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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 66

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66: Capítulo 66 66: Capítulo 66 ¡Una decisión fatal” Gralisa comenzó a llorar desesperada.

No podía creer que Rómulo estuviese muerto.

No sólo sus posibilidades de salir de allí se esfumaban sino que él, su ángel había muerto.

La puerta sonó en ese preciso instante, Laura caminó rumbo a la entrada principal.

Gralisa no quería abrir y los ojos y comprobar aquella terrible verdad.

Laura se acercó a ella y en tono burlón dijo: —Ahí viene tu ángel, el doctor Rómulo, ¿va a cambiar su proyecto de investigación por ti?

—levantó su ceja izquierda y en tono sarcástico agregó:— Me gustaría mucho saber la respuesta.

Sólo en ese momento, Gralisa sintió que el alma le había vuelto al cuerpo.

Abrió sus ojos y vio a lo lejos a los hombres que se acercaban hasta donde estaba ella.

Aunque estuvo a punto de ser descubierta, al mismo tiempo, su corazón se llenó de emoción al reconocer a Rómulo.

Él no la había dejado sola, había ido por ella.

“Dios, gracias” dijo en su mente.

No se habría perdonado nunca si por su culpa Rómulo hubiese sido herido o hubiese muerto, sólo por rescatarla.

Aquello que él acababa de hacer, exponer su propia vida por ella, decía lo mucho que le importaba al físico.

Laura venía delante y a su lado, miembros armados de la organización mafiosa a la que ella pertenecía.

Detrás de ella, venía Rómulo custodiado por dos otros dos miembros apuntándole con una pistola.

—¡Rómulo!

—gritó Gralisa con desesperación.

Estaba vivo, sí lo estaba.

Laura hizo una seña y los escoltas se detuvieron a unos cuantos metros de donde estaba Gralisa.

A pesar de lo que estaba ocurriendo ella no desistía, necesitaba soltarse y ayudar a Rómulo.

La rubia miró a Rómulo frente a frente y deslizó su dedo desde el hombro hasta el antebrazo de su antiguo jefe.

—Nos volvemos a ver, “Jefe” —dijo en tono sarcástico.— ¿Pensaste que nos sorprenderías?

—masculló.— Pues te equivocaste, te estábamos esperando con ansias… Rómulo la miró con desprecio y repulsión, para él la rubia era detestable, había sido capaz de traicionar a su propio país.

—¡Lanza el arma al suelo!

—le ordenó, Laura.

Rómulo apretó con fuerza sus puños, se sentía impotente en ese momento.

Aún así, se vió obligado a obedecer sus órdenes.

No podía poner en riesgo la vida de Gralisa.

Tomó el arma y la lanzó en dirección a la mesa donde estaba Gralisa.— ¡Muy bien, doctor!

Ahora entrégueme la memoria USB donde tiene guardada la información sobre su investigación.

Quiero comprobar que no me está mintiendo.

La estupidez que intentó hacer minutos atrás me ha decepcionado.

Pudo haber recibido un disparo fatal y hubiese sido una lástima, realmente y ahora amentablemente ya no es digno de nuestra confianza.

—¡Eres una sabandija!

—espetó Rómulo.

—Que mala opinión tiene de mí, doctor.

Pero puede ahorrarse sus halagos, porque ahora lo tengo en mi poder.

—extendió la mano y volvió a repetirle en tono fuerte— Deme el dispositivo.

—Deja a Gralisa fuera de esto, Laura.

Ella no tiene nada que ver esta situación.

Déjala ir, por favor —dijo Rómulo a su ayudante, en tono suplicante.

Mas, él no se imagina el odio que siente la rubia por Gralisa.

Gralisa negó com su cabeza, no podía dejar que Rómulo entregara aquel pendrive donde estaba registrada toda la investigación en la que su compañero llevaba años y meses trabajando.

Al verla a los ojos, las lágrimas afloraron y se deslizaron por el rostro de la chica.

Rómulo sintió que el alma le dolía al ver aquella expresión en el rostro de ella.

Él no era capaz de verla sufrir y menos por su causa.

Se había prometido a sí mismo cuidarla y nunca hacerle daño.

Realmente lo que el pelirrubio sentía por ella, era muy especial.

—No llores Gralisa… —ella levantó la mirada, pero sus lágrimas no dejaban de caer en sus mejillas—.

Tú eres lo único importante para mí en este momento, nada me importa más que saber que estás bien.

—dijo sonriéndole.

—Es la última vez que se lo repito, entrégueme el pendrive —Rómulo metió la mano dentro de su bolsillo y se lo entregó— Todo lo que usted tardó años en descubrir, yo apenas en un par de horas lo conseguí.

Caminó hacia el escritorio donde estaba la laptop e instaló el pendrive.

Rómulo intentando ganar tiempo, quiso distraer a la rubia.

—Por favor, Laura déjala ir, te lo suplico.

—¡No, no mi doctor.

Eso es imposible.

Ella no saldrá de aquí hasta que yo no compruebe que estos archivos son realmente los que le pedí… Si descubro alguna estupidez de su parte, su querida amante, va a pagar las consecuencias.

—le advirtió con una sonrisa.

—Rómulo no lo hagas —le pidió Gralisa.

—Tengo que hacerlo, mi amor.

Por ti —respondió él con los ojos brillosos.

—No lo hagas —dijo entre sollozos.

La estruendosa risa de Laura, interrumpió la escena.

—Gracias, doctor.

Es usted realmente un excelente cliente.

—volteó a verlo—.

Por lo visto cumplió con su parte.

A pesar de sus dolor y de las lágrimas descendiendo por sus mejillas, Gralisa continuó cortando la cuerda con el trozo de baldosa.

Las palabras de Rómulo parecían haberle dado fuerza.

Movía ahora con más precisión su mano, incluso llegó a rasguñarse con el filo de la baldosa.

Pero su deseo de liberarse era más fuerte que su dolor fisico.

La cuerda estaba cada vez más próxima a reventarse.

Su corazón latía con mayor fuerza, el dolor de sus dedos y muñecas parecían haber desaparecido de repente; la chica estaba decidida a salir de aquel lugar con su ángel Miraba a todos lados, viendo las posibilidades y oportunidades que necesitaba para huir de aquel lugar y recuperar la memoria USB.

Su cabeza trabajaba tan rápido como sus manos, la adrenalina se apoderaba por completo de ella, generando una fuerza de voluntad y supervivencia que nunca creyó tener.

En tanto, la rubia verificaba archivo por archivo que la información que estaba grabada en aquel pendrive era realmente la verdadera.

Los archivos comenzaron a aparecer uno a uno, la rubia se estaba sintiéndose ufana, segura de su triunfo; finalmente lograría tener la fórmula para crear las armas más potentes del mundo y gobernar el país y el mundo entero.

Gralisa ya llevaba adelantado su objetivo para liberarse, la cuerda terminó de reventarse por completo.

Ahora que estaba libre para moverse, debía actuar sin correr el riesgo de ser descubierta; su vida y la de Rómulo dependían de ella.

El menor error que cometiera sería el fin para ambos.

Al ver que la rubia y los escoltas estaban ocupados mirando la pantalla del ordenador, Gralisa sigilosamente se levantó de la mesa, se acercó al arma que Rómulo había dejado caer a pocos metros de ella y en un único movimiento rápido la tomó del suelo.

Accidentalmente y sin darse cuenta apretó el gatillo, la bala salió disparada al aire.

La pelicastaña nunca había disparado un arma en su vida.

El disparo llamó la atención de todos, los escoltas se voltearon rápidamente hacia ella y apuntaron directamente a su cabeza, con intenciones de dispararle.

Rómulo se sorprendió al ver la osadía de Gralisa; lleno de emoción, nervioso y asustado le gritó a su chica: —¡Gralisa, agáchate!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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