del cabello de Gralisa.— Veo que disfrutas de follar con todo el que se te ponga en frente.
—¿De qué hablas?
Suéltame.
—Del Dr Hessen y de mi cómplice.
Eres una maldita puta barata.
—espetó mientras la empujaba contra la mesa.
Laura estaba enardecida, odiaba a la actriz, no sólo había conquistado a Rómulo sino que Hades parecía estar hipnotizado por ella.
—Suéltame —dijo Gralisa intentando zafarse de su agarre, pero ella tiró con mayor rabia de sus cabellos, provocando dolor en Gralisa.
—¡Auch!
Laura era una mujer preparada no sólo físicamente sino psicológicamente por lo que tomó a Gralisa de uno de sus brazos y la obligó a girarse de espaldas a ella, tomó la cuerda y volvió a atarla de ambas manos.
Luego continuó atándola de los pies.
Después de dejarla acostada sobre una de las mesas salió del almacen dejándola sola nuevamente.
Cuando Gralisa vio que ya habían pasado algunos minutos, buscó la manera de levantarse de la mesa y agacharse para poder recoger del piso un trozo de cerámica, pero terminó cayendo de nalgas y lastimándose.
—¡Mierda!
—murmuró— Tengo que salir de este lugar, no puedo morir aquí, no.
Como pudo, apoyándose de su brazo e impulsándose hacia arriba, logró sentarse y tomar el trozo de baldosa con el cual trató de cortar las cuerdas para liberar sus manos.
Resultaba bastante difícil para Gralisa cortar con precisión la soga, no veía donde estaba cortando y al mover sus manos, se lastimaba con la soga.
Pero, aquella era la única oportunidad que tenía para escapar de ese lugar y pedir ayuda.
Gralisa escuchó los pasos, se levantó arrodillándose y volvió a recostarse de la mesa.
Nuevamente Laura apareció frente a ella minutos después.
Al notar el silencio de la actriz, se acercó a ella.
Le pareció sospechoso que luego de haberla humillado ella no estuviese llorando.
El corazón de Gralisa comenzó a latir fuertemente, no podía dejar que Laura notara que estaba intentando soltarse para escapar.
Eso sería el fin para ella.
A cada paso que Laura daba, Gralisa sentía que su corazón iba a estallar.
“Dios… que no te cojan” pensó Gralisa…
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