El Juego de la seducción mortal - Capítulo 67
- Inicio
- Todas las novelas
- El Juego de la seducción mortal
- Capítulo 67 - 67 Capítulo 67
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
67: Capítulo 67 67: Capítulo 67 Una juramento de cuidado Gralisa estaba aterrada cuando miró todas las armas apuntándole, “voy a morir” pensó en ese momento.
Pero contrario a lo que ella pensó, los hombres no dispararon, uno de ellos, se acercó y le quitó el arma que sostenía en su mano.
Rómulo y ella, estaban sorprendidos.
Aquella acción pudo haberla causado la muerte.
Sin embargo, Hades quién miraba desde su oficina lo que ocurría en el galpón, se sorprendió al ver la valentía de la actriz; ella se había arriesgado de aquella manera, para ayudar a Rómulo.
—¡Mierda!
—exclamó e inmediatamente ordenó a sus guardianes, a través de los auriculares inalámbricos, no dispararle a la chica.— ¡Alto, no disparen!
Ella no puede salir herida.
Ya tenemos lo que necesitamos.
Déjenlos ir a ambos.
Para Hades lo único importante era obtener la información, no ver morir a la actriz.
Tras la orden de su jefe los hombres salieron del lugar.
Laura quedó atónita al oír las órdenes de su cómplice, y aunque deseaba acabar con la actriz, tuvo que obedecerle.
Mas, no se marcharía sin decirle cuanto la odiaba.
Se hacercó a donde estaba Gralisa y le lanzó una bofetada, cruzándole el rostro con su mano.
—¡Maldita perra!
—espetó.
Pero en ese instante, tanto Rómulo frente a ella, como Hades desde su oficina le gritaron: —¡Detente!
Laura estaba enojada, y llena de celos.
No soportaba que Gralisa se saliera con la suya.
—Te dije que los dejes ya, Laura —le ordenó por segunda vez Hades a través del auricular.
Laura tomó a Gralisa del brazo con fuerza y se la entregó a Rómulo.
—Siempre me tomaste el pelo, pero al final tuviste que darme toda tu investigación.
—Sonrió con malicia, luego miró a Gralisa de forma repulsiva y añadió:— Realmente no sé qué puede ofrecerte una mujer tan estúpida como esta.
—En mi opinión, eres la mujer más estúpida que he conocido.
Sólo eres una envidiosa que siente celos del talento y la valentía de los demás; —la rubia sintió que el rostro le ardía de la ira— llevas tres meses en el laboratorio, pero nunca has cumplido con tu deber de ayudante; los papeles tirados a la trituradora en el suelo de mi mesa son todos los archivos sobre mi investigación de una nueva arma, pero nunca los has leído —replicó Rómulo.
Laura se quedó petrificada con aquellas palabras, tuvo frente a su propia cara, la información de la investigación de Rómulo y nunca se percató de ello.
De haberlo sabido, le habría entregado la información a Hades y él no hubiese secuestrado a la ramera de Gralisa.
Todo era su culpa, realmente era una estúpida.
Le había puesto a la actriz en bandeja de plata a Hades, el único hombre¡que le importaba y a quien quería como a nadie, siempre estuvo enamorada de él, desde que entró a aquella organización secreta.
—Aunque se crea muy astuto, doctor, su inteligencia de nada le vale, porque la mujercita que lleva al lado es capaz de revolcarse con el primero que se le cruza por el frente.
—miró de pie a cabeza a Rómulo— Realmente siento pena por usted —espetó.
Rómulo miró a Gralisa, quien avergonzada volteó el rostro.
Ella había sentido placer con aquel hombre desconocido que la había ultrajado horas atrás.
—¿A qué se refiere?
—le preguntó, pero Gralisa no fue capaz se decir ni una palabra, estaba en las manos de aquella perversa mujer.
Aunque Rómulo sintió las palabras de su ex ayudante como una puñalada, tuvo que ocultar sus celos y su indignación.
¿Tenía razón Laura, Gralisa no valía la pena todo el esfuerzo que hizo por ella?
—Vamos mi amor —Rómulo rodeó con su brazo a Gralisa y caminaron hacia la entrada principal del almacén.
—¡Gracias por venir!
Pensé que no saldría de este lugar con vida —recostó su cabeza de su hombro.— Lamento que hayas tenido que entregar toda la información para poder rescatarme.
—ella levantó la mirada y él acarició sus cabellos.
—Nada es más importante para mí en este momento que tú.
—besó su frente y ella sintió un cosquilleo en su cuerpo—.
No te imaginas el miedo que sentí al pensar que podía ocurrirte algo.
No pienso dejarte sola nunca más.
Ante las palabras de Rómulo, Gralisa siente en su corazón que no está sola.
Que él, su ángel era capaz de protegerla y entregar lo más preciado para él –su investigación– sólo para salvarle la vida y protegerla de todo y de todos.
Él se detuvo y la levantó entre sus brazos.
—Tendremos que caminar un poco para llegar hasta mi auto, así que te llevaré cargada —ella se sujetó de su cuello y sonrió.
Rómulo era su ángel, su ángel salvador.
En tanto, Laura se quedó pensativa.
Recordó el momento en que intentó seducir a Hades cuando la actriz estaba maniatada en la habitación, para que no estuviera con ella, pero él la apartó abruptamente y le susurró al oído: “No te metas en esto o te puede ir muy mal.” Tanto Hades como Rómulo preferían defender a esa prostituta barata, antes que reconocer todo lo que ella hacía para ganar su atención.
Pero para Hades, Laura era apenas un objeto sexual que podía tomar y usar cuando se le antojase, y para Rómulo, sólo una estúpida e ignorante ayudante.
Ninguno de ellos, la valoraba como mujer, pero eso era algo que pronto ella se encargaría de hacerles pagar a ambos hombres.
Aunque tuviese que acabar con su propio plan y ser un daño colateral, Laura ni iba a permitir que ningún hombre se burlara de ella, aunque fuese lo último que hiciera en su vida.
—¿Por qué, por qué, por qué?
—se pregunta a sí misma llena de frustración y rabia ante su cruel realidad— ¡todo lo que claramente pertenece a Gralisa debería ser mío!
Ella tiene que desaparecer… Laura observó la espalda de Rómulo, mientras este se marchaba con Gralisa en brazos y pensó indignada: —¡Voy a destruir todo esto!
—gruñó apretando con fuerza sus puños.— Todos se van a arrepentir ¡Lo juro!…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com